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Madrid: Capital de la inmigración

 

Redacción.- Madrid es el primer foco de inmigración extranjera de España. A principios del 2000 residían en Madrid 158.885 extranjeros con permiso de residencia (casi el 20% de la inmigración total que según las increíbles cifras oficiales había en España en aquel momento. En la regularización de julio de 2000, bruscamente ese cifra creció en 55.374 inmigrantes más, el 22'1% del total–. También es el primer mercado de trabajo para la población extracomunitaria en España: concentra el 29'6% de los permisos de trabajo en vigor a 31 de diciembre de 1998, el 41' 1 % de los concedidos a través del contingente de 1999 y el 23'6% de los solicitados en el proceso de regularización de 2000. Pero a finales del 2000, realizado el padrón municipal, salían cien mil inmigrantes más: ya eran 300.000. Hoy se ignora completamente el número de inmigrantes en Madrid: es más que probable que lleguen a 500-600.000 lo cual, si sigue siendo válida al proporción inicial del 20% nos daría unas cifras de 3.000.000 de inmigrantes en todo el territorio nacional. Por nuestra parte pensamos que superan ampliamente esta cifra. Esta es la situación de la inmigración en Madrid

El crecimiento más espectacular es el protagonizado por la colonia ecuatoriana, que multiplica sus efectivos casi por diez en este año y medio, situándose en primera posición, tanto en la Comunidad como en la capital, muy por encima del resto de grupos nacionales. Secundariamente, la colonia colombiana multiplica su población por cuatro, constituyéndose en el segundo grupo extranjero en la capital y el tercero en la Comunidad, tras el marroquí. La facilidad de entrada a España de ecuatorianos y colombianos, por la vigencia de convenios de supresión de visados con ambos países, está en la base de su importante crecimiento(2). En menor medida, pero digno de ser destacado, el colectivo rumano presenta un ritmo acelerado y en la actualidad constituye el grupo nacional más importante entre los originarios de países del Este de Europa, por encima del polaco. Otras colonias más antiguas en Madrid crecen más débilmente.

