Eumeswill o la encarnación de la culpa occidental
Agustín Toro Solís de Ovando
Los lectores asiduos de Ernst Junger, paradójicamente denominado por algunos como el
último Titán del siglo XX y también como un maestro que no dejaría discípulos, no
dejan de percibir en su postrero relato de metapolítica Emeswill que él quiso dejar bien
en claro que el mítico Regente y su mensajero Phares de Heliopolis no volverían por
estos pagos terrenales. En el Problema de Aladino, Las Abejas de Cristal, y quizá de
alguna forma vaga, también, en Visita a Godelholm el autor dejo entrever que la
esperanza redentora aún era posible; en el escrito mencionado primeramente ya no era
así, y el protagonista Martín Venator se interna voluntariamente en la espesura del
bosque como el histórico cronista de la última capa dirigente tecnocrátrica.
No es casual la coincidencia del apellido Venator con la acepción tomista y cartesiana
del científico como un cazador; el bosque es el hábitat natural y primigenio del
cazador, asimismo es símbolo de muerte y de refugio ante la destrucción; por definición
posterior del autor, éste nos indica que el bosque es una metáfora para indicar el
territorio virgen al cual puede retirarse la civilización ya marcada por el nihilismo, es
el sitio ideal y pragmático donde liberarse de los imperativos de las iglesias y de las
garras de Leviatán. Su segunda Figura, la del Emboscado, contemporánea con las dos
grandes guerras del siglo XX y precursora del anhelado Trabajador que culmina en la Figura
Anarca, aquel que vive en los intersticios de la sociedad, igualmente acuden al
bosque recurrentemente pero con un sentido diferente. El Emboscado encuentra allí su
morada; el Anarca se dirige en pos de él ante el peligro inminente; y, El Trabajador, en
cierta manera al igual que Heidegger, lo considera pragmáticamente como lo dispuesto para
su quehacer técnico, es un stock, pero no tan limitado a su acepción de ratio en el modo
del pensar calculador sino más bien formando parte integrante del acervo formador del
trabajo como una expresión ontológica.
Según varios de sus analistas, Emeswill es la capitulación final del individuo, Serafín
ya no recaudaría nuevos adeptos ni escogidos, la decisión divina ya fue tomada; la
partida se perdió y se abandona el juego; el concurso del actual homo sapiens es
prescindible para el cosmos. La ilusión se fue diluyendo a través del tiempo y el
descarnado encuentro con la imposibilidad fáctica se transformó en desesperanza mesurada
en contraposición con la esperanza creíble de antaño. La hibris griega, inspiradora por
antonomasia de la tragedia, adquiere un balance existencial preclaro, las posibilidades se
agotaron, la cuerda ya no puede estirarse más. La única vía es la solución alejandrina
frente al nudo gordiano, el porvenir dirá el resto.
Tal como Orestes y Hercules trataron de buscar refugio en las Hespérides ante la
persecución inevitable y la fuerza arrolladora de las Erinias, la sociedad de Emeswill es
sólo un remedo virtual del Templo de Atenas para que éstas rememoraran su nombre
original de las Bondadosas. Es solamente un reposo frente a aquellas temibles Euménides
que no desean permanecer como las Formales, aun ante aquel homenaje toponímico de los
mortales; refleja un paso intermedio como sosiego parcial entre la Heliopolis aún
consciente de sus limitaciones y la búsqueda frenética de las Hespérides. Los cazadores
de Orión sucumbieron ante Mauritanos, aquellos orientales descendientes de Jacob,
fanáticos de su quehacer como leitmotiv existencial, y la técnica siguió
desarrollándose en grado extremo e inexorablemente hasta Emeswill, sociedad en la cual no
valían las soluciones intermedias o graduales, o bien se retrocedía a un estadio
técnico político ya superado o se continuaba hasta el enojo de las divinidades. No
obstante, en todo momento la forma de vida cotidiana en ella no varió mucho, menos aún
el hombre en sí; ¿Se confirma así la reiterada suspicacia del autor acerca de que el
Plan mismo es el defectuoso o malo?.
