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PALABRAS IDEOLÓGICAMENTE

DISIDENTES

 ¿Políticamente correcto o políticamente pijo?

Lo “políticamente correcto” no se funda sobre unos sentimientos éticos sinceros, ni sobre el miedo físico da una represión, sino sobre un reflejo de esnobismo intelectual y de cobardía social. En verdad, lo “políticamente correcto” es políticamente pijo. Los periodistas y los “pensadores” del actual sistema  reproducen de manera “soft” y burguesa el mecanismo de la sumisión de la época estalinista: ya no se corre el riesgo de ser enviado en un campo de concentración, sino de no ser admitido en los restaurantes u otros lugares elegantes, de ser excluido de los círculos “intelos”, de disgustar a las chicas guapas, etc., si se emite unas ideas al margen del sistema. Es lo que ha pasado con Jean Baudrillard. Ser políticamente correcto, no es un problema de ideas, sino de inserción social.

La astucia de lo políticamente correcto

 Lo políticamente correcto funciona sobre el “simulacro de la inversión”, una astucia extraordinaria: se denuncia el “pensamiento único”, pero en verdad, el discurso es totalmente correcto; como por ejemplo Jean-François Kahn que simula ser políticamente incorrecto aunque está completamente poseído por la ideología hegemónica. ¡Y denuncia lo “políticamente correcto”! Todo pensamiento rebelde es así neutralizado por unos simulacros de rebelión. Se debe saber cómo desenmascarar los pensamientos “políticamente correctos” camuflados de incorrectos, de Benamou a Bourdieu, sin olvidar la redacción de Charlie Hebdo[1].

De la censura a la distracción

El sistema no utiliza la censura brutal, excepto en unos casos muy limitados, sino el desvío mental, etimológicamente la distracción. El sistema focaliza sin pausa nuestra atención sobre los problemas inesenciales. No solamente se trata del clásico truco del embrutecimiento de la población por el aparato mass-mediático de la sociedad del espectáculo, cada vez más sofisticado, verdadero “prozac audiovisual”, sino también del camuflaje de las cuestiones políticas esenciales (inmigración, contaminación, política de transportes, envejecimiento demográfico, ruptura financial de los presupuestos sociales hacia el horizonte del 2010, etc.) por unos debates secundarios y superficiales: matrimonio homosexual, paridad obligatoria de elegidos de los dos sexos, dopaje en el deporte, despenalización del cannabis, etc. Estos problemas insignificantes evitan que las verdaderas cuestiones urgentes y cruciales sean tratadas, lo cual, evidentemente, es la situación ideal para una clase política preocupada, por arribismo, de no disgustar nunca a los electores. Constantinopla está asediada, pero se diserta sobre el sexo de los ángeles

 

La “concertación” y la “negociación”, plagas de la democracia moderna

 La clase política de los “moderados” (según esta palabra horrible, aborrecida por Abel Bonnard[2]) ha inventado un concepto temible: la concertación, como sinónimo de “modernización de la democracia”. Es uno de los  signos de degeneración y de suicidio de la democracia liberal occidental. La concertación es el pretexto para la inacción. Paraliza todas las decisiones y las reduce a compromisos bastardos y minimalista, pues significa que estas últimas tienen que estar precedidas por acuerdos globales de los grupos de presión y de los sindicatos minoritarios. En los casos de urgencia, esta práctica se demuestra funesta. La concertación es el antifaz del miedo a actuar, del miedo a los riesgos y a las responsabilidades. Sobre todo no herir a la clase mediática, no enfrentarse a las minorías activas de la correción política, no enfrentarse a los sindicatos aferrados a sus privilegios como a un clavo ardiendo: ningún conflicto, ningún problema. Uno no debe enfrentarse a los camioneros, los “jóvenes”[3], los profesores, los pescadores, etc. ¿El interés general? Los políticos no conocen esta palabra. Luchar contra el fuego es penoso, y se pueden quemar la cola. La concertación significa el hundimiento del Estado democrático de derecho, porque los dirigentes renuncian a sus programas, ratificados por la mayoría del pueblo, en provecho de ciertos compromisos con las instituciones no representativas. La verdadera “concertación” es el sufragio popular, es la voluntad del pueblo. Resultado del reino de la “concertación”: el statu quo, el conservadurismo, la dejadez, el retroceso de lo político.

La otra cara mórbida de la concertación es la negociación. Cuando una decisión política legal y legitima choca contra una minoría ínfima apoyada por los mass-media, el gobierno cede y la vacía de su substancia; por miedo, pereza, cobardía o desaliento. Consecuencia: la ley es sustituída por la excepción y el privilegio, la decisión por la indecisión,  la solución por la derrota y el compromiso.

Ejemplos: los inmigrantes son, en este momento,  inexpulsables de facto; toda reforma de la Educación Nacional[4], totalmente esclerotizada, es imposible, todo plan de reforma de la Seguridad Social fracasa, toda política racional de transportes es inaplicable, etc.

La campeona, en este dominio, es la derecha parlamentaria. Nunca ha admitido que la política sea un combate ni que es indispensable e inevitable disgustar a una parte de los electores, enfrentarse a las corporaciones, sufrir los sarcasmos moralizadores de la izquierda. Pero los gobiernos de derechas siempre fueron softs. Tienen miedo de la batalla y se no atreven a aplicar las ideas por las cuales han sido elegidos. En el fondo, no se sienten realmente legitimados a sí mismos. En Francia, un poder de derechas prefiere no disgustar a los que han votado contra él antes que satisfacer a los que sí han votado para él. ¡Como estos diputados RPR encantados de que  la izquierda los aplaudan, después de su voto –contra su campo y el deseo de sus electores- en favor del PACS, el Pacto Civil de Solidaridad[5]!

La pareja “concertación-negociación”, bajo de un pretexto moral y democrático, firma la dimisión de la democracia y del Estado de derecho. Los sistemas políticos occidentales rechazan el principio de autoridad y el decisionismo legal. Se condenan al fracaso y al hundimiento. ¿Quizás preparan el retorno de los autócratas?

 

¿Cómo crear unos “territorios ideológicamente liberados? Por la donación del “sentido”

Para salir de la jaula ideológica en la cual estamos encerrados, es importante crear unos territorios ideológicamente liberados. El sistema, en tanto que ideológicamente hegemónico, arrogante, se muestra demasiado ineficaz e ininteligente en sus tentativas de censura. Para una corriente de pensamiento radical existe una posibilidad que hay que aprovechar, particularmente con la juventud.

La gran debilidad del sistema es que toma a la gente por imbéciles y busca el adormecerla mediante unos procesos demasiados groseros. Al final es ineficaz, porque la gente se aburre. Para poner un dique a las “ideas peligrosas”, el sistema ha encontrado la solución: desecar cada idea. Sobre todo no reflexionar. Es políticamente correcto, en los mass-media o en las relaciones sociales, aquello que es habitual, banal, previsible, anodino, fútil, o lo que es “bueno”, “moral”, “fun”. La increíble mediatización del deporte es una de las partes de este dispositivo. Pero al final, este vacío ideológico, muy abierto, esta ausencia de valores que sostiene a un humanitarismo hipócrita, esta laguna carente de profundidad de debate, esta superficialidad de la “cultura zapping”, esta repetición de cosas sin importancia, terminan por crear una abstinencia.

El futuro y el poder pertenecen a aquellos que tienen cosas que decir, a aquellos que sitúan las cuestiones verdaderas. Simplemente, porque son más interesantes, como novelistas que cuentan verdaderas historias y no fábulas soporíferas, y porque ponen el dedo en la yaga, allí donde hace daño, porque responden a las “verdaderas preguntas que intetesan a la gente”, según la formula de Margaret Thatcher. Es en esta brecha donde ha de situarse meterse todo proyecto radical en estos tiempos de conservadurismo absoluto. La juventud espera que un movimiento le dé Sentido.

 

Sociedad del espectáculo y sociedad del juego

La Sociedad del Espectáculo; denunciada en 1967 por Guy Debord como una sociedad de alienación, no fundada en exclusiva sobre la explotación económica, sino también sobre la dictadura permanente de las imágenes y de los objetos y sobre la multiplicación de experiencias simuladas por la industria de la distracción; se ha sofisticado considerablemente. No únicamente por la explosión de la esfera audiovisual y de Internet, sino también porque esta sociedad del espectáculo, para captar la atención del público, se ha recentrado sobre el espectáculo del Juego. El juego –simulacro de la guerra- ha sido, desde siempre, un comportamiento con una fuerte descarga fisiológica, que permite al “Dueño del Juego” controlar a los actores y a los espectadores. En Roma, los juegos del circo fueron un medio político para apagar las tensiones sociales. Así, asistimos a un crecimiento considerable de la influencia del Juego: deportes-espectáculos retransmitidos en todo el planeta, explosión de los videojuegos y, en poco tiempo, de los juegos virtuales (¡colmo del simulacro!), multiplicación de los productos propuestos por la “Française des Jeux”[6] y de los “parques de atracciones”, etc. Pero, el juego es, por definición, el dominio del vacío. No tiene ningún sentido. Ganga para el sistema: “pagad y jugad; pagad y mirad de jugar”: No es un azar que los Estados occidentales alienten esta Sociedad del Juego, como hizo la Roma decadente de la antigüedad, pero con añadiendo la potencia de impacto de lo audiovisual y de la informática. Los CD-ROM sobre juegos, que inundan a las clases jóvenes en edad, excluyen las actividades “peligrosas”: leer y pensar. El juego liquida estos virus insoportables llamados ideas.

Pero esta estrategia parece, a plazos, estar condenada al fracaso. Es la misma del Big Brother orwelliano de 1984, o de la película Fahrenheit 451, en un versión soft, evidentemente. Una sociedad no puede sobrevivir mucho tiempo sin legitimación positiva. Desviar la atención e infantilizar... esta estrategia indigente e imbécil solamente puede funcionar por poco tiempo. “Vé a jugar y deja a tu padre tranquilo”. Privada de verdaderos discursos y de resultados prácticos para resolver los problemas cada vez más graves, sin objetivos movilizadores, la ideología hegemónica no podrá, a plazo largo, sobrevivir sobre el vacío y la negatividad, sobre la cultura de lo insignificante y de la entertainment industry.

 

El deporte descarriado

Los “dioses del estadio” de la mitología de la preguerra han muerto. A escala mundial, el deporte no  es solo una industria (el volumen de negocios de la FIFA es más importante que el de Francia), un lugar generalizado de corrupción, de dopaje, de salarios fantásticos, sino también una parte del mundo del show-business, y -nuevo opio del pueblo en un Occidente sin religión- participa totalmente y es cómplice de la empresa de descerebración generalizada.

El espectáculo deportivo infantiliza los espíritus, camufla las realidades sociales y los fracasos de lo político. La reciente Copa del Mundo de fútbol fue un brillante ejemplo. El pensamiento oficial saludaba la victoria francesa como la de la “multirracialidad y de la integración lograda”, como el símbolo de una “Francia que, por fin, triunfa[7]. Simulacro, mentira y disimulo.

Unos hechos: hacer jugar juntos once atletas de diferente origen étnico, todos muy bien pagados, constituye un “caso limite” que no muestra ninguna “integración” en la población; la integración de este equipo no es significativa de la “Francia plural”, sino, al contrario, camufla debajo de un ejemplo falso el fracaso radical del melting-pot republicano; aunque fuese atribuida la victoria a los negros y beurs[8] del equipo nacional, ¡sus hermanos de las “ciudades periféricas” no estaban autorizados a entrar en los estadios, por “razones de seguridad”! El hecho de que unos forofos “de color” (principalmente chicas, por cierto) se hubieran pintado la cara en “tricolor”, bajo del ojo de las cámaras, fue para la clase intelectual la prueba de que “la Francia multirracial funcionaba”: ¡Que tontería! Exactamente como en Brasil, donde la sociedad multirracial es una sociedad multirracista, la presencia de vedettes futbolísticas “de color” permite disimular la realidad. Apenas ordenados los farolillos de la victoria deportiva, se repetían los motines en las “cités[9]”, las peleas mortales en las calles y en las escuelas; en homenaje al jugador kabil, naturalizado francés, Zinedin Zidan, se han visto una sarta de banderas argelinas en los Champs Éysées; después de dos victorias del equipo de Francia, las bandas étnicas se han enfrentado varias veces a la policía o a los holigans británicos, en motines urbanos en París y Marsella. ¡Que bello éxito el de la “integración”! Colmo de las gilipolleces (y del racismo): Libération, el órgano oficial del antirracismo bienpensante, ha criticado el equipo alemán porque solamente contaba con “jugadores rubios”, sin ningún inmigrante turco o de otro origen , del hecho del derecho de la sangre, y ha afirmado que la derrota alemana podía explicarse por esta escandalosa “pureza étnica”.

De hecho, la victoria de un equipo multirracial de fútbol ha permitido tapar el fracaso concreto de la integración, y en lugar de favorecer la multirracialidad, ha desarrollado un poco más el multirracismo.

¿En qué ha reducido esta victoria del equipo de Francia la “fractura social” y la “exclusión”? ¿En qué contribuye a crear empleos y rechazar la emigración de los cerebros científicos franceses hacia California? ¿En qué intensifica la posición diplomática, política o cultural de Francia en el mundo (McDonald’s, patrocinador del Mundial...)? ¿En qué muestra la superioridad de una sociedad pluriétnica sobre una sociedad monoétnica? En nada. Se prostituye al deporte para acreditar mentiras políticas.

La religión del fútbol, las histerias colectivas que provoca, los disfuncionamientos psicológicos que engendra (hinchas que se arruinan para comprar una entrada que cuesta tres meses de salario), explican esta función descarriada del deporte de hoy: crear un sector económico lucrativo y un espectáculo de masas, cuyo resultado es una manipulación de la conciencia política. El sistema desvía el espíritu de las multitudes hacia la focalización teatral de acontecimientos irrisorios. Más exactamente, por medio del deporte el sistema transforma un espectáculo neutro en un acontecimiento cargado de sentido.

El deporte moderno representa exactamente el mismo rol que los juegos circenses de la Roma decadente: “panem circencesque”. “RMI[10] y fútbol”. Mentir y hacer olvidar. El deporte moderno entra exactamente en la misma lógica, pero de manera más soft –ya que tenemos miedo de la sangre y de la “realidad”- que las empresas de gladiadores, esos esclavos adulados y sobreasalariados.

 

El deporte como circo

Se asegura que el deporte-espectáculo evita las guerras porque crea enfrentamientos simbólicos y pacíficos, neutralizando así las pulsiones nacionalistas. La historia del fútbol es una muestra exacta de lo inverso, con una letanía de peleas mortales entre hinchas e ultras que avivan las pasiones nacionalistas. En Europa, el nacionalismo y el chauvinismo, que normalmente tenderían a desaparecer, son avivados por las pasiones hacia los equipos nacionales.

Es de notar el embrutecimiento mental y la infantilización provocados por esta rabia del deporte. Es penoso ver a la población masculina –y ahora también femenina- discutir con fervor sobre las hazañas o el destino de equipos y de atletas que no tendrán jamás ninguna incidencia sobre su vida ni sobre la de su nación. Las cuestiones sin objeto y sin incidencia movilizan la atención general.

El deporte también mantiene la fascinación mórbida por la fuerza física bruta, que es lo contrario del coraje físico (el del soldado) y también por la “forma física”, porque los atletas de alto nivel sufren en un organismo fragilizado por el sobreentrenamiento y el dopaje. En una sociedad sin coraje físico, éste se compensa por la adulación de la hazaña física cuantitativa y sin ningún interés. Este culto de la hazaña cifrada, subproducto de un materialismo desatado –más rápido, más alto, más musculoso, más resistente, etc.- se expresa en el reino del récord. Se coloca en un pedestal a los individuos que han batido un récord físico: es una verdadera animalización del hombre, una negación de su dimensión cerebral. Pero, ¡joder!, cada liebre, galgo, caballo o avestruz aplastaría a Ben Johnson en un esprint; cada chimpancé o canguro masacraría a Tyson, el campeón mundial de boxeo peso pesado; en cuanto al récord de salto en altura, el especialista es el halcón, con unos 5 500 metros.

Se replicará que existen deportes que recurren a la inteligencia, a la maña y al coraje: el tenis, el esquí, la vela, por ejemplo. Bueno. Pero dos tontos, que se devuelven una pelota por encima de una red, ¿merecen una focalización mediática tal? ¡Las hazañas de los trapecistas o de los domadores de circo, a su lado,  parecen tan admirables! En cuanto a los “deportes extremos”, las regatas transatlánticas, la travesía del continente antártico a pie (¿Y cuándo sobre las manos?) o del Pacífico con remos; todo esto refleja un gusto de inutilidad, de aburrimiento, de futilidad. Ya no hay nada en juego. Solamente unos riesgos (calculados) para hacerse notar por los patrocinadores y los medias. Antiguamente, la regata de los barcos de velas, como la ruta del Ron, tenía un sentido: traer lo más rápidamente posible los productos para ser así los primeros en el mercado. Hoy, estas regatas son hazañas insensatas, carreras sin meta, un trabajo sobre el vacío, un puro espectáculo remunerado, es decir un trabajo de circo, pero sin la risa de los payasos.

