Free Web space and hosting from 20megsfree.com
Search the Web

 

Ante la conspiración de silencio firmada por los partidos en el poder y los medios para ocultar la gravedad del problema de la inmigración, publicamos el capítulo 3 del Libro Negro de la Inmigración de León Klein.

 

¿Cuántos son? ¿De dónde vienen?


El 3 de enero de 2003, oficialmente, España contaba con 1.324.001 extranjeros regularizados, apenas 210.000 más que el año anterior. Las cifras acababan de ser dadas por el Secretario de Estado para la Extranjería y la Inmigración, Ignacio González. Las cifras tenían el objetivo de pasar desapercibidas. Apenas 200.000 inmigrantes más, no era algo exagerado. Y por lo demás, la cifra total era baja todavía. Pero había que precisar bastante sobre las cifras dadas por Ignacio González. En principio las cifras abarcaban solamente los seis primeros meses del año 2002, cuando las estadísticas ya estaban cerradas. Así pues si en 6 meses reales había existido un incremento de 210.000 inmigrantes legalizados, la cifra real para todo el año debería rondas los 410.000 inmigrantes legales. Y es importante tener presente la coletilla de “legales”, por que, de hecho, a pesar de lo que proclame el gobierno, da la sensación de que la mayoría de inmigrantes que entran en España lo hacen con visado turístico, agotado el cual, se quedan hasta obtener su regularización. De hecho, a pesar de lo establecido por la Ley de Extranjería un porcentaje muy bajo de inmigrantes no tramita su permiso de residencia y de trabajo en los consulados españoles de sus países de origen, sino en las oficinas de extranjería de los gobiernos civiles de nuestras provincias…

Y lamentablemente éste dato no está a disposición del público. No sabemos qué porcentaje de ilegales (sin que esta palabra sea peyorativa, sino que defina una categoría meramente administrativa) entran en España sobre el total de la inmigración. En consecuencia, no sabemos el número total de inmigrantes que viven en nuestro país. Ni lo podemos saber. Ni es posible que el gobierno lo sepa. Y es mucho más probable incluso que no quiera saberlo. Pero puede intuirse. De hecho, a pesar de que las cifras no aparezcan en la gran prensa, los rumores circulan. Los funcionarios que tienen acceso a los datos de extranjería y aduanas piensan, extrapolan sus datos parciales a la totalidad, y, por supuesto, opinan entre sus amigos, sus familiares. También hay datos facilitados por patronales de sectores concretos –como veremos- que disponen de datos igualmente parciales, pero significativos. Así mismo, de tanto en tanto, algún ayuntamiento hace públicos datos: unos por increíbles y otros por abultados, resultan igualmente significativos. Y, finalmente está la percepción que el ciudadano se forma cada día paseando por la calle y viendo la realidad que le circunda. Pónganse todos estos datos en una batidora, agítense, y se obtendrá una conclusión viscosa, opaca, turbia, pero extremadamente densa.

Conclusión: las cifras oficiales tienen poco que ver con las cifras reales. Probablemente no existen muchos más inmigrantes en nuestro país de lo que las estadísticas (más o menos maquilladas) registran, sino mucho más de los que podemos imaginar. Digámoslo ya: si puede deducirse con facilidad de la lectura de las estadísticas oficiales publicadas a principios del 2003 que el número de inmigrantes legales e ilegales es de 2.000.000, “muy probablemente” la cifra real está en torno a los 3.000.000 y “es posible” que llegue incluso a los 3.500.000 o 4.000.000. Y, desde luego, solo los portavoces del gobierno dudan de que a finales del 2003 se haya alcanzado esta cifra. Es decir, probablemente existe algo menos de un 10% de inmigrantes en España. Y no hay ningún motivo para pensar que esta cifra no deje de crecer en los próximos años. Todo lo contrario. Veamos como se ha llegado a estas cifras y analicemos algunos detalles sobre la composición de este flujo migratorio.