El Anarca que así lo barruntó, y pronto vio realizada su poco optimista proyección, tan
real como una segunda vista, no le quedó más salida que seguir la huella de la cohorte y
huestes que huían, acompañando a aquellos con quienes convivió y estudió
en profundidad, con el propósito de dejar un testimonio, seguramente ignoto para los
sobrevivientes, sobre el devenir y el término de esta fase de la Era de los Titanes.
En la novela se explica muy poco acerca del nombre de la ciudad de Eumeswill, sólo se
indica que la costumbre popular derivó del nombre original de Eumenes will a Eumeswill.
El término, explicado en parte en el relato, se refiere en algo a un sedimento rocoso de
vestigios alejandrinos, una sucesión de capas culturales que culminó en la ciudad
actual, mezcla ecléctica de posiciones morales, filosóficas, sociales y políticas
aunque no consolidadas de forma hegemónica; lo único que brilla por su ausencia, y
quizá por ello se destaca más, es la referencia a la religiosidad en sí, aunque
el término religión se asimila al vocablo religar, algo que se ha vuelto a unir o
que se mantiene férreamente unido, es lo que puede o podría desvincularse pero el verbo
implica la acción y voluntad de mantenerlo siempre compacto y no divisible.
Orestes fue el primero en llamar a las Erinias o Furias las Euménides; ellas son las que
llevan, o le mantienen en eterno presente, el remordimiento y culpa a los mortales por
acciones u omisiones. El mismo Orestes, Hercules y Ayax fueron víctimas de locura por su
causa como así también varios otros héroes. Ellas son más antiguas que Zeus y su labor
primaria consistía en escuchar las quejas de los ancianos sobre los jóvenes. Euménides
derivaría entonces del ejercicio de la bondad hacia los mortales pero su quehacer real a
través del tiempo dista mucho de aquel apelativo y las consecuencias para los perseguidos
eran catastróficas, la locura era el único escape temporal a su acoso, la muerte el
descanso. Cazadoras incansables e implacables a quienes los habitantes del Atica
construyeron un Templo donde dos de ellas, en alguna particular manera, quisieron
retomar parte de su labor original. Se les conoció por el nombre de las Formales.
Sin embargo, al menos una de ellas, seguía su incansable labor persecutoria de Furia
sobre el presunto culpable, juzgado, condenado y, ya unilateralmente, sentenciado.
Solamente no podían ingresar en aquel Templo Formal en busca de ayuda y consuelo aquellos
cuyos destinos fueron forzados apresuradamente por las moiras y ³nacieron dos veces²;
por ende, a la mayoría de los perseguidos les era vedado su ingreso y la posibilidad de
realizar una petición de clemencia que los conduciría a un reposo o al anhelado
descanso.
A pesar de lo anterior, Eumeswill no tiene ninguna relación o símil con Argos y Antonio
Roquentin es antitético con respecto a Martín Venator en el desarrollo de la historia,
pero quizá, posteriormente luego de la partida del Condór y su séquito al bosque
surgiría el afán reivindicatorio de los por largo tiempo desplazados y es posible, pero
poco probable, que surgieran las moscas del rey de los crónidas ante la frenética
búsqueda de justicia. Luego, el reinado de las Erinias se haría presente en la ciudad.
Nada bueno o auspicioso se colegía del nombre de la ciudad pero aquello jamás es
mencionado, ni siquiera implícitamente a través del relato libro, tampoco se destaca
alguna referencia o reminiscencia mitológica, tema en el cual el autor era extremadamente
versado, ni siquiera lo hace en escritos o comentarios posteriores. Empero, su estrecha
relación con Heliopolis, donde el tema recurrente era la salvación más allá de las
Hespérides, la aparición final de Phares o Serahp nos da una pista más que obvia para
adentrarse en el mundo mitológico. Redundante asimismo es la mención a los Mauritanos y
al mundo Titánico. La primera o segunda fase de la Era de los Titanes llegaba a su fin y,
probablemente, volvería el reinado de los dioses, esperanza deseada en todas las obras
del autor.