Curiosamente, los únicos deportes interesantes son los deportes étnicos, que no están mundialmente mediatizados, como la pelota vasca.

Así, ¿se tiene que condenar al deporte?. No, si es entendido como ejercicio físico de amateurs y si sirve para mejorar la inteligentemente y la higiene de vida y a formar físicamente los combatientes sobre el terreno. El deporte se encuentra así finalizado, sirve para algo. Los Juegos Olímpicos de la Grecia antigua, que hoy han perdido totalmente su sentido, no eran un “acontecimiento deportivo”, sino un entrenamiento militar. Ningún profesional, únicamente amateurs.

El deporte-espectáculo mundializado de hoy tiene dos funciones: crear falsos entusiasmos infantilizadores que neutralicen la conciencia ideológica y política entorno a una serie de no-acontecimientos; y desarrollar un sector nuevo de la industria del espectáculo, muy poco creador de empleo, a menudo mafiosa, pero dotada de inmensos recursos financieros, recursos que son aceptados por las masas.

¿Y las corridas? No son deporte, son corridas...

 

La recuperación de la fiesta

Siempre en la misma lógica de los juegos del circo, el sistema ha desarrollado, paralelamente a los deportes, la practicas de las fiestas: Gaypride, Tecnopride, Fiesta de la Música, etc. No tienen ninguna espontaneidad, no son tradiciones populares de la sociedad civil, como las ferias, los carnavales, los solsticios, las procesiones, los bailes, la Bierfest de Munkh, etc. Están organizadas a propósito y financiadas por el Estado, artificialmente, como explosiones de hibris desestructuradas que hacen el papel de droga colectiva. No tienen ningún sentido; no representan la expresión de la alegría popular. Por cierto, sistemáticamente, estos simulacros de fiestas tienen que ser vigiladas por la policía y provocan motines.

 

Anatemas religiosos y pensamiento inquisitorial

En un artículo de agosto de 1998 publicado en la revista Marianne, Pierre-André Taguieff, teórico oficial, pero un tanto ambiguo, del “antirracismo”, se entrega a un ejercicio muy significativo de la esa torpeza tan típica de su corriente de pensamiento, que establece la ley dentro del mundo de los mass-media. Ataca violentamente, bajo el pretexto de una carga contra los “peligros” del Frente Nacional, las tesis de un demógrafo y economista, supuestamente cercano del FN, que afirma que: 1) los nuevos inmigrantes cuestan a Francia más de doscientos mil millones de francos[11] cada año. 2) cerca de 600.000 inmigrantes ilegales están instalados en el suelo francés. Taguieff trata estas cifras de pura fantasía. Pero en ningún momento, argumenta científicamente con cifras y estadísticas; en ningún momento contradice concretamente lo que está criticando. Asombroso por la parte de un pensador que se dice racional y científico. Prefiere las acusaciones morales de naturaleza cuasireligiosas (denunciar una inmigración excesiva y costosa es preparar una futura “limpieza étnica” y ser culpable del pecado capital de “racismo”, castigado por la religión laica republicana),  a los contraargumentos cifrados y demostrables, que evidentemente no tiene.

Como antiguamente los Inquisidores contra Galileo, se responde a los hechos por medio de anatemas, por llamamientos a una ética transcendente dudosa. Extraordinaria vuelta histórica: los herederos de la racionalidad del Aufklärung finen por recurrir a los argumentos irracionales y mágicos o parareligiosos; los herederos de las teorías de la libertad de expresión y de la emancipación terminan por exigir la prohibición y la penalización de tesis (y de constataciones) que les molestan; los herederos de la democracia igualitaria rechazan al pueblo, en nombre de razones “éticas” y cuasimetafísicas, el derecho de pronunciarse sobre la cuestión de la inmigración. Como sobre varias otras cuestiones, por lo demás...

Cortas de argumentos, las elites “aclaradas” usan del arma que acusan a su adversario de utilizar: el oscurantismo y la tiranía.

 

Sobre el cine y la hegemonía cultural norteamericana

Godard, en su último libro, se queja, como muchos, de la hegemonía del cine norteamericano. He trabajado para el cine norteamericano (producción de “versiones francesas”) y he conocido el problema desde dentro. Unas verdades practicas:

1 – El cine norteamericano domina el mercado mundial porque se piensa como una industria y no solamente como una “creación”. Una película de Hollywood no solamente es una “obra”, sino el “clip” publicitario de toda una gama de artículos (ET, Starwars, Jurassic Park, etc.). El lado industrial de la obra no le quita forzosamente su valor artístico, como se cree en Francia.

2 – El éxito de las superproducciones de Hollywood se explica por su carácter imaginativo y épico, por su rigorismo dramático, por el ultraprofesionalismo de la producción y de la distribución, por una tecnicidad perfecta... por lo cual es comprensible que repare ampliamente en la frecuente indigencia de los escenarios o los clichés infantiles. El cine de Hollywood es una especie de “Julio Verne filmado”, y a menudo con los escenarios escritos por los Europeos aburridos de la ausencia de dinamismo de la producción europea.

Los franceses y los europeos han perdido el sentido de la epopeya y de la imaginación (excepto Besson). ¿Por qué no encontrarlo de nuevo? ¿Quién nos lo prohibe? ¿Por qué ningún europeo no ha tratado (a nuestra manera, sin dudas más inteligente y  dramática) los temas de ET, Jurassic Park, Armaggedon, Deep Impact, Twister, o Titanic? Veremos un poco más lejos que la excusa financiera es falsa. Lo mismo ocurre en el dominio de la novela, inundada por las traducciones de thrillers norteamericanos. ¿Quién nos prohíbe restablecer la tradición de los Julio Verne, Paul d’Ívois, Barjavel?. ¿Dónde están nuestros Philip K. Dick, Stephen King, Robert Ludnum, Michael Crighton? En lugar de esto, como también sucede a menudo en el cine, la novela, deserta, por desprecio hacia el nicho del mercado popular, produciendo diversas obras snob, aburridas, con preocupaciones microscópicas, que se venden mal. Es traicionar a Moliere pensar implícitamente que una creación popular tiene que ser forzosamente de calidad inferior. De hecho, el dominio cultural norteamericano en materia de cine y de novela (y, por carambola, en todas las otras industrias populares audiovisuales  y de ocio) se explica, a pesar de su frecuente mediocridad, por el carácter épico e imaginativo de sus temas. El público prefiere una obra con una fuerte dramática, sin grandes ideas ni excelencia estética, a una aburrida, pero estetizante e intelectualmente sobrecargada. La solución para los creadores europeos, si quieren oponerse a los norteamericanos sería la siguiente: realizar obras con una fuerte carga dramática popular y dotada de escenarios culturales de alta gama. Nuestros novelistas del Siglo XIX sabían hacerlo.

3 – Para explicar esta dominación se usa con frecuencia el argumento financiero y aquel del “enorme mercado monolingüístico norteamericano” que prerentabiliza las producciones exportadas. Es un sofisma. Una superproducción cuesta, incluida la promoción, unos 100 millones de dólares como máximo, es decir unos 15.250 millones de pesetas. Se trata de una pequeña inversión industrial perfectamente realizable por los europeos. Es siempre menos costoso que las “Cámaras Regionales” suntuosamente pagadas por el contribuyente, o que la prolongación de una estación de una línea de metro. Pienso en “Los Amantes del Pont Neuf”, “intelo” birria y soporífera, financiada por el contribuyente a causa de la presión de Jack Lang, que fue un completo fracaso comercial, ¡que ha costado el precio de una superproducción de Hollywood (se reconstruyó el barrio parisino del Puente Nuevo cerca de Montpellier en formato real)! Se cree soñar, pero no se sueña. No se puede acusar a los norteamericanos (como lo hizo Belmondo) de “aplastar nuestro cine”. En cuento al argumento del mercado monolingüístico norteamericano, es una pura mentira. Las nuevas técnicas del doblaje han bajado más de un 100% los costes de este último. Se puede realizar una película en cualquier idioma, porque, al contrario que en los Estados Unidos, las versiones dobladas no repelen al espectador. Una película francesa podría prerentabilizarse perfectamente en el mercado europeo no-francófono; con la condición de ser popular... Pero a la “clase intelectual” no le gusta esta palabra: “popular”; es sucia, y,  para los dirigentes culturales (en general de izquierdas), no es un sinónimo de calidad. ¿Por qué, en estas condiciones, asombrarse de que la industria cultural norteamericana aproveche, a cuenta nuestra,  este prejuicio estúpido, este snobismo paralizante?

4 –Los norteamericanos tienen la costumbre de decir: “Los Franceses tiene un talento tremendo, pero no saben desarrollarlo, son unprofesional (“practican el amateurismo profesional”)”. De hecho, en Francia, los rodajes carecen de rigor, el enchufismo y el nepotismo reinan por todas partes (la prole de las stars instituídas y generalmente poco dotada, roba el puesto a los jóvenes talentos); los montajes financieros son flojos y nada claros; la promoción no está bien hecha, etc. El mismo defecto se señala en el dominio de la novela. Resultado: el talento, si existe, está malgastado, y es más fácil trabajar para los enchufistas mediocres o miembros de redes que para la gente de talento. Es un mal francés ya denunciado por La Fontaine (el síndrome de los cortesanos) o por Balzac (la carta de introducción).

Una anécdota: conocí, en 1995, a un joven artista francés extremamente dotado pero que no encontraba trabajo alguno; era RMIsta[12] y no podía comer todos los días. No era miembro de ninguna red, de ninguna mafia; era bretón, heterosexual, casado y padre de cuatro hijos. Es decir, para la Francia parisinista, un perfil de loser. No podía obtener entrevistas. Ha cambiado de estrategia... Hoy es el director artístico de los estudios Steven Spielberg en Silicon Valley, cerca de San Francisco. Este bretón dotado, abandonado por Francia es ahora una pieza esencial en el dispositivo de la producción cultural norteamericana, le dona esa french touch (“pata francesa”), tan apreciada. Proximamente va a solicitar la nacionalidad norteamericana.

 Culturalmente, tanto políticamente como geopolíticamente, los norteamericanos únicamente son fuertes a causa de nuestra propia debilidad, de nuestra propia ausencia, de nuestras rigideces y de nuestra falta de dinamismo y de voluntad. Dejemos de gemir: América ocupa, de forma natural, el terreno del que hemos desertado.

 

Orden social y principio de placer

En una sociedad de valores asumidos, la “familia” y la reproducción de la especie, como la transmisión de los valores esenciales, están amenazadas por la emergencia del “principio de placer”.

Una sociedad de orden puede integrar perfectamente varias practicas paralelas con una vocación minoritaria. No se debe ser tolerante o laxista, sino orgánicos. La derecha, como la izquierda, en este punto, se han equivocado en demasía. La una y la otra han practicado una lógica monista de exclusión, la del “o, o” y no los valores plurales de inclusión, los del “y”. Se pueden hacer coexistir en una concepción orgánica dos principios opuestos: la familia fecunda y tradicional, y las desviaciones, la mujer-madre y la heteria, la familia serena con el lupanar y el desenfreno, según una regla de jerarquía.

El “clan homo” y la izquierda intelectual se enfrentan implícitamente al modelo familiar y a la mujer en la casa, con un odio y una intolerancia increíbles. Aunque los medios conservadores, proyectando una visión errónea y fijada de la “tradición”, defienden siempre las posiciones puritanas.

En verdad, se debe de volver a una visión arcaica de las cosas: integrar el desenfreno y lo “orgiástico” –aquel sobre el que habla Michel Maffesoli en La Sombra de Dionisos- con el orden social. Cuando este último es fuerte, lo orgiástico puede desplegarse bajo su sombra, en secreto, como sabían hacerlo las sociedades de la Antigüedad. Es simple sabiduría. El “principio de orden” es conforme a millones de años de leyes de reproducción de la especie y a la transmisión de la prole, de la cultura y de los valores. El “principio de placer” debe ser tolerado e hipócritamente administrado, porque es humano e irradicable, pero nunca transformarse en una norma dominante. ¿Apología de la mentira y de la hipocresía? Sí. ¿ Pero habéis visto alguna sociedad fundada sobre la transparencia? En general, se concluye por el totalitarismo. Se tienen que reabrir los burdeles. Es mucho más urgente que cerrar las líneas calientes del Minitel[13].

Lo orgiástico es aun más fuerte cuando están tapado, virtualmrente simulado por la pornografía. La explosión de la industria del sexo únicamente es el espejo de la miseria sexual de la época. En cuanto a las películas X, he estado al “otro lado de la cámara”, como actor. Disfruté mucho, pero compadecía las frustraciones de los pobres espectadores.

Soy partidario de las orgías sexuales, de las fiestas, de los placeres dionisiacos, pero subordinados al ordo societatis, articulados por él. Bacanales y Saturnales del mundo antiguo... Cuando el orden social es potente, el principio de placer y lo orgiástico pueden desplegarse bajo su sombra, sin destruir la cohesión de la sociedad. Mejor: cuando lo orgiástico está poco balanceado, mediatizado, expuesto, es muy intenso. Eros y Dionisos se vuelven insípidos cuando pueden verse cada noche por la televisión. Un desenfreno de calidad necesita del silencio y del secreto, es decir, del pudor que es el motor del erotismo y del desbordamiento de la sexualidad. Pero la sociedad del espectáculo y la modernidad, supuestamente emancipadoras y liberadoras, al final terminan por pelearse con el libertinaje y el sensualismo, con todo refinamiento sexual. Como en los todos dominios, el retorno a la alegría sexual, a la auténtica sensualidad, solamente serán posibles por la restauración de los principios de orden, en el cuadro de sociedades futuras rigurosamente ritualizadas. Arqueofuturismo...

 

Homosexualidad, crisis demográfica y etnomasoquismo

Lo grave, hoy, es que la homosexualidad se está transformando en un modelo superior de valores, un modelo más evolucionado y más conveniente que la heterosexualidad, implícitamente considerada como “paleta”. Con la intolerancia característica de su corriente de pensamiento pseudolibertario, un intelectual de talento, escritor homosexual de izquierdas, en un artículo reciente aparecido en el diario francés Le Journal du Dimanche, defendía el PACS y se ofendía por la actitud de la derecha que “denunciaba el PACS como un matrimonio homo”, y definía, en una carga odiosa y crispada contra las parejas heterosexuales, la familia como “un pequeño núcleo egoísta” ( 11/10/98).

De esta forma asistimos a una inversión de la situación precedente, cuando la homosexualidad estaba abusivamente reprimida. La homosexualidad, que debería quedar en la esfera privada, se impone ahora como valor en la esfera pública.

Parece que existe una coincidencia inquietante entre la crisis demográfica, el derrotismo cara a la inmigración y a los valores machistas del Islam, y la apología latente de la homosexualidad, masculina y ahora también femenina. Es como si, subrepticiamente, por etnomasoquismo, todo lo que era europeo era culpable de engendrar y de reproducir un modelo familiar, sexual y genético milenario.

En unos años, los bienpensantes han anatematizado una campaña de publicidad en favor de la natalidad en la cual podían verse a unos bebes rubios. Para ellos, el natalismo europeo es una forma de racismo. La familia europea fecunda es culpable de imperialismo biológico. Fantástica inversión semántica, típica de una mentalidad tiránica y totalitaria.

No se puede preconizar ninguna represión de la homosexualidad, ni proyectar una prohibición de sus parejas, ni desfavorecer socialmente a estas últimas. Pero prever legalizar una forma de “matrimonio-bis” para los homosexuales tendría efectos simbólicos destructores.

¿Por qué? No es importante saber si los matrimonios son “antinaturales” o no. Esto a la gente le da igual. Es un debate sin fin, y por lo demás, pseudobiológico. Pero existe un hecho: el matrimonio o la unión legalizada heterosexual necesita de protecciones y de ventajas públicas concedidas a las parejas susceptibles de tener niños para renovar así las generaciones, lo que no es sino un “servicio” objetivo donado a la sociedad. Legalizar y privilegiar fiscalmente las uniones homosexuales es proteger las uniones estériles. Es señal de una exacerbación el obsesionarse por el individualismo. Es confundir el deseo con el derecho. Es despreciar el interés colectivo y pisotear el buen sentido, noción con la cual la izquierda francesa, la más estúpida del mundo, esta en discordia desde 1789, por causas del onirismo ideológico.

Legalizar las uniones homosexuales no es sino hundirse en el confusionismo del “todo igual a todo”, denunciado por Alain de Benoist. ¿Y, a lo demás, por qué no los matrimonios entre humanos y chimpancés? Ya que únicamente importa el derecho individual y el deseo, es decir la fantasía personal y el desprecio de las realidades biosociales milenarias, todo es posible... El progresismo es un infantilismo...