En la ciudad de Madrid la población extranjera ha pasado de 184.182 personas el 1 de noviembre de 2000 a 214.161 el 1 de marzo de 2001: un aumento de 29.979 extranjeros en los últimos cuatro meses (+ 16'3%), lo que supone una variación de + 4'1% mensual, ligeramente inferior a la registrada en el semestre anterior (+ 5'0%.). Hay que decir que el número de altas de ciudadanos extranjeros en el Padrón en estos últimos cuatro meses es aún superior –40.157–, lo que indica que paralelamente se están produciendo en la capital bajas de extranjeros que marchan de ella a otro municipio, incluso a otra provincia, un dato que resulta de enorme interés y que conviene tener en cuenta y seguir en el tiempo. Las colonias que crecen en mayor medida siguen siendo la ecuatoriana y, secundariamente, la colombiana: la primera, con una variación de + 15.306 personas empadronadas en la ciudad de Madrid en los últimos cuatro meses (+ 29'8%), que hace que pueda seguir tachándose de "espectacular" el empuje de este grupo nacional en Madrid y que pueda estimarse su volumen en torno a los 75.000 nacionales en la Comunidad, dado que figuran empadronados en la capital 66.676 ecuatorianos a 1 de marzo de 2001. La colombiana cuenta con 24.808 nacionales en la ciudad de Madrid en esta última fecha y un crecimiento, por tanto, de 4.747 personas en los últimos cuatro meses, el 23'7% de este grupo (Gráfico 1). El segundo ejemplo se refiere al municipio de Alcalá de Henares. El volumen de extranjeros empadronados en él en julio de 2000 era de 6.457, entre los que eran mayoritarios los ciudadanos del Este de Europa, el 44'6% del total de extranjeros; de ellos, 1.090 eran polacos –colonia de tradicional presencia en el municipio– y 1.080 rumanos. Siete meses más tarde, a febrero de 2001, se hallan empadronados en el municipio 9.283 ciudadanos extranjeros, que suponen un 43'8% más. El crecimiento más importante ha sido el experimentado por la colonia rumana, que prácticamente duplica sus efectivos (2.030 empadronados), siendo responsable de más de la tercera parte del crecimiento total de los extranjeros en el municipio en este corto periodo de tiempo. Una vez más se pone de relieve el valor de "instantánea" que, por fuerza, tiene todo trabajo de investigación cuyo objeto sea un grupo humano. El estudio que aquí se presenta se refiere a un momento concreto. La realidad, siempre viva, sigue su curso. La situación de irregularidad en las nuevas colonias de inmigración es consecuencia de la facilidad y generalización de su entrada como turistas sin necesidad de visado –ecuatorianos, sobre todo, y colombianos– y, en el caso de los rumanos, como solicitantes de asilo y refugio(4), así como de la existencia de redes sociales, que son auténticos puentes entre Madrid y las localidades de origen, y de la labor de las mafias que se lucran con el tráfico de personas. La capital concentra el 63'6% del total de extranjeros empadronados en la Comunidad, un valor superior al de 1999 (58'1 % ) y que rompe la tendencia seguida en los últimos años de pérdida de peso de la ciudad en favor de los municipios de la Comunidad. El hecho debe ponerse en relación con el auge de la colonia ecuatoriana, que tiene la capital como espacio de localización preferente, y, secundariamente, con el aumento de nacionales colombianos, también atraídos sobre todo por la ciudad de Madrid. Se mantiene a nivel general la relación entre la población femenina, la ocupación en el sector servicios -sobre todo en el servicio doméstico- y la localización en la ciudad de Madrid, fundamentalmente en los distritos de la almendra, frente a la población masculina, más vinculada a trabajos en la construcción y la industria y localizada en la Corona Metropolitana Este y Sur, espacios residenciales de carácter industrial y obrero. Es el contraste en la distribución de la mayoría de las colonias latinoamericanas y asiáticas, polarizadas en el sector servicios, que escogen la capital como espacio de residencia preferente (el 88'7 de los ecuatorianos, 82'0 de los filipinos, 73'6% de los chinos, 72'1% de los peruanos, 69'3 de dominicanos y cubanos, 68'6 de los colombianos, etc.), frente a las originarias de países del Este de Europa y África, que tienden a concentrarse en mayor medida en los espacios del área metropolitana antes señalados (el 35'6% de los rumanos en la Corona Metropolitana Este; el 55'0% de los polacos en el conjunto de la Corona Metropolitana, una parte en los municipios del Sur y otra en los del Este, y el 481% del "resto de africanos" en la Corona Metropolitana, polarizados sobre todo en el sector Sur).

Prosigue también la tendencia centrífuga de la población marroquí, una parte de la cual continúa localizándose en los pueblos de la Sierra de Guadarrama, siguiendo en su distribución a la población acomodada y las ofertas de trabajo, con frecuencia de carácter eventual, en la construcción, jardinería, "chapuzas" en general o en el servicio doméstico.

En la Corona Metropolitana Oriental y área vecina se decantan como zona de acogida de nacionales de países del Este de Europa, entre los cuales los rumanos muestran hacia ella la mayor polarización, constituyéndose en una de las colonias de inmigración económica más segregadas espacialmente.