Las estadísticas oficiales del 2002 dicen que en España viven 500.000 extranjeros comunitarios. Se trata de estudiantes o más frecuentemente de jubilados ingleses y alemanes que se han ubicado en el Levante español, Baleares y Canarias, cobrando pensiones muy elevadas para nuestro país que les permiten un razonable nivel de vida. En algunas zonas han generado verdaderas “islas” y es presumible que en los próximos años, dado que son mayoría en algunos pueblos, terminen formando sus propias candidaturas municipales. Por lo demás pertenecen a la Unión Europea. Son europeos. Su cultura es europea. La distancia cultural, antropológica, su escala de valores, su mentalidad, no es muy diferente de la nuestra. La democracia ha contribuido a generar una escala similar de valores de convivencia perfectamente compatible –y, desde luego, enriquecedora- con las particularidades de origen. No es ese medio millón de comunitarios los que justifican este libro. Se sabe cuántos son, quiénes son y dónde están. Y se sabe por estadísticas, no por los conflictos de convivencia que puedan generar.

Luego están los inmigrantes procedentes de países no comunitarios. Dicen las estadísticas oficiales que Marruecos es el país que figura a la cabeza, con 263.174 inmigrantes (20,22%). No lo crean. La cifra es, sin duda, muy superior, posiblemente el doble. Y tampoco la cifra de ecuatorianos parece muy rigurosa; oficialmente son 132.628 (10,19%), pero si va usted un domingo por la tarde al madrileño Parque del Retiro es posible que intuya que la cifra real debe ser muy superior. Luego están 81.709 colombianos (6,28%), 42.578 chinos y 38.555 rumanos. Fueron ecuatorianos, colombianos y rumanos las comunidades extranjeras que más crecieron en el primer semestre del 2002: 67’75%, 56’59% y 56,32%, respectivamente.

¿Dónde se asientan? En Cataluña, oficialmente, había 238.190 (179.708 en Barcelona), 222.969 en Madrid, 88.534 en Andalucía (88.534). Esas mismas estadísticas afirman que es en Asturias (5.684), La Rioja (7.536), Cantabria (4.299), Melilla (1.903) y Ceuta (602) donde menos inmigrantes residen.

Un periodista independiente no puede disponer de datos suficientemente sólidos como para contestar estas cifras. Como máximo puede reunir testimonios que los cuestionen, pero se trata de funcionarios –algunos de ellos muy conocidos y, muchos muy alarmados- que no acceden a que se publique su nombre. Por ello, un periodista independiente que quiera analizar la inmigración tiene casi la obligación de apelar a la subjetividad acientífica y antiestadística. Apelo al lector. Hagan un esfuerzo de memoria. Recuerden su ciudad –especialmente si es una gran ciudad- hace ocho años. Usted iba por la calle y solo en algunos barrios y en algunos trabajos encontraba a inmigrantes. En 1995 apenas había ecuatorianos. Colombianos pocos. Argelinos menos ni siquiera habían llegado los clanes romanís. Había algunos marroquíes, polacos en Madrid. Incluso en Canarias había poca inmigración. Esta solamente era visible en Ceuta y Melilla. Además se trataba de una inmigración de paso: los pakistaníes y argelinos que llegaban a nuestro país iban de paso hacia Inglaterra y Francia respectivamente, no consideraban a España como destino final. Bien ¿ha recordado como era el paisaje de su ciudad en 1995? Compárelo con el actual: en el metro, en cualquier trabajo, en las calles, en barrios enteros, usted verá a más y más inmigrantes. No el triple ni el cuádruplo, sino una cantidad a todas luces absolutamente desproporcionada con la existente hace solo siete años.