Además, las parejas homosexuales son generalmente efímeras y funcionan muy mal. Es lógico: todas las anomalías genéticas o etológicas son difíciles de asumir. Pueden vivir su vida, tolerados y respetados, pero no tienen que imponer sus normas como una minoría tiránica,  reivindicando privilegios. Como lo han visto muy bien una multitud de psicólogos –particularmente Tony Anatrella, que reformula las tesis de Freud sobre este tema- la homosexualidad es una neurosis de inmadurez. Cada vez son más numerosos los biologistas que piensan que la homosexualidad simplemente es una afección mental hereditaria. Fundamentalmente, el homosexual, hombre o mujer, no es afectivamente feliz. Sufre por su enfermedad sexomental, está frustrado porque no puede integrarse en la normalidad y en el equilibro sociobiológicos.

Hoy, el problema de los gays es principalmente de tipo psicoanalítico. Como todas las minorías que han obtenido satisfacciones, que están reconocidas, los homosexuales están furiosos de no ser ya víctimas: están frustrados de  no ser ya perseguidos. Quieren que la gente hable de ellos. Quieren cada vez más de más. Quieren compensar las antiguas desgracias con privilegios infantiles. Lo que explica su agresividad, contrapartida de su desgracia interior.

¿Legalizar la unión homosexual con ventajas fiscales? Bien. Pero, como siempre, la potencia de la realidad acabará por matar esta utopía. Sic transit imbecillorum.

 

Cuando el deseo prima sobre el derecho

Los “sin-papeles”, inmigrantes clandestinos ilegales, están autorizados, gracia a la potencia de los mass-media y de los grupos de presión minoritarios, a quedarse en Francia. Su deseo prima, pues, sobre la ley votada por los representantes del pueblo francés.

Es una de las paradojas de la ideología de los Derechos Humanos. El interés particular, bien defendido, prima sobre la voluntad general. ¡Qué oportunidad para las mafias!

Los camioneros, los pescadores, los pilotos, los sindicatos de la Educación Nacional o de los estudiantes (muy minoritarios pero muy activos), los agricultores subvencionados, los conductores de trenes, etc. afrontan impunemente la ley y se enfrentan al gobierno para defender los corporativismos egoístas. Por cobardía y arribismo, la clase política deja hacer.

En todas partes, el deseo de una minoría triunfa sobre la ley. Paradoja: Los partidarios de “La República” firman la derrota del Estado de derecho. No se dan cuenta que estos desordenes se acabarán por medio de una solución arcaica muy eficaz: la tiranía, donde la voluntad del tirano substituye a la de la ley y a la voluntad general, pero sin ceder a los deseos particulares.

Esta idea es la que está lanzando Jean-Pierre Chevènement. Pero está muy solo.

 

La “revolución biolítica” y la gran crisis ética del Siglo XXI

El Siglo XXI  asistirá de forma inevitable a un conflicto entre las grandes religiones monoteístas (Islam, Cristianismo, Judaísmo, religión laica de los Derechos humanos) y los descubiertos de la tecnociencia en los dominios de la informática y de la biología. En su libro La Revolución biolítica, (Albin Michel, 1998), Hervé Kempf explica que la ciencia está cumpliendo un “pasaje” comparable al de la revolución neolítica que hizo transitar al homo sapiens de la recolección y de la caza a la agricultura, la ganadería y el modelaje del medio ambiente. Estamos viviendo una segunda gran mutación tanto biológica como informática. Esta revolución se produce por la transformación artificial de los seres, la humanización de las maquinas (futuros ordenadores cuánticos y sobre todo biotrónicos) y las interacciones hombre-robot que producen.

El antropocentrismo y la definición unitaria de la “vida humana”, como valores en sí mismos, que constituyen los dogmas centrales tanto de las religiones monoteístas como de las ideologías igualitarias de la modernidad, van a entrar en contradicción brutal con las posibilidades que ofrece la tecnociencia, sobre todo la alianza “infernal” de la informática y de la biología. Un conflicto mayor se va a oponer entre los laboratorios y los dirigentes políticos y religiosos que intentarán censurar y limitar las aplicaciones de los descubiertos. Y no es seguro que lo conseguirán...

Los nacimientos artificiales en incubadores, los robots biotrónicos inteligentes y “parasensibles”, cuasihumanos, las quimeras (síntesis hombre-animal cuya patente ya ha sido registrada en los Estados Unidos), los “manipulatos” u hombres transgénicos”, los nuevos órganos artificiales que multiplican las facultades naturales, la creación de superdotados o de superresistentes por medio del eugenismo positivo, las clonaciones, etc., van a hacer tremblar la vieja concepción igualitaria y sacral del ser humano, aun con más fuerza que Darwin y las teorías evolucionistas. La “manufactura de lo humano” ya se está preparando: fabricación de órganos artificiales, procreación asistida, estimulación de las funciones cerebrales, etc., y la confección de maquinas con procesos biológicos (ordenadores neuronales, chipes de ADN), será posible en muy poco tiempo. Son todas las definiciones de lo humano, de lo viviente y de la maquina las que tendrá que ser reformuladas. Hombres artificiales y maquinas animales...

En el Siglo XXI, el hombre no será nunca más lo que fue. A todo esto seguirá una angustia ética cuyos efectos serán devastadores. Un choque mental, con consecuencias imprevisibles, se producirá probablemente entre dos mundos: el de la nueva concepción biotrónica o biolítica y el de la antigua concepción de las grandes religiones y de la filosofía moderna igualitaria de los Derechos Humanos.

Únicamente una mentalidad neoarcaica podrá soportar este choque, porque antiguamente, desde los incas a los tibetanos, de los griegos a los egipcios, no era el hombre el que estaba situado en el centro del mundo, sino las divinidades, que podían perfectamente encarnarse en toda otra forma de vida.

La tecnociencia del futuro nos invita no a deshumanizar al hombre, sino a dejar de divinizarlo. ¿Es el fin del humanismo? Es cierto.

 

Genética e inigualitarismo

Una  de las tesis centrales del “arqueofuturismo” es la siguiente: paradójicamente, la tecnociencia del Siglo XXI va a destruir los fundamentos de la modernidad. La genética va rehabilitar las cosmovisiones inigualitarias arcaicas. Un ejemplo sencillo en el tema genético: el establecimiento de la “tarjeta del genoma humano”, el estudio de las enfermedades hereditarias, el desarrollo de las terapias genéticas, las investigaciones básicas sobre del cerebro, sobre el SIDA y las enfermedades vírales, etc., ya empiezan a mostrar concretamente la desigualdad del hombre. La comunidad científica está atrapada en un torno: ¿cómo obedecer la censura de lo políticamente correcto, ceder al terrorismo intelectual del igualitarismo y a la vez proclamar las verdades científicas eventual y terapéuticamente útiles? Estamos en las puertas de un conflicto, un conflicto grave. Ya, los genéticos, los sexólogos, los virólogos, tapan con dificultad que uno de los mitemas canónicos de la religión de los Derechos Humanos, es decir la hipótesis de la igualdad genética entre los grupos humanos y la individualización genética de los humanos, es una fábula científica.

De otra parte, está claro que las biotecnologías (la concepción asistida, las chips biotrónicos implantados en el cerebro, los órganos artificiales dopados, las clonaciones, las terapias génicas, la manipulación del genoma transmisible, todas estas tecnologías que son realmente la aplicación del eugenismo), no serán accesibles a toda la gente ni reembolsadas por la Seguridad Social, ni aplicables fuera de los grandes países industriales. Un eugenismo de facto, propuesto a una minoría cuya esperanza de vida estará prolongada: el colmo del inigualitarismo en el corazón de la civilización igualitaria moderna. Otro problema importante: ¿cómo van a reaccionar los humanistas antropocéntricos cuando se produzcan las quimeras (híbridas hombres-animales) para crear bancos de órganos o de sangre, para dopar el esperma, probar los medicamentos? ¿Intentarán prohibirlo? No podrán. Para soportar el choque global de la genética del futuro, se tendrá que tener una mentalidad arcaica.

 

La noción de “amor”: una patología de civilización

La civilización occidental se ha fragilizado considerablemente cuando concedió un valor absoluto a un sentimiento neurótico: el amor. Esta patología ha destruido tanto los resortes demográficos como el instinto de defensa. Es una herencia cristiana laicizada. ¿Estamos  diciendo que el odio debe que ser el motor de las civilizaciones conquistadoras y creativas? No. El “amor” es una forma patológica y enfática de la solidaridad que conduce al fracaso y, paradójicamente, al odio y a la masacre, tanto personal como colectiva. Las guerras de religión y los fanatismos actuales de las religiones monoteístas del amor y de la misericordia así lo muestran. Y el comunismo estaba fundado sobre el “amor al pueblo”.

Entre naciones, se debe de tener varios aliados (provisionales), pero nunca amigos; entre individuos es mejor decir: “te aprecio” que “te amo”, y funcionar según la lógica de la alianza que según la donación ciega –e inconstante- del amor.

El amor es absoluto, es decir totalitario. Los sentimientos y las estrategias humanas son cambiantes. Al verbo amar, tanto en política como en las relaciones personales, se tiene que preferir la paleta politeísta: apreciar, admirar, aliarse, pactar, proteger, ayudar, querer, desear, etc.

No se tendría que tener niños porque los cónyuge se aman, como un regalo, sino porque el procrear es digno para transmitir la estirpe.

Hoy, la mitad de los matrimonios se rompen, ya que están fundados sobre un sentimiento de adolescentes enamorado, efímero, que desaparece rápidamente. Los matrimonios durables son aquellos que están calculados.

Igual ocurre en la educación de los niños, que también fracasa porque practica una adulación beatífica de la prole, subproducto del amor, que destruye la legitimidad de los padres, sentidos como carneros enamorados. También las políticas fracasan, porque su ideología y sus practicas están impregnadas de las escorias del amor –buenos sentimientos, angelicalismo, humanitarismo, pietismo, masoquismo, altruismo hipócrita- en lugar de apoyarse sobre la voluntad de decisión de aplicar, hasta el objetivo final, su política.

Esta civilización, fundada implícitamente desde hace mucho tiempo –demasiado tiempo- sobre el concepto falso de amor, deberá un volver un día  a la alegoría de Don Juan, el “antiamor” por definición. Arqueofuturismo.  

 

Debacle y impostura filosófica

La ausencia de verdaderos valores filosóficos fundadores se expresa en la moda, de la cual se benefician los pensadores mediáticos que cultivan las ideas huecas y el pensamiento único: los Comte-Sponville, Ferry, Bernard-Henri Levy, Serres, etc. Angelicalismo sin metafísica ni espiritualidad, materialismo de adolescentes, retorno infantil al Aufklärung, moralismo y altruismo hipócritas, verismo ético, etnomasoquismo, xenofilia, caritativismo esponjoso, humanitarismo irresponsable: todas estas actitudes mentales están profundamente inadaptadas a nuestra época. Estos valores debilitantes, desvirilizadoras y moralmente desarmadores están totalmente a contracorriente de un mundo cada vez más duro y que pediría, al contrario, unos valores combativos. Aunque necesitaríamos una nueva filosofía de la acción, la vieja y decrépita filosofía de la compasión del Siglo XVIII nos es presentada como una genial novedad del espíritu.

Una filosofía neodogmática, únicamente hábil para “comunicar” –la propaganda- está camuflada bajo las ropas del antidogma, de la libertad y de la emancipación, aunque únicamente se trata de adoctrinamiento mediático de ideas obsoletas y de armas del terrorismo intelectual.

La filosofía de la clase intelectual hegemónica francesa del Siglo XX se ha caracterizado por el plagio (Sartre, Levy), el altruismo patológico (Lévinas), o la impostura (Lacan y los estructuralistas), en un lenguaje ininteligible, jerga bárbara que disfrazaba sus “no-ideas”. No es un azar si el excelente libro crítico sobre la filosofía francesa, de Sockal y Bricmont, Imposturas intelectuales, ha suscitado un escándalo tal. Únicamente la verdad hace daño...

Para enfrentarse al futuro, necesitamos una filosofía inigualitaria de la voluntad de poder; recurso a Nietzsche frente al Aufklärung. La revolución futura exigirá una nueva epistemología suatraída del humanitarismo moderno, para, según un retorno a los valores arcaicos, ya no pensar el hombre como ser divino cortado de la animalidad, sino a la vez, como actor y como material. Como experimentador de él mismo según una lógica faústica.

 

Proceso de emasculación

 

La publicidad sigue las tendencias sociales antes que iniciarlas. Se tiene que vender, no crear modas o nuevas ideas.

En este sentido, es el reflejo más fiel de una época, porque está obligada a ser profesional, eficiente y remitir exactamente a los estados de espíritu creados por la ideología ambiente. En una revista popular, un anuncio sobre zapatillas de deporte, sitúa la acción en un vestuario, donde una mujer desfallecida aparece frente ados atletas negros que se están duchando, a los que ella “escudriña”. Pagina de al lado: publicidad de niquis: los  modelos –dos hombres de tipo europeo- tienen un “look” afeminado de homosexuales, una facha de mariquitas estéticas con una mirada lánguida y cansada. Buscad el error...

 

Principio de responsabilidad

 

No es únicamente un complot. Peor, es una “lógica”. Una dimisión colectiva. Los teóricos del complot se equivocan. Un pueblo fuerte no se deja coger ni destruir por el sistema que lo domina. Cada pueblo es responsable de su destino. Lo que pasa actualmente no es la falta de los otros, sino la nuestra. Somos actores y culpables de nuestras derrotas. Un pueblo no es la víctima de su destrucción cultural o étnica, es el autor y el cómplice, por dimisión, por renuncia a la defensa. La dominación cultural norteamericana, la colonización lenta y sorda de Francia y de Europa por el Sur, no es únicamente el fruto de una manipulación. Hemos dejado hacer. Nuestro pueblo tenía los medios para defenderse, democráticamente. No lo hemos hecho. El “jefe de orquesta clandestino” no tiene todo los poderes frente a un pueblo determinado que resiste con sus tripas.

 

Palabras arqueofuturistas sobre el tema del arte

 

La revista Krisis de Alain de Benoist se ha atrevido a publicar un debate para preguntarse si, finalmente, no existía ninguna impostura en el “arte contemporáneo”. Los mass-media se han agrupado inmediatamente para denunciar un crimen ideológico de la “extrema derecha”. En verdad, toda la gente siente, sin atreverse a formularlo, que, desde hace casi cincuenta años, el “arte contemporáneo”, subvencionado por el Estado y los mass-media, es un academicismo (y un snobismo) que se está hundiendo progresivamente. Paradoja: el arte contemporáneo –que se pensaba como una maquina de guerra contra el academicismo para la potencia y la creación- se encuentra ahora encerrado en el peor de los conservadurismos.  Es el mismo destino que el comunismo. Ahora es un arte oficial... y un arte nulo.

La razón es conocida: la impostura y la incompetencia. A principios del siglo XX, una ideología estética logró instalarse y ahora domina el mundillo intelectual del arte: la inspiración del artista –su mensaje- es superior que su técnica, que su habilidad profesional, su conocimiento de las reglas y de los canones plásticos vistos como “opresiones”. Fue el mito de la “libertad del artista”. Y así, poco a poco, nació una falsa concepción: el artista ya no tiene inspiración, ni competencia, pero gracias a sus relaciones consigue unos “golpes mediáticos” subvencionados. Como Calder, Saint-Phalle, César y los otros. Ya no busca “escandalizar al burgués”, sino que se dice progresista, aunque no crea en nada. No es más que un pintarrajeador subvencionado. Recientemente, se han considerado varios “tags” y graffitis de niños subnormales como “obras maestras”. Según la revista “El Eco de las Sabanas”, yo mismo he tenido la idea de la siguiente broma: realizar ante la presencia de alguaciles unos lienzos con un rodillo donde varias pintadas representaban vagamente falos; un minuto por cada lienzo... lienzos que fueron vendidos en una prestigiosa galería de la calle de Sena a las stars del show business maravilladas. Tales bromas ya habían sido efectuadas y los lienzos “pintados” por el rabo de un burro o por una hembra orangután (Puesta de Sol en el Adriático) fueron negociados por mucho dinero...

El “arte contemporáneo” ha evacuado la noción capital de talento.

Hoy, en la esfera pública, nos encontramos ante un “arte” contemporáneo impostor, repetitivo y no creativo, unido a una admiración museográfica por las obras maestras del pasado. Es interesante notar que frente a toda crítica sobre la verdad, la autenticidad y la calidad del arte contemporáneo, el sistema reacciona siempre mediante el anatema: “¿Es Usted fascista?” Es una señal más de que el sistema tiene perfectamente conciencia de la nulidad de la producción “artística” que él protege y del fracaso total del modelo esteticopolítico querido por él. Cuando le se pone el dedo en la plaga, reacciona mediante el insulto o la amenaza.

