Edwin Erich Dwinger: dar sentido al sufrimiento
[Ulli Baumgarten]
Durante la
juventud aparecen libros de determinados escritores que nos impresionan de tal manera, que
ya es imposible desalojarnos de nuestras mentes. Edwin Erich Dwinger, escritor
celebérrimo en la República de Weimar fue, junto a Werner Beumelburg, el principal
escritor del "nacionalismo de los soldados" (soldatischer Nationalismus)
pertenece hoy, empero, a la categoría muy poco envidiada de los escritores de
entreguerras olvidados. Incluso si algunos de sus libros han sido reeditados
recientemente, sus nombres no dicen nada a nadie, incluso a personas que participan de
movimientos neoconservadores o neonacionalistas.
Edwin Erich Dwinger nació el 23 de abril de 1898 en Lübeck, hijo de madre rusa y un
oficial del ejército alemán. A lo largo de su vida sentirá, en consecuencia, una doble
atracción: Alemania y Rusia. Como para muchos de los jóvenes alemanes de su generación,
la primera guerra mundial será el acontecimiento central de su existencia. En 1915 se
incorpora como voluntario en el frente. Aquellos años le marcarán de tal manera que a su
trabajo en el campo, incorporará la de escritor movido por un deseo ardiente de contar
sus vivencias como combatiente y de identificar su patria alemana.
Tras un episódico paso por el frente ruso, el joven soldado de un regimiento de dragones
cae gravemente herido a los 17 años y es hecho prisionero por las tropas zaristas. Junto
a un puñado de camaradas, acaba en el campamento de prisioneros de Totzkoïe, del que
miles de soldados alemanes jamás regresarán. La administración del campo es inhumana:
los detenidos mueren de tifus o, simple y llanamente, de hambre. En la primera parte de su
trilogía Die deutsche Passion (La pasión alemana) titulada Armee hinter
Stacheldraht (Un ejército tras el alambre de espinos), Dwinger trata de dar un
sentido a este inmenso sufrimiento provocado por la brutalidad. Escribe: "Cualquier
hombre incapaz de sacrificarse por una idea, sea de la naturaleza que sea, no es un hombre
en el sentido más elevado. Sufrimos aquí por lo que al hombre le hace hombre: sufrimos
por una idea". Los supervivientes de ese infierno terrenal acabarán por ser
trasladados más al Este, cerca de los confines de la frontera con China. A pesar de que
la guerra entre el Reich y Rusia concluyó en 1917, los prisioneros de guerra alemanes,
convertidos en auténticos juguetes en manos de las tropas "blancas" y
"rojas", no regresarán a casa hasta 1921.
Entre "blancos" y "rojos"
Dwinger
rehusó siempre salir del campo de prisioneros hasta que, en 1919, fue tomado como
prisionero por los "blancos" antibolcheviques. Éstos le ofrecieron como
alternativa la muerte o enrolarse en el ejército anticomunista. En el segundo volumen de
su trilogía, Zwischen Weiß und Rot (Entre blancos y rojos), Dwinger
describe la peor y más brutal de las guerras, la guerra civil. Explica atrocidades
cometidas por uno y otro bando, cincelando las frases más dolorosas de su obra. A
principios de la década de los años veinte, Europa se estremece y al mismo tiempo queda
fascinada por el bolchevismo. El miedo al bolchevismo explica la eclosión de movimientos
radicales de derecha. Sólo quienes han vivido el destino del pueblo ruso en aquellos
años terribles de la guerra civil entre "blancos" y "rojos" puede
comprender los sentimientos que se barajan.
La derrota de Koltchak significa la quiebra definitiva de la resistencia antibolchevique.
Dwinger vuelve a entrar en un campo de prisioneros. Se escapa y, en el verano de 1920,
puede cruzar la frontera alemana. Afortunadamente, puede emplearse como capataz en una
gran propiedad rural en Prusia oriental. Algunos de sus camaradas también encontrarán
refugio como braceros. Dwinger describe aquellos años turbios, de pérdidas territoriales
por parte de Alemania y una inflación galopante en el tercer volumen de su trilogía, Wir
rufen Deutschland (Nosotros la llamamos Alemania). Los tres volúmenes
aparecieron entre 1929 y 1932 y contribuyeron a forjar su reputación literaria.
La mayor parte de su obra completa, contando más de treinta libros, está consagrada a
las relaciones ruso-germanas. Entre éstos hay que citar Die letzten Reiter (Los
últimos caballeros), libro aparecido en 1935. Su autor describe la tragedia de los
países bálticos y de la casta dominante alemana presente en aquellas tierras a lo largo
de 700 años, casta a la que hay que atribuir el desarrollo cultural y la pujanza
económica de aquella parte de Europa. Und Gott schweigt? (¿Y Dios calla?),
publicada en 1936, es una obra muy conocida de Dwinger. En ella describe las impresiones
de un joven comunista que, en 1933, emigra a Rusia, pero queda horrorizado por la
situación del país bajo el gobierno bolchevique y, tras convertirse en un anticomunista
militante, regresa a Alemania.
Dwinger y la política "eslava" del III Reich
Como
consecuencia de su propia experiencia, Dwinger fue siempre un anticomunista convencido,
aunque bajo el III Reich no aceptará nunca la política "eslava" del nuevo
Estado nacional-socialista. Dwinger creía que los pueblos que conformaban Rusia debían
estar en pie de igualdad con el pueblo alemán. Esta será la razón por la que las
relaciones entre Dwinger y las autoridades nacional-socialistas serán siempre ambiguas.
En tanto que partícipe del movimiento literario del "nacionalismo de los
soldados", se inclinaba con preferencia por los nacional-revolucionarios antes que
por los partidarios de la política racial del III Reich. Sin embargo, ello no le impidió
acceder a las pretensiones del Reichsführer SS H. Himmler. Durante la campaña de
Rusia se convertirá en SS-Obersturmbannführer y será nombrado consejero personal
del propio Himmler para asuntos soviéticos.
La carrera de Dwinger proseguirá, sin embargo, más allá de su estancia en las SS.
Desde 1933 era miembro de la sección literaria de la Academia Prusiana de las Artes y Reichskultursenator,
un cargo más bien honorífico y carente de poder en el Estado nacional-socialista. Sus
compromisos académicos y políticos nos hacen dudar del papel de "resistente"
que Dwinger se asignó para sí después de 1945. En su proceso de desnazificación,
quienes lo juzgaron vieron en él un "gran coraje en muchas de sus acciones"
llevadas "hasta el límite de lo posible".
Tras la segunda guerra mundial, Dwinger conoció un nuevo momento de gloria con su Wenn
die Dämme brechen (Cuando las barreras ceden), editado en 1950 y donde
describe la liquidación de Prusia oriental. El 17 de diciembre de 1981 murió Dwinger y
con él desapareció un escritor alemán que encarnó, como ningún otro, las trágicas
relaciones entre Alemania y Rusia. No han faltado quienes ha señalado de manera simplista
a Dwinger como la contrafigura de Remarque, una suerte de anti Remarque. Sin embargo,
parece claro que sin el acontecimiento mundial que supuso Sin novedad en el frente
y sin el rechazo unánime de este libro por los medios nacionalistas, las obras de Dwinger
no hubieran conocido la popularidad que tuvieron.
[Junge Freiheit, 23, 1999]