En 1995 había 499.773 inmigrantes (8’20%), un años después habían entrado 39.211 y el incremento respecto al año anterior apenas había sido de un 7,40%. Al año siguiente el incremento había sido del 13’40% y del 18,01% en 1998, llegando a los 719.847 habitantes, una cifra que estaba en concordancia con la percepción que nos hacíamos en la calle. Se veían pocos inmigrantes y en total eran el 1’8% de la población. Podía ser, máxime si tenemos en cuenta que quizás la mitad fueran comunitarios. Pero ese año todo cambio. Al año siguiente, justo cuando la inmigración empezó a ser “visible” de manera masiva, el aumento de inmigrantes apenas era de un 11’35%, estableciéndose en 901.329. Oficialmente. Ese año -1999- murió Hassan II y, como si una mano que cerraba las fronteras hubiera desaparecido, bruscamente se produjo un aluvión de pateras como nunca antes de había visto. ¿Quiere comprobarlo? Revise la prensa de aquella época, especialmente a partir del segundo semestre del año: la inmigración pasa a ser noticia constante, la llegada de pateras que hasta entonces se había producido en goteo, pasa a ser un flujo continuo y creciente. Por lo demás, en Andalucía, Almería, Málaga, y las grandes ciudades, empezaban a observarse conflictos de convivencia y en Tarrasa y El Ejido empezaba a gestarse el caldo de cultivo que estallaría meses después. ¿Se empezaron a maquillar las cifras en aquella época? Lo ignoramos, solo podemos afirmar que, a partir de ese año, se percibe un desfase creciente entre lo que dicen las estadísticas y lo que se ve en la calle.

En el año 2000, el incremento oficial es del 11’78% y la inmigración registrada llega a 895.720 personas. El año siguiente el incremento experimenta un crecimiento espectacular: el 23’81% y el número total de inmigrantes se fija en 1.109.060 personas.

La inmigración es un fenómeno reciente. En 1990 apenas residían en todo el territorio nacional 278.796 extranjeros, de ellos, sólo una minoría 137.589, eran de procedencia no comunitaria. Todavía en 1995, la cifra de comunitarios seguía siendo sensiblemente superior a la de no comunitarios (294.726 frente a 205.047). Es precisamente 1999 –el año clave en el estallido de la inmigración en España- cuando se produjo el “surpaso” de no comunitarios sobre comunitarios. Ya eran 35.000 más (418.374 frente a 382.955).

La cuestión es por qué el gobierno intenta minimizar el problema de la inmigración ilegal. Resulta triste y ofensivo para los inmigrantes que las cifras que con más facilidad se disponen sobre empleos sean las de ANELA, la patronal de los “locales de alterne” que, cifran en 300.000 las prostitutas extranjeras que ejercen en nuestro país. Compárese esta cifra con la oficial de inmigrantes y se verá hasta qué punto es increíble. Por que, o la patronal de la prostitución ha hinchado sus cifras o las cifras oficiales están minimizadas.

La patronal de la prostitución seguramente extrapola cifras parciales a la totalidad con el riesgo consiguiente de error. Es una asociación privada y están en su derecho de equivocarse. No ocurre lo mismo con las cifras oficiales. Cuando se gestiona la res publica el derecho a equivocarse no existe: lo que existe es el error consciente o cometido por ineficacia, en cualquiera de los dos casos, inaceptable.

Pero es razonable que el gobierno haya querido maquillar las estadísticas. Hay cuatro motivos principales. Veámoslo y comprobaremos por qué el PP quiere ocultar una realidad social que va a estallar bajo sus poltronas o bajo las de sus sucesores.

La primera razón es de orden político. Más adelante demostraremos la relación admitida razonablemente entre delincuencia e inmigración ilegal. Siendo el PP un partido de “centro derecha”, su electorado es particularmente sensible a los problemas del orden público y la seguridad ciudadana. Y la inmigración no es un problema que el PP pueda achacar a los anteriores gestores del Estado: se ha gestado y ha eclosionado durante su mandato; a diferencia del paro, de los GAL o de la corrupción, el PP es dueño y responsable de la ausencia de política de extranjería. El Ministerio del Interior de Oreja y siguientes, merece un 10 en lucha antiterrorista (a diferencia de los equipos anteriores de Corcuera y Barrionuevo cuya gestión puede definirse como nauseabunda siendo piadosos), pero merece un 0 en política de extranjería. Es natural que el PP intente minimizar su destrozo en esta área, maquillando las cifras y demostrando que el desmadre no es tal. Pero lo es.