Un autor dilecto de Junger culmina su obra cúlmine de 60 años de elaboración dejando
ciego al Emprendedor ante la aparición de la Inquietud que trae consigo el remordimiento;
es un hecho que las Erinias jamás han estado ausentes en la literatura alemana. Aun
Nieztche asimila este concepto goethiano en el Origen de la Tragedia griega al poner coto
a la acción dionísica en el remordimiento, contrariamente del carácter apolíneo, que
parte de un pensamiento meditador previo a la acción misma, la potencia culminada en el
acto. Sin perjuicio de que en la primera parte del Fausto, el Doctor concluye
enfáticamente que ³Primero debe ser la Acción y no el Verbo², esta aseveración
judicativa tambalea fuertemente ante la respuesta aireada y burlona de Mefistófeles de:
³querías volar y tienes vértigo² producto de la queja faustiana ante el destino de
Margarita y, finalmente, se derrumba en la segunda parte cuando el apesadumbrado
Doctor, el Emprendedor por antonomasia y paradigma de la civilización occidental, sucumbe
estrepitosamente ante el recuerdo culposo de Filemón y Baucis. Su única salida es ahora
clamar por el siempre repudiado y ahora anhelado ¡ detención del instante!,
aunque el Eterno Femenino le arrebata a las Euménides y a Mefistófeles el pago de la
deuda devengada por el pacto.
El epilogo de Eumeswill es abierto y de cierta manera críptico, queda a voluntad del
lector interpretar el final de la obra y sus implicancias, la simbología utilizada es
amplísima y lo callado o no dicho juega un papel tan importante como lo explícito. Hasta
el mismo Ernst Cassirer tendría problemas para hacer una exégesis de esta denominada
capitulación final. A mi entender es un cambio de fase, el paso de un estadio que llevaba
en su seno los resabios de la concepción de mundo vigente sin encontrar los cimientos
sólidos de la nueva, la hegemonía era un fin probable pero mediato, con peligro
inminente de un retorno momentáneo a los mismos problemas endémicos de la sociedad
tradicional. En este sentido, mantengo la óptica del autor de que aunque se pierda la
ilusión se mantiene la esperanza en el devenir para un retorno de los dioses.
Esta instuición se da y se mantiene porque en obras futuras el autor recurre nuevamente a
Phares como reclutador de acólitos, por llamarlos de alguna manera, ya que nunca se dice
el motivo o la función futura del convocado. En El Problema de Aladino, obra posterior
a Eumeswill, el protagonista quien relegó al olvido su nombre familiar y lleva las
riendas o al menos figura como cabeza dirigente de una empresa denominada Terranova recibe
en sus momentos existencialmente más críticos una misiva de Phares que le devuelve el
alma al cuerpo. El problema de fondo en esta novela es el poder y qué es lo que se puede
hacer con o de él, no trata de su obtención y mantención sino sobre lo que realmente se
puede y se debe o debería hacer con él, o finalmente, no hacer. ¿ O esta es sólo una
ilusión más con la que juegan con nosotros las moiras?
La fase actual de los Titanes nos ha llevado cual Aladinos a disfrutar aspectos parciales
del poder de la técnica, como él lo hizo ingenuamente con su lampara. ¿ Se eligirá una
vida cómoda y placentera como el héroe del Medio Oriente o es posible domeñar la
técnica en aras de un fin superior y transcendente?. No hay duda que nuestra
civilización entrará en una segunda fase de la Era de los Titanes, pero la pregunta
crucial ya está planteada hace mucho y por varios autores ¿Dominaremos la técnica o
ella terminará por adueñarse de nosotros?. Respetando mucho a Heidegger quien afirma
categóricamente que la ³técnica no piensa, da que pensar, en mi fuero interno no estoy
tan seguro que todos tengan su claridad de mente para tratar con problemas tan complejos
como éste y sólo se actúe reactivamente ante el fenómeno ya acaecido.
No cabe duda que Eumeswill es un relato anticipatorio como lo comprueba el uso masivo
actual de internet, todavía sin la sofisticación del fonóforo, y la técnica llevada a
su máxima eficacia y eficiencia como se trabajaba en las cavernas de los Mauritanos en
contraste con el pseudohumanismo científico del bosque. Sin embargo, la búsqueda o fuga
final de los detentores del poder se dirige al bosque donde todavía existían lugares
ignotos y aparentemente vírgenes. A mi entender, esta obra representa un desafío para
meditar sobre el futuro, no en el plano especulativo sino en el real cotidiano, pues la
ola está ya muy cerca de la playa y no sabemos con certeza los efectos que tendrá cuando
pronto nos alcance.