Sin embargo, existen hoy un número importante de artistas creadores que escapan a esta pretenciosa nulidad del arte oficial: el natural de Grenoble Jean-Marc Vivenza y sus “ruidos”, el escultor Michel de Souzy, los pintores Frédérique Deleuze y (el difunto) Olivier Carré, Yan-Ber Tillenon, etc. Son numerosos, pero mal vistos y marginados, porque restablecen los principios de la estética europea: conciliar los canones estéticos y la audacia creativa, asocian el sentido de la belleza y el trabajo técnico con la inspiración.

El arte contemporáneo oficial (que no se debe confundir con los “artistas de hoy”, a menudo muy talentosos pero acallados ), fuertemente enlazado al sistema, finalmente se habría fijado como objetivo la destrucción de la estirpe de la tradición creciente artística europea. Siempre esta misma voluntad de iconoclasmo cultural para hacer perder a los Europeos su memoria y su identidad.

La táctica es hábil: de un lado, se mediatizan las obras de cloaca, feas, sucias e insignificantes, de hecho no-obras, mientras que por el otro lado, se focalizan los espíritus hacia una admiración museográfica del pasado. Un pasado voluntariamente fijado y neutralizado, transformado en un tradicionalismo estéril. Lo esencial es que las obras maestras del pasado ya no puedan servir a una reactualización talentuosa en el presente y el futuro. Romper la creatividad artística europea, su belleza, su profundidad estética, su talento; descerebrar los gustos y hacer pasar por geniales las producciones de los subdotados; hacer desaparecer y olvidar toda personalidad estética europea y desconectar el arte de sus raíces culturales. Tal es, desde muchas décadas, la estrategia, a menudo inconsciente, siempre implícita, de los “maestros del arte”. Esta estrategia parece ser una envidia (sentimiento que, con la venganza y el resentimiento, como lo comprendía Nietzsche, siempre ha representado un papel en la política y en la Historia): envidia y resentimiento contra el talento innato del arte europeo.

El culto ridículo por las “artes primeras”, del que el ingenuo Jacques Chirac es el representante comercial, participa en esta empresa de destrucción. ¿Una estatuilla primitiva vale bien la Pietà de Miguel Ángel?, ¿no? Otra vez, el igualitarismo se enfrenta a la realidad, y se condena.

 ¿Que va a pasar? La verdadera creación estética no reprimida se ha refugiado en la técnica. Según el retorno inconsciente a la tradición griega de la estética como technè y como khréma (utilidad objetiva). Los diseñadores de carrocerías, de aviones, componen las obras maestras de hoy día. ¿Que prefieren? ¿Un Renault comprimida por el impostor César o una Ferrari firmada por Pininfarina? También es posible que los falsos maestros del arte oficial terminen por fatigar al público.

 

Bourdieu o el impostor

 

Pierre Bourdieu[14] denuncia el bombardeo cultural televisivo que sin embargo refleja las orientaciones de su ideología. Se ha autoproclamado maestro del pensamiento de la “izquierda de la izquierda”-es decir los nuevos izquierdistas- sin proponer ninguna solución creíble al ultraliberalismo que cree ver en todos sitios. Sin embargo, aprecia ser fotografiado en todos los mass-media y hablar en los platós de televisión, que, naturalmente,  “odia”. B.H.L. y Mons. Gaillot[15] no tienen por qué apreciar particularmente a este dinosaurio mediático...

Es bastante divertido, Bourdieu...  Había flirteado durante poco tiempo con la Nueva Derecha, al inicio de los años ochenta, cuando la ND parecía estar de moda. Cenamos en esta época en el restaurante parisino La Closerie des Lilas, disertando sobre Nietzsche y sobre la inversión de los valores. El antiliberalismo de la ND le atraía. Pero Bourdieu, como todos sus iguales, intelectuales parisinos funcionarios, no se interesa realmente por las ideas, sino más bien por él mismo. Andando trágicamente corto de teorías, el nuevo gurú de la extrema izquierda vagamente resucitada, solamente puede oponer al “pensamiento único” del ultraliberalismo otro pensamiento único, un retorno decrépito al viejo conservadurismo marxista. Como toda la extrema izquierda, es incapaz de hacer un análisis pertinente de la situación social actual. Bourdieu, como tantos otros, es una figura emblemática del naufragio de los intelectuales de izquierda. Después de haberse equivocado con ideas, naufragan sin ideas.

 

Técnica de la dependencia

 

Los domadores de circo de tigres y otros fieras no usan, para lograr la sumisión de estos animales, métodos brutales: golpes, castigos, privaciones. Es muy peligroso y demasiado complicado. Mejor que la “estrategia del bastón”, es la de la “zanahoria”. Tras lograr que sean dependientes de recompensas inútiles pero agradables (suplemento de alimento azucarado o de proteínas, caricias, favores sexuales, etc., después de cada acto de obediencia) estos animales, son sometidos y se desvanecen sus capacidades de resistencia contra el amo.

El sistema y la ideología dominante usan, con mejoras, la misma técnica. Ya no se oprime a los ciudadanos desviados mediante la represión de los campos de concentración. Es un método obsoleto. Mejor es hacerlos dormir y marginar las rebeliones. Y no solamente por la desviación de la atención hacia los sujetos inesenciales (la Copa del Mundo de fútbol, el PACS, etc.), por la estrategia clásica del embrutecimiento intelectual, sino también por la técnica de la dependencia. El sistema vuelve dependiente a la sociedad civil con recompensas, ventajas, falsos privilegios, premios inútiles.

Como en el caso de las fieras encerradas, son ventajas falsas. Se le hace creer a Usted que es libre, pero en verdad está encerrado, que conduce rápidamente con su coche GTI, aunque le arruine casa mes, y que al final pierde tanto tiempo en los atascos como las horas de trabajo necesario para pagarlo. Es dependiente de las vacaciones que debe organizar, de la teledroga, del “deseo desenfrenado por objetos inútiles”, como lo vio Baudrillard. Softdictadura. Para hacer olvidar el paro, la precariedad de su empleo, la inseguridad, los alimentos adulterados, la degradación del medio ambiente, o la lenta  desaparición de su pueblo. Está en una jaula, pero Usted es fisiológicamente feliz. Es el “último hombre” descrito por Nietzsche, el que agradece a su amo con saltitos. 

 

El regno del timo: falsa transparencia y trucaje

 

El timo es, en argot, una “estafa blanda”. La línea amarilla de la estafa –ilegal- no está realmente atravesada, sino rozada. El semáforo no está en rojo, sino en naranja oscuro. Señal de los tiempos, el timo es uno de los motores principales de la publicidad y de la incitación a consumir. Antiguamente, las oficinas que lo practicaban eran a menudo reprimidas por ley. Hoy, es practicado por los grandes grupos, las sociedades honorables, y por el Estado él mismo. Es Inútil teorizar, puedo dar unos ejemplos.

Las firmas concurrentes se entienden entre ellas (método del oligopolio) para fabricar productos poco durables y que “tienen que” ser cambiados rápidamente: Las carrocerías de los coches tienen que oxidarse después de tres años, las piezas de los aparatos electrodomésticos tienen que ceder después de 500 horas de utilización, los compresores de los frigoríficos tienen que romperse después de 4 años, la tela de un vaquero tiene que desgarrarse después de 20 lavados, etc.

Pero, los hay peores, y más sutiles. Un caso único: el timo sobre las facturas telefónicas practicado tanto por France Télécom[16], como por los operadores privados. He hecho una investigación sobre este tema para una revista, y he descubierto entre otros hechos: los operadores de teléfono, privados o públicos, facturan unas prestaciones imaginarias de sumas pequeñas a la mayoría de los 40 millones de clientes, únicamente por el juego de la diferencia de tarifa entre horas llenas y huecas: una mina de dinero cada mes. También mienten sobre los alzados de los teléfonos móviles. Por ejemplo, se dice que 3 horas de llamada cuestan 3 600 pesetas, pero sin precisar que la unidad de tiempo no es el segundo, sino una secuencia homogénea de 3 minutos (180 segundos): así si se telefonea 3 minutos y 1 segundo, la facturación es de 6 minutos... Al final, las 3 horas del tanto alzado van a reducirse, en media, a 30 minutos reales. Con toda legalidad...

Se ha instaurado una “cultura del timo”, en la cual participa ampliamente el Estado. Ilustración característica: después de las declaraciones solemnes y las demostraciones cifradas por los expertos, los impuestos directos y las retenciones fiscales tenían que bajar en 1998. Pero toda la gente ha podido constatar que, al contrario, han crecido.

La otra cara del timo y del trucaje, es la transparencia falsa. Se insiste sobre el hecho que todo esta claro y que no hay ninguna zona de sombra en el discurso, tanto en el dominio de la política como en el de la industria alimentaria, lo que permite establecer una falsa confianza. Ejemplos: los fabricantes de productos alimentarios respetan más o menos la ley que los obliga a declarar en el embalaje todos los aditivos que están mezclados con el producto central. Pero, lo que no se sabe, es que aunque la ley autoriza estos aditivos –después de la presión de los lobbies agroalimentarios- estos últimos son cancerígenos con los animales de laboratorio, en un 50% de los casos... y probablemente también con el hombre si son consumidos regularmente. Pero la transparencia falsa del “digo todo” desvía las sospechas. Se dice únicamente la mitad de la verdad: “sí, añado E211 en la salsa tomate en bote que la gente compra”, y ya que el fabricante lo admite, se dice que no es tóxico. Pero, en verdad, es tóxico...

En los mass-media y en la televisión, asistimos al reinado del trucaje y de los efectos especiales: falsos directos, enchufismo, publicidades camufladas, reflujo de toda crítica (cinematográfica o literaria, por ejemplo), etc.  Los “talk-shows” espontáneos, están, en verdad, fabricados como películas de ficción con un mensaje oficial dentro. El sistema audiovisual actual ya no deja ningún sitio a la espontaneidad ni a la autenticidad, aunque se sirve de ellas para legitimarse. Hoy se puede afirmar que los telediarios están mucho más censurados, manipulados y elaborados que en el tiempo del ORTF[17] de De Gaulle, pero con una maestría muy superior. PPDA es, en sentido propio, una marioneta, como la de los Guignols de Canal Plus que lo representan[18].

Timos y trucajes: son practicados, ya no por unos pequeños estafador sino, con un cinismo temible, por las grandes instituciones públicas y privadas, bajo la señal de la transparencia. Primogine, coautor con Thom de la Teoría de las Catástrofes, explica que cuando un sistema legitima a por no-a, es que se encuentra al borde del abismo.

 

Lógica de la hipocresía: la dialéctica de la moral hablada y de la moral practicada

 

Nunca el discurso moral fue tan exigente, tan riguroso. El sistema y sus mass-media son como los predicadores: contra el racismo, el machismo, por todos los derechos acordados para todos, para la bondad, la amabilidad, la independencia de la justicia, el amor generalizado, la igualdad, la justicia social, la democracia, la “conciencia ciudadana”. Un sermón real de vieja solterona catequista.

Pero la realidad es diametralmente opuesta: corrupción de los políticos, hundimiento del derecho social, tolerancia ante la violencia urbana, agravación de las disparidades y de las injusticias económicas (los millonarios de la izquierda son los mejores en el tema del discurso social), destrucción de las solidaridades tradicionales en provecho de los egoísmos individuales, impunidad de los grupos violadores de la ley, privilegios acordados a las categorías profesionales ya protegidas, crecimiento del sector económico explotado por el sector público, etc.

Fue siempre así. Es lo que los psiquiatras llaman el “efecto de compensación”. Cuanto más defectos tiene un sistema, tanto más se alaba las cualidades que viola. No es únicamente exorcismo, sino un trabajo de olvido. “El pueblo no se tiene que entiender lo que está pasando”.

La debilidad central del sistema –y de la ideología hegemónica- es que no se puede mentir durante mucho tiempo. El senador norteamericano Gingrich lo explicaba: “es posible mentir diez veces a una mujer y una vez a una nación, pero nunca diez veces a una nación”. Con el tiempo, la ausencia de resultados concretos de un proyecto de sociedad no se puede ser disimulada por unos cortafuegos vacíos: embrutecimiento intelectual, desviación de la atención, dependencia. Las cosas concretas toman su revancha. El pueblo acaba por pedir la verdad porque el embrutecimiento tiene límites, precisamente a causa de la ausencia de hechos concretos: mentiras del paro a la baja, precariedad y angustia económicas, pauperización a pesar del crecimiento contable, crecimiento de la inseguridad a pesar de las estadísticas trucadas, presencia cada vez más visible de la inmigración, etc. Incluso la muy eficiente propaganda televisual que intenta dar la impresión de que “¡todo va bien!”, al tiempo que diabolizan o criminalizan a los partidarios de opiniones opuestas, va a llegar, un día o otro, a sus limites. Cuando el león ya no tiene nada que comer, se come al domador. El león, es el pueblo.

 

Legitimación negativa: la fábula del hombre lobo

 

Las democracias occidentales no consiguen realizar su utopía, pues denuncian un enemigo imaginario. Ya no se dice: “voten por Nosotros, porque vamos a encontrar soluciones y mejorar sus condiciones”, que seria una legitimación positiva, sino, implícitamente,  “voten por Nosotros, aunque somos una banda de nulidades, de incompetentes y de prevaricadores. No es grave, porque Nosotros les protegemos contra el retorno del fascismo. Sin Nosotros, estarían bajo la bota de los nazis...”. Legitimación negativa. Las conmemoraciones redundantes enlazadas a la Segunda Guerra Mundial, los juicios o denuncias o las incesantes descripciones voyeuristas de los crímenes nazis, cincuenta años después del fin de la guerra, son partes de este dispositivo.

Técnica del hombre lobo: “Papá es malo, pero si no le obedeces, el hombre lobo vendrá a comerte. Y será peor”.

El sistema ya no puede ser plebiscitado ni juzgado sobre sus actos y resultados, se inventan unos enemigos virtuales para así decirse protector del pueblo.  “El Frente Nacional es el NSDAP reactualizado: si se expulsan demasiados inmigrantes, será la crisis económica y la dictadura”. Esta técnica tiene limites y los encontrará rápidamente.

 

El “Frente republicano”: antecámara del partido único

 

El “Frente Republicano” contra el Frente Nacional. Tal es la fraseología actual del mundo político. Este Frente Republicano que se pretende el portero de la pura democracia contra la “amenaza fascista”, iniciado  –en verdad- por una extrema izquierda minoritaria y paratrotskista cuya tradición, desde 50 años, es el totalitarismo. La lucha contra el Frente Nacional muestra la contradicción esencial de este Frente Republicano que dice querer salvar la democracia del peligro fascista: ni es republicano, ni es demócrata. Por lo menos, es lógico: cuando en una sociedad, se abusa de un concepto político (democracia, ciudadanía, etc.), es que esta cosa está amenazada. La énfasis democratista tapa un régimen cada vez menos democrático. El discurso del Frente Republicano restablece la retórica –realmente totalitaria- de los diputados de la Convención de 1793, padres del Terror.

Después de una manifestación “espontanea” en Lyon contra la supuesta alianza entre Charles Millon y el Frente Nacional[19], el socialista local Louis Mermaz explicaba que se debía de “combatir lo inaceptable: el Frente Nacional cogestionario de una región”. Así, es “inaceptable” para este demócrata que los consejeros regionales democráticamente eligidos hagan el trabajo por el cual han sido eligidos. El lapsus de Mermaz significa que la “democracia” no está reservada a toda la gente; o que es inaceptable que la democracia funcione con todas sus reglas del juego, o que en esta visión limitativa de la democracia es inaceptable que los electores voten por alguien que no sea miembro de este Frente Republicano.

Este Frente Republicano incluye: 1) el PCF y la extrema izquierda, 2) Los Verdes y el PS, 3) una “derecha republicana”, RPR y UDF[20], emasculada y culpabilizada –sobre todo en el tema de la inmigración- por la izquierda. La ilegitimidad política de toda otra fuerza que no sea el Frente Republicano parece, pues, una llamada implícita al retorno del partido único, clave de todos los regímenes totalitarios desde 1793. En el seno de este partido único de facto, únicamente están toleradas las tendencias (como en los antiguos PC de la Europa Central) susceptibles de alternancia “democrática”; pero esta alternancia izquierda / derecha, verdadera engañifa, no debe cambiar la orientación global de la política del partido único de facto, que es una orientación “de izquierda”.

El Frente Republicano, como el antiguo y totalitario partido único soviético, no trabaja –evidentemente- para una revolución cualquiera, sino para la profundización de las tendencias de la sociedad actual.

Esta tentación del “partido único de facto”, camuflado por el simulacro del pluripartismo, se ha expresado fuertemente durante las proposiciones radicales de prohibición del Frente Nacional o los juicios contra la legibilidad de Le Pen. Pensar en prohibir un partido que representa un 15% de los votos, es muy diferente de la prohibición de una liga subversiva...