La ciuddad de Madrid continúa siendo la ciudad espacio de atracción preferente de población latinoamericana y asiática y de mujeres inmigrantes, sobre todo de estos orígenes, relacionadas con empleos en el servicio doméstico. Aumenta el volumen de extranjeros, sobre todo originarios de países subdesarrollados y en vías de desarrollo -inmigrantes económicos- en todos los barrios de la capital. El peso de la población extranjera sobre la población total se hace superior, particularmente en los barrios más envejecidos de la ciudad, donde alcanza en el 2000 porcentajes del 18'2% en Sol y superiores al 12% en muchos otros barrios de Centro, Tetuán y Arganzuela. Es posible casi seguro que en los tres últimos años estas cifras se hayan duplicado y lleguen al 30% y en algunas zonas lo superen ampliamente. El crecimiento de los inmigrantes es más importante en los barrios populares de la almendra y, sobre todo, en los populares y obreros de la periferia próxima de la ciudad, al tiempo que se va ocupando progresivamente la periferia exterior meridional y oriental, de carácter obrero, en una onda expansiva que alcanza a espacios urbanos cada vez más alejados del centro. Prosigue la tendencia de concentración de la población extranjera en los barrios con mayor oferta de viviendas, sobre todo en régimen de alquiler. Dentro de ella no debe asombrar el crecimiento de Pueblo Nuevo, que se singulariza ahora como el segundo barrio de inmigración de la ciudad de Madrid, después de Embajadores (Rastro y Lavapiés), con un volumen de extranjeros empadronados casi parejo a éste y con un ritmo de crecimiento muy superior en el momento. Se mantiene la segregación espacial de los extranjeros procedentes de países desarrollados, que se concentran en los barrios de más alta calidad, siguiendo en su distribución a la población acomodada autóctona. Continúa la tendencia de localización preferente de las familias de inmigrantes económicos en los barrios populares y obreros, sobre todo de la periferia, frente a la de mujeres vinculadas al servicio doméstico concentradas en barrios acomodados y envejecidos de la almendra, bien residiendo en las casas de los empleadores si trabajan como internas, bien compartiendo vivienda con otras compatriotas. Los barrios que se desarrollan a ambos lados del Paseo de la Castellana siguen marcando en el centro de la ciudad una línea de fuerte presencia femenina.

Se mantiene la segregación espacial de la colonia filipina, concentrada, como en 1999, en los barrios populares de la almendra madrileña: el 63'3% de los filipinos empadronados en la Comunidad de Madrid lo están en el conjunto de distritos que componen esta área urbana y dentro de ella el 21'5% de la colonia en el de Centro -sobre todo en el barrio de Universidad- y el 17'2% en el de Tetuán. • Si bien no puede hablarse de segregación, sí que prosigue la tendencia de parte de la colonia marroquí y resto de africanos de localización en barrios cada vez más distantes del centro, en la periferia exterior de carácter obrero.

La presencia extranjera en la ciudad de Madrid sigue siendo variada y heterogénea, a pesar de que los latinoamericanos han aumentado su peso en todas las áreas y son mayoritarios, en conjunto, en casi todos los barrios y distritos. A nivel de grupos nacionales, al ser la colonia ecuatoriana la más importante numéricamente en la ciudad -supone más de una cuarta parte del total de extranjeros en ella-, su peso en muchos barrios es muy destacado, llegando en Pueblo Nuevo y Ventas (Ciudad Lineal) y en Bellas Vistas (Tetuán) a constituir en torno a la mitad o más de la población extranjera total -el 53'6%, 47'7% y 50'7%, respectivamente-. Las cifras absolutas y relativas de ecuatorianos en estos tres barrios y la tendencia paralela de otras colonias latinoamericanas a residir también en ellos -particularmente peruanos y colombianos en Ventas y Pueblo Nuevo y dominicanos en Bellas Vistas- hace que se puedan singularizar en la actualidad como los "barrios latinos" por excelencia de la ciudad de Madrid.

Se detecta una tendencia a la sobreocupación de las viviendas en muchos barrios de la capital, sobre todo en Pueblo Nuevo y secundariamente en Ventas y Quintana, dentro de la misma zona, y en Bellas Vistas (Tetuán), áreas de localización preferente de la colonia ecuatoriana.

Fuera de lo que se refiere a la distribución espacial, subsisten otras características y tendencias de la población extranjera en Madrid señaladas en años precedentes: por una parte, la destacada presencia femenina entre los inmigrantes económicos, de la que ya se ha hablado, que se debe al peso del nicho del servicio doméstico en la Comunidad y más aún en la ciudad; por otra, el crecimiento de la población infantil de nacionalidad extranjera y la mayor presencia de la familia inmigrante, que merecen algún comentario adicional.