En mayo de 2002, Aznar advirtió el enorme potencial explosivo del debate en torno a la inseguridad ciudadana. Lionel Jospin había pagado cara su ambigüedad en la materia y Chiraq se vio castigado por el electorado que reconocía la pertenencia a determinados grupos étnicos de quienes les amargaban la cotidianeidad con pequeños delitos. Le Pen –el voto más seguro contra la inmigración- fue seguido por casi un tercio de los electores. El viejo refrán español “Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, etc.” inspiró la actuación de Aznar en los meses siguientes al marasmo electoral francés. Inicialmente decidió hablar bien alto en la Cumbre de la Unión Europea en Sevilla. Aludió a que en Enero se procedería a repatriaciones masivas, que se cortaría el flujo de ilegales y que existiría una legislación única europea en esta material. Ha pasado un año desde aquellas declaraciones. El problema sigue y, además, aumenta. Luego, en septiembre, Aznar anunció medidas en nuestro país para atajar a la pequeña delincuencia. Medidas electorales. Claro que eso era antes del chapapote y de la guerra de Irak, cuando todavía no era preciso otorgar concesiones y ventajas económicas en la búsqueda del voto perdido.

Había otra razón. Los intereses de la patronal. Para la patronal la inmigración es una posibilidad de rebajar los salarios y aumentar beneficios. Como representante del centro-derecha, si la patronal se entiende bien con alguien es precisamente con él, con Aznar. Aznar puede diferir puntualmente de los criterios de la patronal, pero no ir jamás contra los intereses de la patronal. Y la patronal es la primera interesada en que el flujo de inmigrantes asegure que el precio de la fuerza de trabajo se mantenga a mínimos.

Y luego estaba el papel internacional de Aznar. Si desde EEUU llegaba la orden de que debía de haber inmigración, Aznar lo asumía; si desde EEUU llegaba la consigna de que Turquía era Europa –Turquía europea… Dios mío- Aznar se convertía en el principal valedor de la europeidad turca. No puede extrañarnos, si Bush dice “guerra”, Aznar replica “guau”, que quiere decir “si”. ¿Por qué EEUU es el principal valedor del incremento de los flujos migratorios? Por dos motivos. El primero por que EEUU es el principal valedor de la globalización. Ya hemos visto que la globalización es la madre de todos los flujos migratorios. Además, EEUU es consciente de que la inmigración es susceptible de crear graves desequilibrios a países que no están habituados a recibir contingentes alógenos. Especialmente si se trata de países con un amplio pasado y un gran patrimonio tradicional. Además EEUU conoce perfectamente los conflictos que existen en la asimilación de contingentes islámicos. Sabe también como el Islam es difícilmente compatible con las concepciones laicas que animal a la Unión Europea. Sabe, en definitiva, que injertando poblaciones inmigrantes islámicas en Europa, el conflicto está servido a corto plazo. Desde principios de los años 90, uno de los objetivos de EEUU en Europa es la creación de un gran estado islámico, formada por Albania, la Bosnia musulmana, Kosovo y parte de Macedonia. Ah, se nos olvidaba lo más importante: la Unión Europea es competidora económica de EEUU; en EEUU se sabe perfectamente que un país que empieza a ser competidor, termina siendo enemigo. Y se sabe también que al enemigo ni agua. Solo debilitarlo. Aznar, sin embargo, no lo sabe.