En verdad, el régimen, agotado, intenta hacer una democtomia o “amputación limitativa de la democracia”. Observamos la misma lógica en el tema de los “sindicatos representativos” minoritarios. Desde Robespierre hasta el Frente Republicano, siempre es el mismo proceso, hoy bastante soft: el pueblo vota –es la democracia- pero únicamente puede votar por los candidatos aceptables: los del partido.

Para justificar su antidemocratismo, el sistema, confuso, siempre usa su obsesión favorita: el Diablo, el hombre lobo Hitler. Argumento: “¡Cuidado! ¡Hitler ha tomado el poder democráticamente!” Conclusión: debe limitarse y vigilar esta democracia peligrosa y excluir a los partidos inaceptables. Pero, históricamente, este rumor es falso: Hitler tomó el poder después de un golpe de Estado (tapado, evidentemente), como Mussolini.

Otras palabras oídas durante la manifestación de Lyon: “ El Frente Nacional es anticonstitucional”. Otra lógica estalinista.

Contra el Frente Nacional, se podía oír el eslogan “contra la intolerancia y el odio”. Pero el sistema ha subvencionado la película (nula) de Matthieu Kassowitz, El Odio, que es una apología del odio de las bandas étnicas contra  los franceses blancos. ¡Y acusa de “odio” a un partido político que quiere limitar la violencia de estas bandas étnicas!

El sistema acusa al Frente Nacional de intolerancia, pero quiere prohibirlo... ¿En su programa, el Frente Nacional pide la ilegalización de los partidos adversarios? Se acusa al Frente Nacional del pecado de “preconizar la exclusión”, pero el sistema quiere excluir de la política sus millones de electores... Se cree soñar, pero no se sueña. Es lógico...

Para un régimen totalitario o pretotalitario, no es suficiente invertir el sentido de las palabras (como lo vió muy bien Orwell en 1984 o como lo muestra Costa Gavras en La Confesión), sino también es necesario acusar y condenar a sus enemigos con las cargas de sus propias taras. Trabajo de exorcismo.

Última precisión: al final de la manifestación lyonesa antiFN –sábado 3 de octubre de 1998- estaba previsto un concierto “multirracial” de Cheb Mami. No pudo desarrollarse a causa de “incidentes provocados por grupos de jóvenes”, tal como lo dijo púdicamente la prensa. Pero, en verdad, a causa de motines provocados por unas bandas de inmigrantes de las ciudades periféricas de Lyon, que atacaron la manifestación que habían venido a apoyar...

Decididamente, las bandas étnicas son los mejores agentes electorales del Frente Nacional. Y el sistema es, cada vez más, una pescadilla que se muerde la cola.

 

Del discurso antiselección al discurso antiexclusión: la absurdidad del igualitarismo

 

Existe un paralelo que hacer entre el discurso izquierdista antiselección de Mayo de 68 y el discurso actual de la izquierda, centrado sobre el tema de la antiexclusión. Se trata realmente de un mismo proceso: la ideología hegemónica quiere más  -siempre más- igualitarismo, pero termina por hundirse en la absurdidad social. Prepara así su propio clash social.

El rechazo de la selección escolar y universitaria –que aspiraba a substituir la igualdad de resultados por la igualdad de suertes- ha llegado a, por un efecto heterotélico, una menor justicia social. Resultado: 30 años después de la introducción del principio perverso (“la orientación que reemplaza la selección”), se nota la desvalorización de los diplomas, creadora de paro; la huída de los cerebros hacia las universidades anglosajonas; degradación de la calidad de la enseñanza general y crecimiento del analfabetismo; fin de la escuela como lugar de competición y de educación; transformación parcial de esta última en una jungla inviable; creación de un sistema escolar con dos velocidades, privado, calificado y selectivo para la gente rica, público y subdotado para la gente pobre. Paradójicamente, el igualitarismo antiselección de Mayo de 68 es una de las causas de la “exclusión”.

Pero, hipócritamente, los sindicatos y el gobierno no se han atrevido a aplicar este bello principio antiselección a las materias científicas. ¿No quieren ser curados por unos médicos ignorantes? La Aérospatiale[21] no va a contratar a ingenieros de pacotilla que no estén fuertemente seleccionados, etc.

Pero, al contrario, es posible distribuir, como confetis o prospectos, los títulos de COU sin valor, los pseudodiplomas de “psicología” o de “estética” a las masas de incapaces que irán al INEM para encontrar empleos subpagados de telefonistas, repartidores de pizzas o de camareros en McDonald’s. Es lo que ha pasado por exceso demagogia y por el hecho de esta tara de la ideología igualitaria: rechazo de la realidad e ignorancia de los mecanismos sociales.

Este odio por la selección está fundado sobre un prejuicio antropológico: todos los humanos estarían “igualmente dotados”, según el principio, denunciado por Alain de Benoist, del “todo igual a todo”. Pues si ya no nada tiene valor, los dones, como la excelencia, no existen. No es tolerable que los hombres estén, en capacidades mentales y creadoras, y también en fuerza de carácter, desigualmente dotados. El rechazo de la vida, bien anotado por Nietzsche. Se rechaza toda idea de jerarquía; y en lugar de organizar con justicia una jerarquía y una desigualdad naturales, se imponen unos principios igualitarios inaceptables. Y al final, se crean jerarquías salvajes que causan un hundimiento del tejido social. Es el capitalismo, que no tiene ninguna forma de estado de alma, el que está encargado de hacer salvajemente esta selección que el Estado no se ha atrevido organizar.

Toda la doctrina de la antiexclusión está fundada sobre las mismas reglas. Al inicio, se debía de luchar contra el pauperismo, según una preocupación de justicia social. Bien. Pero la palabra ha sido desviada de su finalidad. En verdad, se tiene que impedir toda discriminación entre nacionales y extranjeros, aun cuando fuesen clandestinos e ilegales. Es la misma lógica del absurdo de la antiselección: la ideología igualitaria choca frente a los hechos, a la realidad, que son, exactamente como el FN según Mermaz, inaceptables.

Rechazar la expulsión legal de clandestinos africanos, chinos, paquistaníes, es pues reconocer implícitamente que todo francés puede instalarse sin riesgos en África, en China, o en el Pakistán, ¿no? Según la lógica de la reciprocidad.

Es contrario al derecho internacional público, porque este último está fundado sobre el principio de la reciprocidad de las discriminaciones.

Se acuerdan para los extranjeros privilegios de los cuales los franceses no benefician en otros países. ¿Y por qué guardar la regla de contratación de los funcionarios dentro de los nacionales? ¡Es exclusión, es discriminación! ¿El derecho de votos a los extranjeros? ¿Y por qué no a los franceses en el extranjero?

¿Por qué esta publicidad de los mass-media sobre el tema de unos clandestinos expulsados por vuelo chárter, en conformidad con la ley –aunque volverán a la primera ocasión, aunque millares entran impunemente cada año- y nunca hablar, o casi nunca, de las expulsiones masivas que se imponen mutuamente los países africanos y asiáticos?

La inexpulsabilidad de facto, de los inmigrantes clandestinos firma la violación oficial de la ley, porque el gobierno eligido cede a unas minorías que se dicen “morales”, y también contraviene el principio de las nacionalidades, fundamento del derecho internacional. Otro signo del declive de los valores democráticos y de la perversión del concepto de “República” por los que se dicen ser sus inventores.

En verdad, la ideología igualitaria ha construido el “principio de las nacionalidades” (reciprocidad de las discriminaciones y de las ventajas sobre el territorio de cada uno) de manera abstracta, en una época donde no había ningún problema de inmigración. Hoy, es incapaz de respetarlo. Y admite su viejo antojo catastrófico: el universalismo de un planeta sin fronteras, sin “compartimentos estancos”, alimentado por el romanticismo infantil de los “ciudadanos del mundo” y del “gobierno mundial”. No puede entender que la gestión comun del planeta es solamente posible entre conjuntos diferentes e impermeables, y no pilotado por un magma que transformará el mundo en jungla.

Antiselección y antiexclusión: el fracaso de estos principios provocará la catástrofe. Y esta última incitará al retorno de las soluciones arcaicas.

 

La revolución impuesta

Las poblaciones europeas reaccionarán al borde del abismo. Cuando el hedonismo económico sea roto. No se debe esperar ninguna solución eficaz antes de una catástrofe previsible. El consumismo, la comodidad de la sociedad de consumo, el abrutecimiento de la sociedad del espectáculo, han roto los resortes de la resistencia. Debilitamiento por una blandura de la vida, un individualismo sin freno y de sueños audiovisuales y publicitarios de una existencia y de unas experiencias oníricas y virtuales. Lo que el antropólogo Arnold Gehlen llama “las experiencias de segunda mano”. Opio socioeconómico. Pero esta sociedad, fundada sobre la conspicuous consuption (“consumo ostentatorio”) como lo había notado Thorstein Veblen al inicio del siglo, ha destruido sus propios fundamentos económicos y sociales. Ha destruido sus propios sueños de libertad, de emancipación, de igualdad, de justicia y de prosperidad, porque los ha desarrollado hasta el absurdo, y ahora, a causa de un efecto boomerang, ya no es capaz de resistir las crisis financiares, las delicuencias, los seísmos sociales que ha creado. Fenómeno de inversión dialéctica muy bien descritos por Marx y Jules Monnerot.  

Esta sociedad ha provocado un debilitamiento antropológico global, donde todas las defensas inmunizadoras se hunden. El remedio tendrá que ser aun más fuerte cuanto más doloroso. Vamos hacia una Revolución al lado de la cual la Revolución rusa solamente habrá sido un pequeño disturbio.

 

Principios de educación (I)

 

Toda la gente habla del “fracaso escolar” y de la “violencia en la escuela”. Es el fruto de un sistema antiselectivo y antidisciplinario que está fundado sobre una proliferación de utopías que sin embargo se quieren conservar porque son dogmas... La razón por la cual centenares de millares de jóvenes no encuentran empleo (con consecuencias de paro y delincuencia) también se explica porque el sistema educativo no funciona para educar (etimología: e-ducere, conducir fuera de su condición ignorante e inculta) sino para perpetuarse él mismo, como administración corporativista y protegida, dogmática e ineficaz.

 

Unas nociones de buen sentido:

1)      La escuela no debería ser obligatoria después de los 14 años,

2)      Se deben enseñar las “llaves del saber” y los comportamientos sociales según una pedagogía disciplinaria,

3)      Se debe de funcionar según el tríptico: selección por el mérito, recompensas, castigos. Sin olvidar una cierta solemnidad,

4)      Después de los 14 años, la escuela y la universidad, no deben ser gratuitas, excepto para aquellos que, económicamente sin recursos, puedan beneficiarse de becas, si están dotados, después de una rigurosa selección.

Esta última proposición no es injusta, en sentido platoniano, porque un estudiante rico, aunque inepto, conseguirá menos resultados en una universidad selectiva que un estudiante pobre aunque dotado. Es la razón por la cual la selección por el mérito y la competencia tiene que ser despiadada. Cuando la selección es fuerte (y racionalmente normalizada) en un sistema social, como lo mostró Pareto, la circulación de las elites crece y los ricos se benefician menos de rentas de situación. Pero en el sistema antiselectivo actual, inspirado por la izquierda, ultraigualitaria, los pobres tienen un sistema de enseña de pacotilla y no pueden aspirar a otro. Los ricos subdotados, sí.

Pero estos principios sencillos, que no son tiránicos, nunca serán aplicados por el sistema actual. Será después de la revolución.

Selección y disciplina: los principios arcaicos pero competitivos son fundadores de una verdadera libertad individual, la de la justicia social del futuro.

Hoy, antes de reconstruir otra cosa, mejor sería el hundimiento completo de la Educación Nacional, cada vez más inepta para realizar su misión, y el desalistamiento total del Estado de la Educación. El nuevo Estado de después del caos podría cambiar las cosas.

 

Principios de educación (II)

 

El antropólogo Arnold Gehlen explicaba que la libertad nacía de la disciplina, porque el “adiestramiento” (Zucht) crea nuevas capacidades. Una educación eficaz, liberadora, tendría que apoyarse, según él, sobre el esfuerzo, la disciplina, la estimulación, la sanción y la recompensa. En cuanto a George Steiner, comentando los principios ancestrales de la educación judía practicante que había recibido y que transmitiría a sus hijos, declaraba hace poco tiempo en un importante diario: “Cuando veo todo aquello que se está haciendo para evitar a los niños la angustia y la neurosis, respondo, al contrario, que la neurosis es parte de la creación, y que a través de ella el niño se transforma en adulto. Cuando todo resulta  fácil para los niños, éstos se construyen a sí mismos fragilizados, no únicamente al nivel de la educación, sino –lo que es más grave- al nivel de la emoción”.

Hoy, el niño, el “joven”, es un dios en miniatura. Cuando obtiene malas notas en la escuela, sus padres ya no lo sancionan, sino que aplican un “correctivo” al profesor. Todo castigo es ilegitimo. Pero, paradójicamente, esta deificación de la infancia y de la juventud parece acompañarse de un crecimiento estadístico de la infancia mártir y de la pedofilía. Una sociedad que se ve envejecida vive con la infancia y la adolescencia unas relaciones muy ambiguas cargadas con mil obsesiones: adulación, amor excesivo, permisividad, pero también crueldad pervertida y sadismo sexual. Una sociedad sana practica, con respecto a la juventud, una estrategia conforme a la transmisión de los valores colectivos y a la plenitud de los dones: adiestramiento y protección, severidad y respecto.

El retorno a estas practicas arcaicas, olvidadas por la ignorante utopía igualitaria, no es aplicable inmediatamente. Pero los tiempos futuros los impondrán de nuevo.

 

Conservadurismo y obsesión repetitiva: enfermedades seniles de la modernidad

Un día, Charles Champetier, director de Éléments, me hizo la observación siguiente. “la sociedad mass-mediática rompe la arquitectura tradicional de los saberes y la innovación intelectual o cultural en provecho de la repetición”.

Como ya lo vió Walter Benjamin, exiliado en los Estados Unidos durante los años cincuenta tras  haber huído de la Alemania hitleriana, donde observó los efectos de la televisión naciente -a la que juzgaba totalitaria- la esfera audiovisual y ahora electrovisual (Internet, CD-ROM, videojuegos...) reproducen modelos y valores sin creer en nada, según una lógica horizontal y estrictamente comercial. Otro tanto ocurre en el dominio de la publicidad: se repite, se sigue, pero no se innova: se fotocopian modelos sociales según una lógica conservadora, sobre todo en el tema de las ideas y de las nuevas soluciones. O mejor, se “hace” de las falsas innovaciones simulacros de la novedad. Las ideas, como las formas artísticas, no avanzan. La modernidad ya no es sino una obsesión repetitiva, conservadurismo (tanto en las formas como en los valores), academicismo, trucaje en la innovación. Ahora se da un abismo entre la ideología común, que repite los dogmas humanistas, y las realidades técnicas, científicas, demográficas, que funcionan en el modo de la urgencia. Esta posición a contracorriente se está acentuando progresivamente, y anuncia las catástrofes.

Antiguamente, la “metapolítica” –es decir la actualización de nuevas ideas filosóficas en la práctica política- era organizada de manera jerárquica. Una vanguardia imponía progresivamente las nuevas ideas. Hoy, bajo el reinado de la modernidad agonizante, ya no hay sino similivanguardias. Incluso las modas –intelectuales o en el vestir- ya no son legibles. Se funciona de manera horizontal, por reactividad. Se machaca. Es muy sensible, por ejemplo, en el tema de la música. Únicamente la técnica, la forma, varía, pero el fondo balbucea. E incluso en el tema técnico, la innovación ya no “cambia la vida”. Internet ha transformado menos la vida que la bombilla eléctrica o el teléfono. Todos estos signos indican que el mundo moderno está cansado. ¿Preludio de su fin?

 

 

El “gag” del PACS, modelo del “progresismo en facsímil”

 

La derecha conservadora ve en el PACS un producto del “lobby homosexual” -la famosa “mafia rosa”- para acceder al derecho al matrimonio y a la adopción de niños por las parejas homosexuales de los dos sexos. Una vez más, no ha comprendido nada. Estas parejas no duran mucho tiempo, y muy pocas de ellas pretenden una vida común duradera ni, sobre todo, la adopción de niños. ¡Cuidado!

El PACS ya no es una “máquina de guerra contra la familia” ni “un medio para destruir el matrimonio”. Aquellos que quieren contraer matrimonio, se casan; no es el PACS lo que va a disuadirlos. Es mucho más simple. Es un “gag”: forma parte de la panoplia de estas medidas gadgetes, de estas medidas simbólicas tomadas por un sistema incapaz de resolver los verdaderos problemas y que busca desviar la atención hacia unas pseudoreformas progresistas que no van a cambiar estrictamente nada. De nuevo, estamos ante una de estas falsas libertades, uno de estos derechos de pacotilla, acordados en nombre de un individualismo enfático, un taparrabos para disimular un vacío total de proyecto político.