Los menores de dieciséis años extranjeros han crecido en el último año y medio, como era de esperar. En muchos casos ya son madrileños de nacimiento. No se cuenta con datos para la Comunidad a 1999, sin embargo han triplicado sus efectivos en relación con 1996, aumentando de 14.602 en esa fecha a 44.644 en 2000. En la ciudad de Madrid los menores de dieciséis años de nacionalidad extranjera pasan de 7.271 en 1996 a 16.098 en 1999 y a 25.538 en 2000 (Cuadro 3). Duplíquese la cifra y se obtendrá la que corresponde a 2003. Son mayoritarios los originarios de países subdesarrollados (el 91'4% del total de menores extranjeros en la Comunidad y el 91'8% en la ciudad). Por colonias destaca en la Comunidad la marroquí, seguida de la ecuatoriana y la colombiana, en definitiva, los tres grupos nacionales de más importante presencia; en la ciudad de Madrid adquiere singular relieve la población menor ecuatoriana, a pesar de que la proporción de menores sobre el conjunto de la colonia es inferior en ella. El mayor o menor peso de los menores en relación con los respectivos grupos nacionales señala aquellos donde la presencia de familias es más relevante, en general varios de los de más antigüedad en Madrid: marroquí, ecuatoguineano, polaco, dominicano, chino y filipino. En conjunto, el peso de los menores es inferior entre la población originaria de países desarrollados empadronada en Madrid (el 11'9% solamente), que entre los nacionales de países subdesarrollados y en vías de desarrollo (16´0% ).

La familia inmigrante incrementa su presencia en la ciudad y la Comunidad de Madrid. Los retos con los que se enfrenta son múltiples. En primer lugar, la estabilidad de la pareja, cuando ésta existe. Muchos inmigrantes, sobre todo mujeres, eran cabezas de familias monoparentales ya en origen; otras parejas no superan la separación más o menos prolongada impuesta por la migración y se rompen antes del reencuentro; otras, por último, no consiguen "reconocerse" en su nueva situación y la ruptura se produce una vez reunidas. En estos casos, la estabilidad de la pareja inmigrante se ve amenazada por la vivencia particular que cada persona tiene de su nueva realidad, cómo cada una sufre el desarraigo y cómo afronta su integración en la sociedad de acogida. En buena medida, en las diferentes posturas adoptadas influye la situación legal y laboral de cada cual, que en el caso de Madrid es más ventajosa para las mujeres, que cuentan con la posibilidad de un trabajo más abundante, seguro y estable y mayor facilidad por ello para acceder a una situación de legalidad duradera. Esta circunstancia con frecuencia es factor de ruptura y puede desestabilizar a una familia, porque pone en cuestión la capacidad del hombre para mantenerla económicamente, su valía y, en último extremo, su autoridad. Las diferentes costumbres y pautas culturales y sociales de los distintos grupos nacionales y el choque con las de la sociedad de acogida se hallan al tiempo en la base de la desestabilización.

La integración en la escuela es otro reto para los hijos de inmigrantes, igual que lo es para el sistema educativo madrileño. Para los chavales, la superación de obstáculos como la lengua, el ritmo de aprendizaje, la adquisición de contenidos nuevos y a menudo muy diferentes o la obligatoriedad de acudir a clase cuando previamente no se ha estado escolarizado en el país de origen o el sistema en él es más laxo, entraña sinsabores y dificultades, que tienen una mayor repercusión cuando la incorporación no se produce a temprana edad. El proceso de aprendizaje a menudo no puede ser apoyado por los padres, por los amplios horarios de trabajo de éstos, porque no tienen suficientes conocimientos o, en algunos casos, porque no valoran lo que la escuela puede aportar y prefieren que los hijos accedan lo antes posible al mercado laboral. En el caso de familias monoparentales o desestructuradas la situación se complica.

Para la escuela madrileña la incorporación de alumnos extranjeros, creciente en los últimos años, constituye un reto. Entre los problemas con los que se enfrenta en el momento, destaca el desequilibrio en la distribución de este tipo de alumnado, que se ha ido concentrando en barrios específicos y centros escolares concretos, sobre todo públicos, con una tendencia al aumento de los alumnos foráneos y el abandono de las "escuelas de inmigrantes" por parte de los autóctonos. La adecuación del apoyo de la enseñanza compensatoria a las necesidades reales de este alumnado y la respuesta a nivel general y particular –en cada centro– a la realidad en toda su variedad interna, que comprende el conocimiento de ésta, la formación del profesorado y la adaptación de los programas a la nueva situación, son otros retos. La escuela desempeña un papel fundamental "pues es en los hijos de los inmigrantes en los que propiamente se juega la suerte de la integración"(6), además de constituir vehículo de integración para los propios inmigrantes, a través de sus hijos.