Mundialización y envejecimiento
El fenómeno del envejecimiento
está tomando un notable protagonismo en nuestras sociedades Occidentales. Esta semana, en
Madrid, la Cumbre Mundial sobre el Envejecimiento va a adquirir un papel estelar en los
periódicos de todo el mundo. Se trata de una reunión auspiciada por la ONU y en
consecuencia cabe pensar que las conclusiones estarán sesgadas por este organismo. De
entrada, llama la atención que los medios de nuestro país han presentado el
envejecimiento como una conquista. Esto no es más que una verdad a medias que equivale,
según el mismo razonamiento, a una mentira también a medias. El envejecimiento de
nuestras sociedades no representa una conquista más que a nivel individual; en toda otra
circunstancia es el presagio de una catástrofe.
La decrepitud social es especialmente preocupante en occidente, donde ahora mismo
constituye un signo evidente de que no puede asegurarse el relevo generacional. El
criterio de la ONU para resolver este problema está encerrado dentro del concepto de
"migraciones compensatorias", que significa que los déficits de población
pueden cubrirse siempre con población inmigrante. Como resultado de este sofisma,
disfrazado con ropajes humanitarios, la ONU ha manifestado en varios foros mundiales que
la UE necesita varias decenas de millones de inmigrantes para sostener su crecimiento
económico. Aunque en muchas otras ocasiones nos hemos ocupado de este problema, diremos
que esta creencia supone una subversión real del orden de las cosas, ya que consideran
que la supervivencia de los pueblos está en función del crecimiento de parámetros
económicos. Es evidente que una población decrépita puede ser sustituida por una
cantidad de población equivalente totalmente extraña y de edad menos avanzada, pero el
resultado es, en primer lugar, la aniquilación del pueblo envejecido. La falsa disyuntiva
planteada por la ONU entre desaparición física del pueblo e inmigración masiva se
resuelve con políticas natalistas de choque capaces de reactivar la natalidad autóctona.
Como era de esperar, la ONU posee una concepción de la dinámica demográfica que está
en función de criterios totalmente adaptados a la omnipotencia absoluta del mercado en
crecimiento continuo y sin barreras, tal y como interesa a los budas de la
mundialización. Es imposible comprender de otra manera la idea, reiteradamente sostenida
por la ONU, de sustituir la población envejecida de Europa con población inmigrante
alógena.
Pero lo importante es señalar que el criterio del gobierno del Partido Popular difiere
del de la ONU, al menos aparentemente. Sin prescindir de la desconfianza con que uno debe
tratar siempre las declaraciones de los políticos, el presidente Aznar ha considerado el
progresivo envejecimiento de la sociedad española como "un desastre", tal y
como anunció en el discurso pronunciado ante el último congreso de su partido. Según
esta convicción, el gobierno del PP se ha embarcado en un plan de apoyo a la familia que
de momento no está dando los resultados deseados si bien supone un avance en relación
con la desastrosa etapa socialista.
Desde la presidencia europea, y dado el relevante papel que España juega en Europa,
sería de desear que nuestro país apoyara el criterio natalista frente al economicista en
los foros mundiales, no sin desatender los planes de ayuda a los países de origen de los
inmigrantes, según criterios verdaderamente humanitarios y no en interés de la
multinacional de turno. La Cumbre Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid es
una buena ocasión para devolver las aguas a su cauce: el envejecimiento de los individuos
es positivo, el envejecimiento de la sociedad es una patología que debe ser combatida a
todo trance, aunque les pese a aquellos que quieren incrementar sus beneficios con la
sangre del vecino.