La única consecuencia será la siguiente: el PACS agravará las rigideces y los costes financieros de nuestra sociedad (unos seis mil millones de francos[22] cada año, a causa de las ventajas fiscales) así como la lentitud de la economía. Dos colegas, cualquier tipo de “pareja” declarada como tal, podrán, mediante una sencilla declaración administrativa, beneficiarse de derechos fiscales, de derechos de sucesión, de derechos de arrendamiento, costeados por la sociedad. Se infringen deberes a los otros, pero la contrapartida es nula. En la arquitectura del Código Civil de Napoleón, hinchado de buen sentido, parecío natural y lógico que únicamente las parejas casadas se beneficiasen de ventajas fiscales, porque se suponía que se renovaba la sociedad teniendo hijos. Servicio contra servicio. Napoleón dijó: “el concubinato se desentiende de la ley, la ley se desentiende del concubinato”.

Inventado el PACS, la izquierda, para apropriarse del poder sociopolítico del lobby homosexual, ha razonado con la siguiente lógica: nuestro “progresismo” está moribundo, bajo perfusión; no podemos hacer ninguna política concreta de justicia social, de lucha contra el paro y el pauperismo. La única salida es el “progresismo de la simulación”. Así, la idea del PACS, como las medidas pseudohumanitarias  de regularización de los inmigrantes ilegales, no aporta nada al pueblo, sino que incrementa las cargas financieras de la sociedad. Mediante este gadget legislativo, la izquierda da la impresión de ser fiel a su vocación progresista.

Otra cosa: el PACS permite también, tanto a la izquierda como a la derecha “republicana”, crear un terreno artificial de polémica, aunque –en el fondo- están de acuerdo en casi todo.

El PACS también traduce la pusilanimidad y la impotencia de los gobiernos de esta democracia declinante. El proceso es siempre el mismo: como el sistema se siente paralizado para resolver los problemas reales y concretos, produce reformas abstractas, siempre legitimadas por un excedente de humanismo y de tolerancia. Las verdaderas enfermedades no se tratan, únicamente se dan analgésicos al paciente (enbrutecimiento audiovisual o electrolúdico), o se simulan resolver falsos problemas.

¿Enderezar la natalidad? ¿Frenar la desertificación de un 60% del territorio? ¿Anticipar la catástrofe anunciada a partir de 2010 a causa de la quiebra de los presupuestos sociales? ¿Reducir eficientemente la contaminación urbana? ¿Refundar las instituciones europeas? ¡Es demasiado complicado! Se prefieren los símbolos huecos: parar Superphenix[23] o instaurar la paridad de los sexos en el interior de los partidos políticos. Un Estado tentacular, socializador y fiscalista, adiposo, sin fuerza, sin autoridad, sin eficiencia. La clase política, impedida (por la ausencia de calidades humanas y de determinación), exclusivamente preocupada por la comunicación electoral, piensa a corto plazo, ya no hace ninguna previsión, ya no hace más que reformas de trampantojo. Puede preocuparse por el futuro...

 

Rap y tecno

 

Musicalmente, el rap es muy pobre, como el tecno. No hay ninguna renovación posible. La gama armónica es demasiado débil, la rítmica es excesivamente repetitiva. Las letras, escritas por unos atormentados subvencionados por el dinero público, son nulas, quejumbrosas y falsamente violentas. NTM[24] (pero también los otros grupos de rap presentes en la escena mediática) es puro academicismo subvencionado, provocación gratuita, una imitación de los grupos blacks duros del Bronx de los años setenta; pero sin el talento, la potencia, la verdad musical, de aquellos. Completos impostores. Por el momento, funciona, pero no durará...

MC Solaar es un letrista muy bueno, pero que se extravía en un callejón sin salida musical.

En cuanto al tecno, no es música, sino percusión. Esta “música” tampoco durará mucho tiempo; está agotada. No hay ningún contenido. El tecno y el rap, como toda el planeta hip-hop, seguirán el destino del twist y del disco, porque no tienen ninguna estética propia, sino que únicamente entretiene un look social. Pero el look es efímero, solamente es un guiño pasajero. Como lo dijo mi difunto amigo Olivier Carré: “le look, c’est plouc[25].

Al contrario, el rock’n’roll es eterno. Porque posee una verdadera gama armónica. Ha escapado a las modas efímeras. Lo que podemos ver en todo el planeta es el renacimiento de las músicas étnicas: célticas, helénicas, latinas, asiáticas, árabes, africanas, etc. Las músicas populares renovadas.

 

El biombo de las falsas libertades

 

La paradoja de esta sociedad es que bajo unas apariencias humanistas, tolerantes y softs, deja instalarse a la tolerancia mediante la violencia social y el retroceso de las libertades públicas. Frente a la criminalidad, la inseguridad y la precariedad económica, crecientes; frente al fiscalismo, las restricciones de la libertad de expresión política, el desarrollo inquietante del número de errores judiciales, la generalización de las bases de datos informáticos; el sistema ya no se contenta con maquillar las estadísticas o con desviar la atención sobre unos debates sin interés.

El sistema practica la estrategia de las falsas libertades. Es decir, conceder a la sociedad civil  supuestas “nuevas libertades” que realmente no poseen ningún interés concreto, pero que tienen la ventaja de ser mediáticas. El PACS, las cuotas obligatorias de mujeres en las elecciones, la prohibición de las novatadas, la inexpulsabilidad de hecho de los inmigrantes ilegales, la supuesta independencia de la magistratura, la representación de los alumnos en los consejos de administración escolares, etc. todas ellas pseudolibertades que son una carga suplementaria para el pueblo real. Así, un simulacro de emancipación disimula un retroceso de las libertades.

A las libertades concretas se substituyen unas libertades abstractas y virtuales. Desde la Revolución Francesa, el mecanismo siempre es el mismo.

 

La “discriminación positiva” es racista y sexista

Varios Estados de los Estados Unidos han creado programas y votado leyes de affirmative action, de “discriminación positiva”. Esta palabra, por sí misma, es ridícula... También ahora Suráfrica está desarrollando este tipo de programas.

En verdad, la affirmative action crea un discurso racialista, casi racista, porque necesita de una definición de las “razas a ayudar”. ¿Es necesario también ayudar a los árabes y a los coreanos? Una “escala racial” de superioridad / inferioridad se establece implícitamente, producida por la ideología antirracista... En los Estados Unidos, muchos representantes de las minorías se sintieron humillados de entrar en la categoría de los beneficiarios de las “discriminaciones positivas”. Recientemente, en Francia, una novelista de origen africano ha firmado una petición para exigir una cuota obligatoria de negros en la televisión.

En todos estos casos, se asimilan las mujeres, los negros, etc. a subnormales congénitos, a subdotados que, por conmiseración, deben ser ayudados. ¡Qué humillación! ¿Se debe  humillar al “macho blanco” para que los demás puedan tener una parte del postre, lo que supone que el “macho blanco” es superior por definición? Consecuencia: se debe de desvalorizar autoritariamente el supuesto superhombre para que los demás puedan ocupar su puesto. Es decir, que las mujeres y los negros son víctimas perpetuas que, congénitamente, necesitan ser ayudados; débiles que deben ser protegidos continuamente de la opresión.

Al final, la ideología antirracista, igualitarista y feminista avala la inferiorización racista o sexista. ¡Si yo fuese negro, realmente estaría furioso de ser tomado por un incapaz permanente, que debe ser asistido en perpetuidad!

Por otra parte, cuando se impone autoritariamente una cuota de 50% de mujeres entre los candidatos de los partidos políticos, la ideología igualitaria contraviene los principios de igualdad y desvaloriza la santa “causa de las mujeres”. En efecto, si la mayoría de los candidatos es masculina, no es porque las mujeres estén apartadas voluntariamente, sino porque no hay suficientes candidatas. Con una ley paritaria,  se va a imponer por fuerza un número importante de candidatas necesariamente mediocres; como cuando Juppé[26], para parecer “moderno”, quería seis ministras en su gobierno, despedidas muy poco tiempo después por incompetencia... A propósito, en otras profesiones “civilmente capitales”, como la magistratura o la enseñanza secundaria, donde las mujeres constituyen la gran mayoría, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de hombres?. Y en la medicina y la cirugía, donde los hombres son particularmente mayoritarios, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de mujeres  por dos concursos separados? Pero en este caso, hay un problema: los igualitaristas, los grandes burgueses de la izquierda bien-pensante, partidarios de la discriminación positiva, probablemente no querrían ser operados por  “cirujanas” de talento dudoso.

Más lejos, ¿por qué no aplicar, además de las cuotas de sexos, unas cuotas étnicas, con arreglo a la composición de esta sociedad multirracial, tan querida por la izquierda igualitaria? Air France estaría obligada –mediante contratación separada en “colegios étnicos”- a contratar un X% de pilotos de origen africano, de origen magrebí, etc. Pero esta cosa, no la veremos nunca. Los intelectuales igualitarios no están tan locos...

De hecho, la discriminación positiva, cuyos finos son antirracistas y antisexistas... conduce a sexualizar y racializar la sociedad. De otra parte, se puede notar que el igualitarismo, cuando intenta aplicar sus principios hasta sus consecuencias lógicas, los pervierte, los deviene absurdos y contradictorios. ¿La igualdad de suertes no conduce a la igualdad de resultados? Bueno. Así se va a imponer, por fuerza, la igualdad de resultados, a destruir la noción de igualdad de suertes, fundamento esencial de la ideología igualitaria... Únicamente porque ésta última rechaza dogmáticamente el reconocer la desigualdad de las capacidades que rigen a los individuos entre sí y a los grupos entre sí. ¿La naturaleza no tiene nuestras ideas? Vamos a cambiar la naturaleza por decreto, como ya lo hicimos varias veces en la Historia. ¡Programa amplio y vía sencilla hasta la catástrofe! Pero, después de todo, es mejor así. Como dice un proverbio indio: “cuando tu enemigo está bailando en un tejado, déjalo hacer y aplaude  la proeza...”

 

Retorno de la lucha de clases: la izquierda lucha en el lado de los explotadores

En la mitología clásica de la izquierda marxista, la lucha de clases oponía los asalariados proletarizados a la burguesía patronal o rentista. Hoy, la verdadera lucha de clases opone los asalariados del sector protegido, casi asegurados de tener un empleo de por vida, beneficiándose de importantes privilegios y de ventajas adquiridas, a los parados y poseedores de empleos precarios o arriesgados, cada vez más numerosos (temporales, CDD[27], etc.). Los primeros se engordan con la explotación de los segundos y se benefician del arma de la huelga. La seguridad de los unos está fundada sobre la precariedad de los otros. La paradoja es que la izquierda actual y sobre todo sus sindicatos, y más todavía los de la función pública, devienen defensores de la clase económicamente explotadora y asegurada: los “asalariados protegidos”, con cada vez mayores privilegios, mantenimiento de ventajas exorbitantes financiadas mediante los impuestos retenidos del sector privado precario, baja de las horas de trabajo por un sueldo igual para los empleados de los sectores públicos, parapúblicos y de los grandes grupos (la impostura de las 35 horas, etc.)

Las grandes huelgas del invierno 95-96 no fueron actos de defensa social, sino una lucha corporativista de clases. En efecto, los asalariados del sector protegidos pedían más financiación y sacrificios a las clases prevaricadas y creadoras reales de riquezas.

Por otro lado y al mismo tiempo, el Frente Nacional reclutaba sus militantes entre el proletariado de los sectores no protegidos, entre las nuevas clases precarias o entre aquellas que se arriesgan a crear riqueza, ¿cuales son los nuevos batallones electorales de la izquierda? La burguesía del sector protegido. Una burguesía preservada del paro, del pauperismo y de la delincuencia...

La izquierda troskista y la lucha de clases: el problema de las algunas personas honestas y perspicaces de la extrema izquierda es que pueden ver lo que no funciona y su porqué, pero no formulan ningún contramodelo. Constatan que el sistema no posee ninguna solución social y económica creíble; que el liberalismo bruto conduce al horror económico. Pero ya no se atreven a proponer respuestas o proyectos de sociedad; de una parte porque su eterno recurso a las soluciones marxistas se ha hundido; de otra parte porque ya saben, sin poder confesarse, que el verdadero recurso ya no se encuentra en la izquierda, sino en el lado de lo que Zeev Sternhell llamaba la “derecha revolucionaria” y Pierre Vial, el “nacionalpopulismo”.

En verdad, desde hace mucho tiempo, la izquierda ha desertado del terreno social. Hoy, se refugia en el “terreno ético”, nueva impostura. La “defensa de los oprimidos” ya no le interesa, excepto como simulacro. En verdad, a la tradición marxista y trotskista siempre le ha dado igual  la “clase obrera”,  los “proletarios” ayer, hoy los inmigrantes. Los marxistas y los trotskistas siempre los han utilizado cínicamente como carne de cañón para la definitiva toma del poder. Pero, desgradaciamente, no es suficiente tomar el poder, lo más importante es conservarlo. En su estrategia pseudomoral, la izquierda y la extrema izquierda han olvidado un factor-clave, un joker: el Islam. 

 

Contradicción entre la integración y el comunitarismo

Cuando proyectan el futuro de los inmigrantes y de sus descendientes en Francia, tanto la izquierda como la derecha se equivocan fuertemente. Los principios “republicanos” y “humanistas” llegan a soluciones absurdas y contradictorias. El discurso oficial afirma, a un mismo tiempo, que una integración, según la lógica republicana, es necesaria, pero no una asimilación, vista como una coercición racista. Paralelamente, afirma que tienen que preservarse las “diferencias”: es la teoría del diferencialismo o del comunitarismo que cree en la posible armonía de un “Islam republicano”, respetuoso de los valores laicos, y que el mosaico étnico  es viable sin conflictos. También el discurso oficial hace apología del mestizaje, lo cual es totalmente contradictorio con la opción comunitarista donde los miembros de cada etnia tienden a agruparse... Es todo y su contrario: la integración sin la asimilación, la preservación de las diferencias etnocomunitarias y el melting-pot, etc. Una vez más, la ideología hegemónica sucumbe a su pecado esencial: la creencia en los milagros. Prohibir el hijab en la escuela pública, ¿es republicano o es racista?, ¿o ambas cosas a la vez? Las acrobacias intelectuales de los mass-media y de los políticos sobre este tema muestran que se encuentran ante un callejón sin salida. En la Historia existen contradicciones insuperables, es decir problemas irresolubles. La ruptura provoca las soluciones, pero en el cuadro doloroso de otro sistema.

 

La venganza, motor de lo político

Montecristo: la venganza es la forma más completa de la fuerza política. Exactamente como en el terreno del amor. Nada es tan fuerte como el deseo de venganza. Puede escalonarse durante siglos, y no conoce el olvido. Actualmente, somos la presa del deseo de venganza, a menudo inconsciente, de los pueblos del Sur que hemos colonizado y que se consideran explotados y humillados. La venganza es una de las líneas de fuerza de la Historia. Una de las causas de la Primera Guerra Mundial fue la voluntad francesa de recuperar las provincias de Alsacia y de Lorrena, perdidas en 1871.

Existe un paralelo asombroso entre las relaciones afectivas individuales, las relaciones políticas y las relaciones entre los pueblos.

La respuesta no consiste en decir: “tenéis razón, esperamos el asalto, castigadnos, invadidnos”, tal como lo hace la ideología dominante, ni ser portador de un discurso de odio. La solución es defenderse, según la palabra de Demóstenes, “en la indiferencia del alma”.

 

Sociedad multirracial, sociedad multirracista

Recientemente un reportaje de Libération hizo una constatación desconsolada: Brasil, país multirracial cuya Constitución es la más antirracista del mundo, conoce una impresionante jerarquización racial donde los negros (a parte de las stars del fútbol, los gladiadores) son considerados como nada. Miseria económica y desprecio social: una gran parte de la población está marginada en la miseria, la ignorancia y la delincuencia. Este buen periodista explicaba que, al final, ¡la Suráfrica del apartheid era menos racista que el Brasil antirracista!

Conozco muy bien los Estados Unidos: con un bemol, la situación está muy cerca de la del Brasil. Sin embargo, el artículo de Libération no concluyó nada sobre esta situación, encenagado en el dogma multirracial. El periodista creía en los milagros, en su utopía, pensando que la situación podía cambiar con la “educación”, la “tolerancia”, y la “buena voluntad”... Siempre el mito de la izquierda: la educación y la prevención.

La ideología igualitaria ha despreciado siempre la sociología de la realidad, la sociedad humana inmemorial. Se imagina que el “espíritu de las leyes” no tiene ningún limite, que el decreto crea la realidad. Una ingenuidad tal desarrolla la idea de que una sociedad multirracial encuadrada por leyes antirracistas será por fuerza armoniosa.