Finalmente la derecha siempre ha tenido un complejo de culpabilidad cultural. La derecha española no ha sido precisamente en los últimos 25 años un dechado de capacidad cultural. De hecho, incluso cuando la derecha ha tenido que recurrir a intelectuales para realizar movilizaciones antiterroristas ha tenido que recurrir frecuentemente a intelectuales de izquierda o, ubicados inicialmente a la izquierda. A la derecha liberal del PP la cultura les importa tan poco como la salud de la población civil iraquí. Gestión, estadísticas y cuenta de beneficios, tales son las prioridades de la derecha, en absoluto cultura. Así que cuando el PP oye lejanamente los discursos ideológicos de la izquierda, se siente inerme y cede. El discurso sobre el mestizaje, el discurso sobre la multiculturalidad, el discurso sobre la globalización, el discurso sobre la tolerancia, etc. Cuando la derecha oye hablar de todo esto, tiene tendencia a creer que se trata de veleidades de la izquierda y, no solamente no dispone de un discurso articulado y coherente sobre la materia, sino que además, si siquiera lo considera necesario. Y lo que es peor, en el fondo, tiene un complejo de inferioridad cultural en este terreno, así que ¿para qué oponerse? La derecha está ausente del debate sobre multiculturalidad pero es sensible a los calificativos con que la izquierda obsequia a quienes lo contestan: “xenófobos”, “racistas”… y, por tanto, la derecha no sabe / no contesta sobre el tema.

Sea como fuere, todo esto implica que en los años de gobierno del PP se ha gestado un conflicto en nuestro país. Ahora toca pagar las consecuencias por la negligencia, la dejadez, los complejos, los intereses y el servilismo ejercido desde 1996. Y lo peor no es no será sólo el PP quien pague, sino la totalidad de la sociedad española.


***

El contingente para trabajadores inmigrantes en el 2002, para el que el Gobierno aprobó un total de 32.079 plazas entre estables y temporeros, cubrió sólo un 56,7% de las plazas que presentaron los empresarios; es decir, únicamente 13.633 de las 24.012 ofertas.

Los contratos autorizados representaron el 53% de las peticiones de temporeros y el 71% de las de trabajadores estables.

Por comunidades, donde más ofertas temporales se formalizaron fue en Andalucía, con 6.705; Cataluña, 1.826; Madrid, 566; Canarias, 381; Castilla y León, 195; Murcia, 163 y Aragón, 161.

En cuanto a las plazas para trabajadores estables, en Madrid se contabilizaron 1.079; en Cataluña, 1.061; en Castilla y León, 304; en Castilla-La Mancha, 145; en Valencia, 142; en Aragón, 80; en Andalucía, 66; en Cantabria, 63; en Murcia, 62; en el País Vasco, 38; en Navarra, 12; y en Extremadura, 3.

Paro y Seguridad social

El número de extranjeros desempleados se incrementó un 37% en 2002 y pasó de 87.420 demandantes de empleo en 2001 a los 120.229 en 2002. Y eso se refiere solo a los inmigrantes regularizados. El día que el gobierno se decida a publicar las notas de lo que ingresa la SS procedente de inmigrantes y lo que les entrega en forma de Subsidio de Paro, sabremos definitivamente si la inmigración es mala o simplemente nefasta para las arcas públicas.

