La política mentira Jorge Verstrynge
LR.G. Schwartzenberg
nos tenía acostumbrados a otra cosa. Profesor en la Facultad de Derecho de París,
diputado y ex ministro, nos ha ilustrado bastante, tanto con su L'Etat spectacle (1977,
traducido al español) como con su posterior tratado de Sociologie Politique (1991) del
que ya van cuatro ediciones. Esta vez no es el caso: su libro sobre la política como
mentira (La politique mensonge, París, 1999, Odile Jacob, 494 págs.) no es un buen
trabajo, y si se lee con facilidad, es debido a su superficialidad. Aunque con la
excepción de sus primeras 43 páginas. En éstas, entroncando con los más recientes
estudios en materia de sobre-elitización social y aumento del foso entre gobernantes y
gobernados, hallamos una interesante aportación en tres puntos. El primero, la relación
entre, por una parte, la aparición de una "societé-frime" -literalmente
"sociedad-disimulo"; en realidad "sociedad-farsa" donde prevalecen las
apariencias-, basada en el éxito personal -fundamentalmente de carácter económico- a
cualquier precio, y, por otra, el reinado sin freno del ultraliberalismo -como capitalismo
completamente desreglado, o casi- y la ansiedad social producto de la crisis económica,
ésta a su vez consecuencia de ese ultraliberalismo. Todos disimulan, unos para
sobrellevar su situación de sobre-explotación, e incluso, como diría V. Forrester, de
hasta ausencia de explotación; otros para perpetuar su poder.
Lo cual nos lleva al segundo punto de interés: la política es ya sólo mentira, disimulo
y farsa: "un lugar de puesta en escena, un universo de representación, y (...) una
empresa de exhibición permanente". En esta sociedad política ya basada casi
exclusivamente en el "star-system", "el poder se ejerce y se adquiere
mediante el engaño, el timo (...). Para ganar y para gobernar ya no se trata de convencer
mediante la franqueza y la rectitud de los argumentos, sino de engañar". Así, la
política se ha tornado "el arte de las falsas promesas y de los falsos juramentos
(...) de los juicios perentorios, deliberadamente simplificadores. Posturas chulescas,
voluntarismos de estrado. Promesas irrealistas y por ello irrealizables. La democracia
degenera en demagogia (...). Se llevan máscaras y disfraces". Como consecuencia, el
famoso pensamiento único -tan bien descrito últimamente por E.Todd como el
"pensamiento-cero" o "pensamiento nulo"-: "En lo alto de la
jerarquía de ese juego de roles, el infalible, genial y sublime (...): el jefe
carismático, monstruo sagrado, que se ve omnipotente y omnisciente (...) El héroe no se
puede equivocar. No puede conocer ni error ni fracaso. Siempre tiene razón". Además
es virtuoso, debiendo transmitir "la imagen de un buen marido y padre fiel,
tranquilo. Digno de todos los certificados de buena vida y costumbres. En público,
reclamar con insistencia el respeto de los valores tradicionales y familiares. Sobre todo
cuando la realidad de su conducta privada es totalmente otra". Además debe ser
saludable -y los médicos falsearán sus partes médicos si es necesario- e incorructible,
a la par que sencillo.
¿Cuáles son los soportes de la mentira en política? Porque "la estrategia de la
mentira es a su vez dependiente de las armas disponibles en el arsenal de la
comunicación. Lejos de ser inmutable, depende de los soportes utilizables, que varían
según las sociedades y los tiempos. -Así- existen cuatro tiempos y modos de la mentira
política: la propaganda, la comunicación, el info-espectáculo y la telecracia. Los
años 1930-1940, años de crisis y de ansiedad colectiva, lo fueron también de la mentira
brutal y grosera martilleada por la propaganda". Entre 1950 y 1970, "años de
expansión y de abundancia, la atmósfera se distiende. Ya nos es tiempo de recurrir a la
"violación de las masas" descrita antaño por Tchakhotine. Ya no se trata de
constreñir sino de encantar, de gustar. Como en el cine, las stars de la política se
inspiran en las del espectáculo. Tiempo de seducción, forma tierna y sutil de la
mentira". La época dorada de la publicidad comienza entonces y dura hasta los 80, se
trata entonces de "vender el candidato-producto en el electorado-mercado, ya el
objetivo deja de ser el convencimiento mediante argumentos lógicos y racionales, -y que
pasa a ser- "vender" y seducir. Publicidad con frecuencia mentirosa, en
discordancia con la personalidad real del candidato".
¿Y hoy? La revolución de los nuevos medios "transforman y alteran el debate
público. El espectáculo invade la información creando el "infoainment",
contracción de información y de entertainment, la infodiversión (...). Ya el objetivo
no es informar ni esclarecer los auténticos problemas. Se trata de distraer y,
literalmente, de divertir -aquí- los "telectores" son divertidos en lugar de
ser gobernados".
Pero también vuelve la moda de la mentira somera, de la demagogia, y cuando se produce la
unión entre demagogia y televisión, eso da el telepopulismo, caso típico de confusión
entre el poder político y el mediático, una especie de democracia virtual. La realidad
queda maquillada y se promete el sueño, hasta que se acaba la campaña electoral y se
apaga el televisor. Es hoy el triunfo de la política de la mentira. Pero, tercer punto:
¿cómo no percibir el lazo entre la utilización de la mentira en la política de forma
sistemática y el sobre-elitismo producto, a su vez, del aumento de las desigualdades
hacia arriba? El sistema al elitizarse cada vez más en sus clases dominantes,
irremediablemente recupera para sí, explica Schwartzenberg, la parte de desprecio hacia
el pueblo que contiene la teoría maquiavelina. La sociedad de la apariencia se desliza
entonces, y es lo que está pasando ahora, a la del engaño. Y la democracia se aleja cada
vez más. Pero téngase en cuenta que "períodos tales como éste, en los que reinan
el dinero y el engaño, han acabado en brutales convulsiones que han restablecido otro
orden, con frecuencia autoritario, hipócrita y represivo (...). La sociedad del engaño,
al desacreditar al poder y las élites, lleva a las dictaduras". *Capítulo incluido
en su nuevo libro, "Sobre el Poder del Pueblo".