La peor de las utopías igualitarias es precisamente esta última idea. Las sociedades étnicamente heterogéneas siempre fueron, en la Historia, calderos de conflictos. El “no-racismo” y el respeto étnico solamente pueden funcionar si las poblaciones viven en entidades políticas y sistemas diferenciados. El drama yugoslavo fue el último ejemplo. En la Historia, no existe ningún ejemplo de sociedades pluriétnicas no conflictivas, sino sociedades multiculturales que siempre fueron cruelmente jerarquizadas y opresivas. Pero la experiencia es débil frente a los dogmas...

El igualitarismo (como el “comunitarismo”), se imagina que puede vivir su diferencia étnica en la esfera privada y masivamente comulgar juntos en la esfera pública, social y política. Pero, nunca esta creencia mecanicista ha sido verificada...

Conocí en Texas, en 1996, a un verdadero racista norteamericano, gran propietario de ranchos, un tipo al estilo J.R.. “No entiendo -decía este hombre-, por qué en Europa varios partidos políticos intentan limitar la inmigración. ¡Todos estos inmigrantes serían para vosotros una nueva clase de esclavos! Es suficiente, como aquí, tener una policía para reprimir sus motines”. Sin comentario...

Muchos racistas desean una sociedad multirracial...

En los Estados Unidos, espacio amplio, país de migrantes, los efectos conflictivos de la sociedad multiracial están limitados. En Europa, tierra con espacio restringido y cada vez más presa de la presencia creciente del Islam, no es así. La guerra étnica se perfila: en varios sitios, ya ha comenzado...

 

Necesidad de un pensamiento revolucionario. ¿Cómo definirlo?

El sistema está globalmente en estado de disfuncionamiento. Ninguna mejora es posible, porque la ideología hegemónica –y no la opinión común- la rechaza; una incompatibilidad de humor se ha instalado entre esta ideología y las soluciones practicas que sería necesario aplicar para salvaguardar lo esencial de esta civilización. Hoy, ninguna reforma parcial es ya suficiente: se debe cambiar de sistema, como un antiguo motor cuyas piezas ya no pueden ser reparadas, sino que deben ser remplazadas.

Un partido político cuyo  objetivo no sea el arribismo de sus cuadros sino la salvación de su nación, ya no debe de pensar en términos reformistas, sino revolucionarios. La mentalidad revolucionaria puede definirse como un estado de guerra permanente. Una oposición “clásica” piensa en el poder que quiere tomar como en un adversario cuyos cuerpos constituidos están compuestos de colegas políticos; una oposición revolucionaria piensa en el poder y en sus miembros como en enemigos.

Sin embargo, hay dos concepciones del pensamiento revolucionario, que Maquiavelo y Lenin habían entendido perfectamente. La primera es defensiva y conduce al fracaso. Es la estrategia del león que siempre muere, a menudo con valentía, bajo de las picas de las lanzas. Esta estrategia rechaza toda alianza táctica, todo compromiso provisional, en nombre de una pureza doctrinal mal comprendida. Es una estrategia sin espíritu de ataque. Se carga con el pantalón rojo, bigote al viento, antes morir bajo las balas de las metralletas enemigas[28].

La segunda concepción es asaltante. Subordina los medios al fin. Es la estrategia del zorro, la raposa que siempre devasta, de noche, los gallineros. Sabe contratar alianzas con los tontos útiles y los oportunistas, los chaqueteros que saben disimular la espada bajo la toga para así golpear más fuerte, que conocen el arte de la máscara. Saben proceder con paciencia y constancia: el mantenimiento secreto de sus objetivos radicales. Saben hacer concesiones, provisionalmente, sin perder de vista la integridad de sus objetivos, apoyados en una voluntad de hierro. Practican el arte de la mentira, alabado por Nietzsche. Como buenos marineros, saben bordear y utilizar la potencia de los vientos contrarios, sin olvidar nunca el puerto final, el objetivo final.

La primera concepción es romántica; sus raíces mentales son germánicas y célticas. La segunda concepción es clásica. Sus raíces mentales son helénicas y romanas. La primera concepción es inepta para tomar el poder, pero después de la toma del poder, puede ser muy eficiente.

  

Las verdaderas razones de la diabolización del Frente Nacional

Estoy en desacuerdo con varios puntos del programa oficial del Frente Nacional, particularmente en su estrategia europea, su doctrina económica y su nacionalismo jacobino. Pero, como escribió Baudrillard –con la consecuencia de un ostracismo brutal por parte de la clase mediática-, el FN es el único partido auténticamente revolucionario desde 1945. Su proyecto claro es la inversión global del sistema. Se puede discutir sobre la táctica, sobre los puntos particulares de la doctrina, pero lo esencial es la unidad de una visión del mundo global. El Frente Nacional, a pesar de sus defectos, de sus errores tácticos, de sus peleas internas, sus aproximaciones y sus contradicciones ideológicas, ahora es ineludible.

¿Por qué está criminalizado por parte de la clase mediática y la burguesía bien-pensante? ¿Porque es “racista”, “fascista”, “de extrema derecha”, “antirrepublicano”? No. Estas acusaciones de falsas vírgenes asustadas únicamente son pretextos. Aparte de la ausencia, en su programa, de elementos tomados de las doctrinas precitadas, sus acusadores más virulentos son miembros de corrientes de pensamiento –también Jospin y un 50% de los ministros socialistas- que han pactado, a sabiendas, durante décadas, con el comunismo totalitario.

Las verdaderas razones del ostracismo antiFN son otras. El FN: 1) destroza –porque la revela y no la practica- la regla del juego de la clase política, es decir el arribismo, apoyado sobre el pacto pseudorrepublicano izquierda / derecha, constituido por falsas animosidades y verdaderas ententes; 2) hace política cuando la clase política hace negocios; 3) tiene ideas y crea el debate, aunque la clase política piensa que las ideas son peligrosas (porque dividen y despiertan el espíritu del pueblo) y que no es posible –para ella- destruir un sistema fundado sobre la descerebración del pueblo por las elites de la sociedad del espectáculo; 4) exige del poder soluciones concretas a las dificultades económicas, cuando es evidente que un gobierno tiene que “comunicar” y maniobrar para ser reelegido; 5) rompe la omertà, la ley del silencio y revela una realidad social y política catastrófica.

En resumen, el Frente Nacional no está diabolizado por hipócritas razones morales, sino porque es demasiado democrático y demasiado político, porque amenaza directamente la carrera de políticos influyentes, de partidos instituidos, de lobbies diversos, por ese peligro permanente que es el “despertar del pueblo”.

El Frente Nacional  está diabolizado y combatido, y a menudo con un ensañamiento ilegal, no porque “amenaza la República”, sino porque amenaza a los pseudorrepublicanos. Se ve agredido no porque sus valores sean inaceptables, sino porque tiene valores, y esto es inaceptable.

Aunque no divido todo su programa, tengo que reconocer que el FN es la primera fuerza en Europa que implícitamente encarna esta idea mortal para el sistema: la Resistencia a la Revolución.

Las falsas elites, usurpadoras de la República, intentan matar al Frente Nacional, porque este último quiere restablecer el contrato moral entre el pueblo y sus dirigentes. Así, está inculpado de inmoralidad. La clase politicomediática no consigue destruirlo. En vez de prohibir el FN, queda una solución única: abolir al pueblo. La inmigración es una arma para abolir al pueblo. Pero es una arma de doble filo, porque la clase politicomediática ha olvidado un factor esencial: el Islam.

 

Principios maquiavélicos de la conquista del poder

 

Debemos releer a Maquiavelo, del que Lenin y Napoleón fueron lectores asiduos. La opinión es versátil: hoy soportaría mal las soluciones y las terapias eficientes a los daños que sin embargo la angustia. ¡Hoy, los ferroviarios, víctimas de los ataques de las bandas étnicas, pero encuadrados por los sindicatos de izquierda cómplices del sistema, serían capaces de manifestarse contra las expulsiones de clandestinos! Incoherencia de los tiempos fríos. Pero, durante una crisis grave, durante los tiempos calientes, todo cambia. Las opiniones cambian únicamente cuando se contemplan entre la espada y la pared. Un partido revolucionario debe saber que únicamente podrá tomar el poder después de una crisis, de un caso de emergencia (Ernstfall), cuando la opinión se encuentre lista para aceptar lo que era inaceptable, y no en el caso de una situación de podredumbre lenta, cuando la propaganda oficial neutraliza los motines y las tomas de conciencia.

Un partido revolucionario tiene que presentarse como un salvador. En caso de sacudida sísmica, la ideología hegemónica se hunde con sus tabúes. Y en este momento, el partido revolucionario se transforma en la única solución de salvación. Un partido revolucionario debe de pensar su acción en términos para después de la crisis, para después del caos. Ser revolucionario es pensarse como un terapeuta y no como un reformista. El reformista prescribe algunos medicamentos analgésicos o rompe el termómetro. El revolucionario preconiza la intervención quirúrgica radical y un tratamiento capaz de erradicar definitivamente la enfermedad. Un revolucionario no reforma un sistema orgánico radicalmente enfermo, sino que cambia de régimen o, más exactamente, lo metamorfosea.

Un partido revolucionario nunca debe ser una maquina para tomar el poder y administrarlo como lo hacen los otros. Debe saber que los primeros meses son meses de enfrentamientos y de tormentas; tiene que prepararse mentalmente a no ceder; no tiene que dudar si infringe los antiguos principios, más aún cuando la crisis y el caso de emergencia los habrán debilitados considerablemente.

En segundo lugar, un partido revolucionario ascendido al poder debe de crear situaciones irreversibles, imposibles de cambiar si pierde el poder. Así, se debe de accionar rápida y fuertemente. Pero si lo hace, todo será aceptado por la población, porque las reglas del juego habrán cambiado. Los viejos valores desaparecerán, los tabúes se hundirán.

En tercer lugar, incluso en esta época mediática, se debe de cultivar la precisión de los resultados prácticos sobre las medidas simbólicas. El hombre de la calle tiene que ver concretamente y sentir el efecto del nuevo programa en su vida cotidiana. Calidades requeridas: imaginación y tenacidad.

El peligro, para un poder revolucionario, es pensar que las antiguas reglas del juego todavía son validas. En verdad, el después del caos lo cambia todo. Se habla a menudo, para tal poder, de su aislamiento en la escena internacional. Pero, de una parte, ¿quién sabe si la escena internacional, ella misma, no habrá cambiado? De otra parte, las precauciones, como en el tiempo del viejo mundo, no serán validas frente al imperativo crucial de realizar el programa revolucionario. Maquiavelo escribía: “el nuevo Príncipe, antes de todo, tiene que ser valiente y determinado”.

 

La izquierda no es ni reformista ni revolucionaria, ni conservadora, sino “acentuadora” del sistema

Es una evidencia, pero tiene que repetirse sin cesar. Desde mediados del Siglo XX, la izquierda cultiva la impostura de la revolución y de la reforma. Dice que es la encarnación del antisistema, aunque ella es el sistema. Dice que está oprimida, aunque es opresora.

Las reformas de la izquierda socialista no son reformas, porque intensifican el estado de hecho, y acentúan cada vez más la influencia de su ideología sobre la sociedad. En cuanto a la extrema izquierda, que actualmente parece renacer, como el proyecto de una sociedad comunista se revela ahora ridículo, su rol (como el de Los Verdes y el del PCF) es el mismo que el de la izquierda socialista, pera más acentuado: intensificar la ideología y las estructuras de la maquinaría igualitaria, sobre todo en su terreno de predilección: la inmigración. Para la extrema izquierda, se tiene que intensificar, acentuar las tendencias de la sociedad actual, para dejarlas definitivas.

La izquierda ya no propone “cambiar de sociedad”, como en Mayo 68, sino llegar a sus consecuencias últimas y lógicas: la sociedad igualitaria. La extrema izquierda ha renunciado a proponer el programa de otra sociedad. Ha olvidado sus palabras anticapitalistas y antiburgueses; ya no tiene la fuerza ni la imaginación de crear un neocomunismo (como intentó hacerlo la Escuela de Francfort). Su discurso es una canción sobre el tema de “vamos más lejos en el camino del igualitarismo”.

En su crítica de la “exclusión”, no presenta ningún modelo social y económico alternativo. Su línea doctrinal se ha recentrado completamente, de manera obsesiva, sobre el tema moral: ayuda a los inmigrantes –supuestos únicos excluidos, lo que es una impostura- y promoción, en el plano étnico y cultural, de la deseuropeanización de la sociedad.

Las reformas de la izquierda son trampas mentales. No se reforma nada, no se resuelve nada, se acentúa. ¡Arriba la crisis!

 

La gran impostura de Los Verdes, los reyes del taparrabos

En Francia como en Alemania, la paradoja de los ecologistas es que hacen política, pero no ecología. Es imposible encontrar en sus programas verdaderas propuestas ecológicas; por ejemplo la organización continental de la “ferroautopista” (los camiones sobre trenes, y no sobre el asfalto de las autopistas) o la producción de vehículos no contaminantes (GPL, eléctricas, etc.), o la lucha contra el “ácaraje” (dispersión de las construcciones sobre las zonas naturales), el abono de los suelos con fertilizantes, la contaminación freática de los grandes acuíferos, el agotamiento halieútico de las mesetas continentales, los aditivos químicos alimenticios, el exceso de insecticidas, de pesticidas, etc. Cada vez que he abordado estas cuestiones concretas con un representante de Los Verdes, tengo la impresión de que realmente no le conciernen y que nunca han profundizado.

Pues, como me declaró un día discretamente Brice Lalonde[29], la bandera de los Verdes es la cuestión nuclear diabolizada mágicamente, pues es asimilable a la “bomba atómica”. Ahora bien, su objetivo explícito del cierre del parque nuclear implica una reactivación de las centrales térmicas de hidrocarburos y de carbón, realmente más contaminantes y peligrosas (y más caras) que las centrales nucleares con sus consecuencias (residuos y riesgos de aerosoles radioactivos de tipo Chernobil). La lucha antinuclear es pues antiecológica. Contra las mareas negras y las emisiones de dióxido de carbono, Los Verdes alzan poco la voz; contra el menor incidente sin gravedad en una central, organizan un concierto de alaridos. Y nada más: Los Verdes no se atreven a enfrentarse al lobby petrolero mundial que, sin duda, les paga discretamente para intensificar la lucha antinuclear. El lobby nuclear nacional es un enemigo mucho mas confortable.

 No existe ninguna energía no contaminante y, hasta ahora, la nuclear es la menos contaminante de las energías industrialmente controlables. Es extraordinario pensar que, para remplazar la energía menos contaminante, Los Verdes llegan hasta (como en Suecia) recurrir a la reactivación de las energías fósiles más contaminantes. Las cinco fuentes de energía limpias alternativas a la nuclear (geotérmica, solar, eólica, maremotriz, hidráulica) se encuentran en la imposibilidad técnica de proporcionar los suficientes  megavatios necesarios para un país industrial.

Al igual que la extrema izquierda en el dominio económico y social, Los Verdes se contentan con criticar y destrozar. Ni un estudio, ni una proposición seria ha emanado nunca de sus filas para mejorar y rentabilizar las fuentes de energía mencionadas, bastantes limpias, o para imaginar otras. Por ejemplo, descentralizar la producción de electricidad mediante la instalación de turbinas sumergidas en los ríos, versión contemporánea de los antiguos molinos de agua, o con la construcción, cerca de las costas azotadas por el viento de plataformas eólicas, según el concepto aplicado en la sociedad neerlandesa-flamenca. 

Las medidas concretas tomadas por Los Verdes cuando han accedido al poder han sido aberrantes, como el caso de la anulación de la boca del canal Rin-Ródano, conseguida por la Señora Voynet[30], cuya consecuencia ha sido el incremento del trafico de mercancías en camiones entre el Mar del Norte y el Mediterráneo, que obstaculizará aún más las carreteras, las vías más caras y más contaminantes.     

En verdad, Los Verdes  no se preocupan por la ecología. Sólo es un pretexto. Prefieren, tanto en Alemania como en Francia, luchar en la defensa de la homologación, la regularización de los inmigrantes clandestinos para impedir las expulsiones legales, etc., pero muy poco por la defensa de la causa ecológica. La ecología es el taparrabos del izquierdismo.

La ecología política, como son por ejemplo las campañas de Greenpeace, es una vasta impostura. Constituye uno de los innumerables disfraces –al igual que las asociaciones caritativas y humanitarias o culturales- de la extrema izquierda  para colocar sus peones y paliar su ausencia de todo proyecto socioeconómico alternativo. Todas las ideas de la modernidad son inviables. Sed arqueofuturistas...

 

Las verdaderas causas del  inmigracionismo: xenofilia, etnomasoquismo, electoralismo

¿Por qué esta propensión, en toda la izquierda, a favorecer así la inmigración? Los argumentos presentados  son de mala fe y a menudo perfectamente ridículos.