La inmigración ha ido bien para algunos sectores de la economía y en especial para la caja de la Seguridad Social. El número de inmigrantes dados de alta en la Seguridad Social, creció un 36%. A lo largo de todo el año se produjeron 228.405 nuevas filiaciones de extranjeros, de los cuales 204.783 fueron de régimen general y 23.622 de régimen comunitario. Lamentablemente no se disponen de cifras globales. Pero hay algunos datos, así mismo oficiales, que desdicen la brillantez de estas cifras. Por que, la tesis de este libro es que lo que los inmigrantes aportan a las arcas de la Seguridad Social por un lado, ellos mismos, lo restan por otro. Véase sino. Entre enero y octubre de 2002 las tarjetas sanitarias para inmigrantes sin recursos pasaron de 358.616 a 507.491 a 10 de octubre ¡sobre un total de 2.000.000 de extranjeros entre legales e ilegales! Si a esto restamos los 500.000 residentes de la UE, veremos que 1 de cada 3 inmigrantes no comunitarios carece de recursos. Por supuesto, la Seguridad Social se ha cuidado muy mucho de no ofrecer cifras sobre los gastos sanitarios de la población inmigrante, acaso por que es del dominio público que buena parte de las mujeres que llegan en pateras están embarazadas, como también es notorio que a las maternidades de Ceuta y Melilla llegan mujeres de Marruecos intentado aprovechar las mejores condiciones sanitarias para dar a luz. A esto hay que añadir los 73.000 inmigrantes que percibían prestación por desempleo. Aun dando por cierta la cifra de 2.000.000 de inmigrantes –en nuestra opinión muy inferior a la realidad- se verá que, lejos de garantizar en su conjunto la viabilidad de la Seguridad Social y de las pensiones de jubilación en el futuro, es todo lo contrario: tenemos la sensación, a la vista de las cifras de que disponemos, que los ingresos generados por los trabajadores inmigrantes en la Seguridad Social, jamás irán destinados a pagar las pensiones de nuestros jubilados, sino más bien a pagar los servicios médicos de los propios inmigrantes cotizantes, del medio millón de inmigrantes que poseen tarjeta sanitaria por carecer de recursos, de los inmigrantes ilegales sin tarjeta sanitaria pero que reciben asistencia médica cuando la requieren. Y a este respecto hay que tener en cuenta, que los gastos sanitarios generados por la inmigración deben ser elevados a tenor del estado de salud en el que llegan algunos de estos inmigrantes, máxime cuando muchos de ellos proceden de zonas en las que el virus del SIDA se ha enseñoreado. En su país de origen no tienen posibilidades de recibir ningún tipo de cuidado sanitario; en España, pueden contar con tener acceso a los mismos tratamientos que los españoles. Hace poco un médico de la Seguridad Social se me quejaba de que los inmigrantes ecuatorianos están colapsando los servicios médicos por que entre ellos se ha generalizado el solicitar una revisión médica general nada más son dados de alta.

Y a todo esto habría que añadir, en el capítulo de gastos, los provocados por los efectos colaterales de la inmigración. Por que si a un lado colocamos los aumentos presupuestarios derivados de la habilitación de mayores plantillas policiales, de jueces y fiscales, para tratar el aumento de la inseguridad ciudadana, relacionado con la inmigración ilegal, si añadimos los gastos de asistencia social, becas, ayudas a hijos de inmigrantes, libros de estudio gratuitos; por no hablar de la construcción de nuevas prisiones y la contratación de más funcionarios, las reticencias del turismo a venir a nuestro país a causa del aumento desmesurado de los robos y hurtos… si sumamos todo eso y lo colocamos en la balanza nos llevaremos una sorpresa: para el conjunto del país, resulta muy dudoso que la oleada migratoria reporte beneficios netos y reales; sin embargo, para algunos sectores económicos (hostelería y construcción) esos beneficios son bien reales. Dicho en otras palabras: toda la comunidad nacional representada por el Estado debe de pagar los gastos generados por el incremento de las migraciones… sin embargo, solo una parte de la empresa privada percibe sus beneficios. Más aún: la inmigración recibe más de lo que da. Bueno, nos dirán, en el fondo somos generosos: no, por que España, cuyo sistema de pensiones depende de la buena gestión de la caja de la seguridad social y de la contención de los gastos públicos, no puede permitirse tales niveles de generosidad. Hay momentos en los que convendría más hablar de irresponsabilidad que de generosidad.

Y ya que estamos hablando en el fondo de justicia. Ciertamente cuatro mil millones de chinos precisan un régimen de mayor líbertad: pero no podemos considerarlos a todos “refugiados politicos”. Ciertamente Africa subsahariana muere: pero catorce millones de africanos infectados con el SIDA no pueden atenderse en hospitales españoles. Ciertamente veinte millones de jóvenes magrebíes quieren mejorar su futuro: pero en Europa no hay lugar para todos. ¿Tienen que entrar solo los que se arriesguen a la aventura de la inmigración? ¿Y el resto? No, esta idea es perversa y equívoca. El respeto a los derechos humanos y a la dignidad de las personas no implica necesariamente aceptar sin límite y sin medida todo el flujo de inmigrantes. ¿Y nuestros derechos? ¿y los derechos de los pensionistas? ¿y los derechos de los parados? Incluso, ¿y los derechos de nuestros pobres? ¿acaso no tienen ellos algún derecho sobre los recién llegados?

En el 2002 creció el número de inmigrantes detenidos al intentar entrar en España. Un total de 16.504 personas fueron interceptadas a bordo de pateras, un 11% menos que en 2001 (18.517), de los que 9.756 lo hicieron a Canarias y 6.748 a través del Estrecho. Ignacio González explicó que esa preferencia a dirigirse a Canarias masivamente "sólo la conocen las mafias". Aludió a la impermeabilización de las fronteras de Ceuta y Melilla y a la actividad del Sistema de Vigilancia Exterior (SIVE), del que recordó que dispondrá de 27,3 millones de euros en 2003 para terminar de implantarse. No aludió a que para Marruecos la inmigración ilegal es una de las armas de baja cota que utiliza contra España junto a las exportaciones no menos ilegales de hachís y a la guerra económica. Tampoco dijo que algunos sectores marroquíes reivindican Canarias y que en el salón del trono del palacio real de Rabat se muestra el mapa del Gran Marruecos… y que incluye a Canarias.

Allí donde el gobierno presentó su gestión como triunfal fue en la desarticulación de 735 redes mafiosas, un 103% más que en el 2001. Fueron detenidos 2.070 responsables de estas mafias (un 69,25% más). Pero da la sensación de que se está hablando de mafias a lo que solo son individuos aislados o poco más. Por que si dividimos 735 “redes” entre 2070 “responsables”, vemos que la media por “red” es de 2’8 personas. ¿Mafias de 3 personas? ¿no será más bien el patrón de la patera y el que captaba a los inmigrantes? ¿Eso es una “red mafiosa”? Es reconfortante, que se hayan detenido a 2.070 miembros de estas redes, pero tampoco hay que magnificar la cifra. Y lo mismo cabe decir sobre la contratación de inmigrantes ilegales.

Crecieron las repatriaciones. Pero también aquí hay que realizar un “pero” a las estadísticas oficiales. En el 2002 se produjeron 79.467 repatriaciones, un 63,7% de aumento sobre el año anterior, con un ritmo de 204 repatriaciones diarias. Marruecos encabezaba la lista, con 23.381 devoluciones; seguido de Rumania, con 18.865; Ecuador, con 5.558; Bulgaria, con 5.399, y Argelia, con 2.431. No negamos la autenticidad de estas cifras. De hecho nada es más fácil que contar el número de expedientes de expulsión aprobados. Hemos dicho aprobados, no ejecutados. Habitualmente un expediente de expulsión se resuelve mediante una decisión administrativa que se comunica al interesado, el cual puede darse por expulsado o no… Se ignora cuántos inmigrantes han retornado a su país tras un expediente de expulsión, tan solo puede tenerse seguridad con las cifras de los que han sido puestos en la frontera. Y sobre esto hay opacidad.

Las cifras oficiales indican que en el 2002 descendió el número de pateras que cruzaron el estrecho y, consiguientemente, el número de detenciones y de naufragios. Estos descendieron de 43 en el 2001 a sólo nueve en el 2002; también descendió el número de víctimas (35 en 2002 y 86 en el 2001) y de la cifra de desaparecidos (20 en 2002 y 26 en el 2001). Pero es aquí donde las cifras oficiales son más contestadas. La Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España (Atime), estima que al menos 4.000 inmigrantes perecieron en aguas del Estrecho entre 1997 y 2002. Este cálculo se basaría en el número de cadáveres que aparecen en las costas marroquíes y que no son considerados en las estadísticas españolas.

En 2002 hubo 6.227 peticiones de asilo y refugio; un descenso del 32% respecto al periodo anterior. ¿Por qué un descenso? Por que antes una de las posibilidades que se abrían al inmigrante de obtener su regularización era pasando como refugiado político y pidiendo asilo. Pero España no ha sido tradicionalmente un país de asilo y pocos eran los autorizados a residir entre nosotros acogidos a esa posibilidad. Por lo demás, había otras más sencillas y prometedoras. Se admitieron a trámite 1.502, mientras que 4.131 fueron rechazadas.