1)      Por el honor de Francia, tierra de acogida, patria de los Derechos humanos, se tiene que recoger los refugiados. Ser patriota consiste en -¡es normal!- metamorfosear, en una generación, el substrato antropológico, étnico y cultural del país, fenómeno único en la Historia de las Galias y de Francia.

2)      Los inmigrantes dinamizan la economía. En los años sesenta, cuando un patronato codicioso, irresponsable y egoísta, con la complicidad de los sindicatos, iba a contratar en el extranjero una mano de obra dócil y barata, en lugar de invertir para bajar los costes, hacer crecer la productividad y remunerar correctamente a los obreros franceses, este argumento económico no era admisible. Hoy, el coste de la inmigración es colosal.

3)      La natalidad francesa de origen ya no es capaz de renovar las generaciones; los inmigrantes, pues, son necesarios. Magnífico sofisma: ¿por qué, en lugar de favorecer la inmigración, no tomar medidas para desarrollar la natalidad de los Franceses de origen? Porque el natalismo es un pecado político e ideológico. Ahí están las dos verdaderas razones del inmigracionismo. La primera, psicoideológica; la segunda, un puro calculo político.

 Primera causa: la izquierda que pilota el inmigracionismo y arrastra a la derecha culpabilizada en este terreno, siente en sus fibras ideológicas y morales, un sentimiento, un complejo binario: xenofilia y etnomasoquismo, idealización del extranjero afroasiático y odio hacia su propia estirpe. Esto se asemeja al antiguo síndrome, muy bien conocido, de los burgueses marxistas antiburgueses, de las antiguos seminaristas transformados en anticlericales, o de los judíos antisemitas. Un psicoanálisis político de los ideólogos de izquierda, mostraría que en sus espíritus enfermos, el “hombre blanco” es culpable por definición, contaminado por el pecado capital de haber explotado al hombre extraeuropeo (esclavitud, colonialismo, racismo, etc.) El inmigracionismo y las teorías de la sociedad multirracial y mestizada son un trabajo de expiación. Nosotros debemos de expiar nuestras faltas y desaparecer como pueblos homogéneos. Nosotros debemos de dejarnos colonizar, dominar (cuando digo “Nosotros”, no hablo de “ellos” personalmente, de los ideólogos de izquierda, sino de estas detestables masas populares de origen europeo). Un ejemplo entre otros: frecuento mucho, por razones profesionales, el mundo del show-business. Durante una entrevista con la guapa y talentosa Béatrice Dalle[31], “lookada” pseudorebelde, le pregunté: “¿Por qué no tienes hijos?” Respuesta: “No quiero engordar después de una maternidad. La maternidad, es carca. Pero me gustan mucho los críos. Me gustaría adoptar alumnos, si es posible”. Pregunta: “Justamente, hay muchos pequeños rumanos y ucranianos, ¿esto no te tienta?”. Respuesta, sin comentario: “¡No! No quiero adoptar ningún europeo. Únicamente críos de color, de África o Asia”. Qué magnifico terreno para un psicoanalista: ¿el etnomasoquismo y la xenofilia de la izquierda son el fruto inconsciente de una obsesión racial?

La segunda razón del inmigracionismo es un sencillo calculo electoral y demográfico. Los sondeos de los Renseignements Généraux[32] indican que, del hecho de las naturalizaciones, del jus solis y del laxismo migratorio, la proporción de los electores de origen extraeuropeo aumenta sin cesar. Y estos electores votan en una gran mayoría por los socialistas y la extrema izquierda que los protegen, aunque su elemento electoral natural, las clases populares de origen francés votan cada vez más por el Frente Nacional. El calculo es simplisimo: a) aumentar la proporción del “voto inmigrante” entre los electores, b) facilitar el acceso al escrutinio por la inscripción automática (y no voluntaria y “ciudadana”) en las listas electorales. Es un calculo a corto plazo, pero es un buen calculo arribista para los políticos de izquierda y de extrema izquierda: una mayoría durable para conservar el poder. Por razones demográficas, la derecha no puede ser mayoritaria por un tiempo largo. ¿El pueblo no conviene? ¡Vamos a cambiar el pueblo!  

 

La preferencia nacional: noción contradictoria

Tanto la izquierda como la derecha llamada “republicana” consideran como fascistizante y discriminatoria la noción de “preferencia nacional”. Los ayuntamientos que proporcionan un subsidio de nacimiento a los conjuntos franceses están fuera de la ley, como las asociaciones caritativas que limitan su asistencia a los ciudadanos franceses. Sin embargo, los empleos civiles y militares del Estado están –constitucionalmente- reservados a los ciudadanos franceses. La Constitución es pues fascistizante y discriminatoria: ¿por qué la izquierda no la reforma inmediatamente en este dominio?

El derecho internacional está totalmente fundado sobre esta noción de preferencia nacional. Está aplicada en todos los países del mundo, que privilegian a sus ciudadanos, sobre todo en el tema del empleo. ¿Quizás todos los países del mundo, excepto Francia, son fascistas? ¡Como fueron fascistas las leyes de preferencia nacional votadas en 1936, por el Parlamento del Frente Popular, presidido por Léon Blum!

En verdad, tantos los adversarios como los defensores de la preferencia nacional son víctimas del síndrome del concepto político contradictorio. En primer lugar, la ideología igualitaria profesa a la vez la idea de nación y de no-discriminación, de pertenencia y de no-exclusión. Para llegar, con lógica, hasta el final de su visión del mundo individualista y universalista, la ideología hegemónica está obligada matar sus conceptos de nación y de ciudadanía. Porque criminalizar la idea de preferencia nacional es quitar todo substancia a la de ciudadanía. Todos somos “ciudadanos del mundo”, es evidente, pero de ningún país preciso... En estas condiciones, el mismo concepto de nación, como el de ciudadanía nacional, ya no significa nada. Y, en última instancia, el  de “Estado” tampoco.

¿La izquierda y la extrema izquierda, enemigas de la preferencia nacional, se dan cuenta de que están destruyendo su apego al Estado-Nación y a sus doctrinas de pilotaje estatista de la economía? ¿Se dan cuenta de que se están adscribiendo implícitamente al ultraliberalismo, para el cual no existe ningún ciudadano, sino átomos individuales, sujetos económicos desencarnados y sin apego? La izquierda más tonta del mundo parece ignorar que el rechazo de la preferencia nacional es el dogma central del ultraliberalismo. Nunca han leído a Milton Friedman.

En verdad, esta diabolización de la preferencia nacional es un remake del internacionalismo proletario del marxismo, rápidamente enterrado, por utópico, por los fundadores del comunismo.

La polémica sobre esta preferencia atañe al fenómeno de la emergencia del concepto sepultado. Es psicoanálisis político. El Frente Nacional ha llegado al debate sobre el terreno semántico. Ha explicitado un concepto implícito de la ideología republicana y forzado a los “republicanos” a reconocer que este concepto era en el fondo incompatible con el dogma igualitario e individualista. Así, las bellas almas políticamente correctas están ideológicamente estrampadas: combatir la preferencia nacional y –al mismo tiempo- defender con énfasis la “ciudadanía” (o reapropriarse el patriotismo “francés” y la idea de Francia) será en el futuro un ejercicio cada vez más acrobático. De otra parte, la izquierda se mueve entre sus contradicciones: Un senegalés tiene todos los derechos en Francia, los mismos que tiene un francés en el Senegal. Esta contradicción es fundamental.

Pero también el FN no se escapa de sus propias contradicciones en el tema de la preferencia nacional. Porque, al final, por las leyes sobre las naturalizaciones, por la evolución demográfica y migratoria, los que el FN designa como “extranjeros” son jurídicamente franceses, particularmente la gran mayoría de los jóvenes beurs y negros. Leed la continuación...

 

La preferencia étnica: noción arqueofuturista

Espontáneamente, los beurs y negros, sin embargo jurídicamente “franceses”, ya no piensan en términos de nacionalidad. Son arqueofuturistas sin saberlo: piensan en términos étnicos. Hablan de los “galos”, de “quesos blancos” o de “hijos de Clodoveo”. Qué distancia entre la ideología oficial del igualitarismo integrador y la realidad social...

El dilema del FN es que su imperativo de “preferencia nacional” también se aplica a la mayoría de los “jóvenes” de origen extraeuropeo y que esto le coloca ante un serio problema. Es terriblemente difícil para el FN reconocer que “la noción de nacionalidad francesa se cae”.

¿La solución? La ideología hegemónica y su sistema se ven atrapados por sus contradicciones que son como bombas de efectos retardados. Solo el clash resolverá el problema en lugar de los ideólogos. Después se tendrá que clarificar y escoger: o abandonar toda idea nacional en provecho de una concepción individualista y cosmopolita global, lo que constituye el resultado lógico de toda la ideología igualitaria y judeocristiana y de la Revolución Francesa; o poner claramente el principio de la preferencia étnica, ya no fundado sobre la pertenencia formal y jurídica a un Estado-Nación, sino a una comunidad antropocultural. Por el momento, estamos a oscuras. Pero estoy seguro que los próximos acontecimientos van a cambiar y clarificar las cosas.

Último punto: la etimología de la palabra “nación” ha sido borrada totalmente por la izquierda. Según el latín, esta palabra significa: “conjunto de hombres nacido del mismo tronco”. Y en griego, ethnos...

 

Principios revolucionarios de la aversión y de la amistad. Crítica de Carl Schmitt (1)

Carl Schmitt y su idea-fuerza: la esencia de lo político es la designación del enemigo, más que la noción liberal de gestión arbitral y apacible de la Ciudad. Pero solamente tenía media razón. Como lo han remarcado algunos de sus adversarios, tan antiliberales como él, la esencia de lo político también es la designación del amigo, del “camarada” de combate. Lo habían entendido perfectamente los marxistas, sin poder ni atrever a formularlo. O más precisamente, han definido de manera falsa y errónea esta noción de “camarada”, limitándola al “camarada de clase”. Era un concepto-simulacro, abstracto, sin fundamento antropológico, tan como el  “ciudadano” de la Revolución Francesa.

Parece evidente que una fuerza, un partido, un movimiento con una vocación política, solamente puede triunfar si las divergencias internas –ideológicas sinceras o de ambiciones personales- son energéticamente menos fuertes que la voluntad de combatir al enemigo común. Pero esta aversión externa no es suficiente para unir a un partido. Deben también existir energías endógenas de amistad y de repartición desinteresadas.

Combatir a un enemigo común no basta. Tiene que existir una verdadera comunidad de valores, fundada sobre varios sentimientos puramente positivos. El camarada no es solamente el cómplice de combate. De otra forma, todo enemigo astuto puede dividir un partido.

La amistad interior tiene que tener la misma potencia que la aversión exterior. Porque se puede odiar al mismo enemigo sin que esta detestación saludable borre las aversiones interiores. Lenin escribió: “unámonos por el momento. Veremos después”. Quería decir: después de la toma del poder.

Sutil dialéctica la de la amistad y la aversión. Un movimiento político vencedor es aquel en el cual las divergencias internas nunca se transforman en una hostilidad visible, porque existe un fondo de amistad que prohibe que los desacuerdos se transforman en conflictos públicos y abiertos. Los trotskistas y los leninistas han esperado la toma del poder revolucionario para separarse –trágicamente- en la época de Stalin, heredero de la corriente “bolchorrusa”.

Las aversiones interiores siempre tienen que borrarse frente a las aversiones exteriores. Dicho de otro modo: la unidad de un movimiento no se puede fundar –como lo creía Carl Schmitt- únicamente sobre la aversión exterior. Esta visión de las cosas es mecánica. 

De otra parte, Carl Schmitt tuvo razón contra los liberales al rechazar la definición de lo político como la sencilla “gestión” neutra de la Ciudad. Pero olvidó un punto esencial. En su definición de lo político falta una dimensión positiva, tanto espiritual como antropológica.

La esencia de lo político también es designar cual es tu pueblo y quién es miembro de este pueblo. Es responder a la pregunta: ¿por qué combatimos, y por qué valores? Es una visión afirmativa de lo político, constructiva, orgánica, prospectiva, y no únicamente crítica y mecanista. Lo político no es un partido de fútbol: no es únicamente la inversión de un equipo adverso, sino la construcción de un proyecto, de una afirmación. Entre los liberales que confunden lo político con la gestión y la escuela schmittiana que lo limita a la designación del enemigo, existe una tercera vía que os propongo modestamente en el párrafo siguiente.

 

¿Qué es la esencia de lo político? Crítica de Carl Schmitt (2)

 

La “designación del enemigo” de Carl Schmitt es capital, y  tiene que integrarse en la definición global de lo político. Pero no es la esencia, es decir el eje y el fundamento.

La esencia de lo político podría ser la formulación y la realización de un destino para un pueblo. Lo que supone, evidentemente, una hostilidad contra un enemigo, pero que necesita también una reflexión voluntarista en torno de un proyecto de civilización. Pienso que el concepto nietzscheano de “voluntad de potencia”, no entendido como una acepción vulgar y belicista, sino histórica, podría ayudar a formular la esencia de lo político.

Hoy, asistimos a la muerte de lo político. Ahora, únicamente existen luchas de cuadros para las apariencias del poder, en un desierto de proyectos. Las instancias políticas ya no tienen verdadero poder, no solamente a causa de las potencias, mecanismos fináncieros y económicos, sino porque ya no tiene ninguna voluntad de destino, de visiones históricas para su pueblo. En Francia, el último hombre político fue De Gaulle.

La esencia de lo político –que resume las calidades del verdadero Jefe de Estado- es de orden estético y arquitectónico. Es imaginar, a plazo largo, un futuro colectivo. El verdadero político es un artista, un constructor de proyectos, un escultor de la Historia. En primer lugar, él responde a la pregunta: ¿quién es miembro de mi pueblo, y cuáles son sus valores? Después a esta: ¿cuáles son sus enemigos y cómo combatirlos y vencerlos? Y al final: ¿qué destino elegir para adquirir la potencia y la perennidad en la Historia?

La esencia de lo político es histórica. Consiste en construir una civilización a partir de un pueblo.

Los liberales, que confunden lo político con la gestión, y Carl Schmitt, que lo limita a la designación del enemigo, lo reducen a la economía y sus reglas anónimas de management y de competición.

Esta concepción de lo político que os propongo es arcaica. El Faraón era el “Arquitecto de Egipto”. Es la solución de mañana: arqueofuturismo.

 

El rol del sexo en la represión ideológica y política. ¿Y la prostitución?

Es interesante notar que la progresión de los tabúes y de las prohibiciones en la expresión política es paralela al hundimiento de los tabúes en el dominio de la sexualidad. La pornografía (sexualidad virtual y no vivida) hace el papel de escapatoria. Es un decorado de teatro, una fachada de yeso. Estáis libres de consumir la pornografía en todos los mass-media, pero a condición de pensar correctamente. “Seins à la Une[33], pero nunca ideas desviantes. La censura desvía la atención sobre los sujetos inesenciales.

Sin embargo, la represión del porno sería estúpida. La peor cosa a hacer en la industria del sexo sería autorizar la reapertura de los burdeles, como antiguamente, bajo control medico, con condón obligatorio. El sexo real en lugar del sexo virtual.

Burdeles del Estado o lupanares privados, poco importa. Otra idea arcaica: reabrir los burdeles controlados sanitariamente.

La prostitución organizada y legalizada es el mejor medio para canalizar las energías sexuales desviadas, para arruinar el proxenetismo y toda la delincuencia enlazada a la prostitución salvaje. Todas las civilizaciones antiguas lo sabían.

Las mujeres que alquilan sus cuerpos no son despreciables: mucho menos que un político que simula amor a la bandera para robar el dinero público. Una prostituta es una proletaria entre otras. Alquila su fuerza de trabajo, pero no vende su alma. ¿No sería más inteligente relegalizar y encuadrar la profesión más antigua del mundo? El Estado sería de nuevo proxeneta, pero mejor que ser “camello”, ya que tasa el alcohol, el tabaco, la gasolina, que son causas evidentes de muerte. En un lupanar encuadrado y vigilado, no se arriesga nada.

Pero por el momento, esta sociedad no puede admitirlo, porque las fuentes de su permisividad están constituidas por el puritanismo... 

 

Teorías desplazadas sobre las drogas

Comparadas al alcohol y al tabaco, o a los alimentos industriales adulterados, las drogas cuestan muchos menos a la salud pública (cada año, hay 8 500 muertos en las carreteras, 10 000 muertos por suicidio y.. 600 por sobredosis). La cuestión central es que la droga crea, a nivel mundial, varias mafias dotadas de un volumen de negocios considerable y capaces de desafiar, por la potencia de la corrupción, a todos los Estados del  planeta o de financiar los movimientos terroristas; también crea, en el interior de las sociedades, una criminalidad incontrolable. El problema de la droga es político y social, no medico.

La droga coloca también a Los Verdes –defensores notorios de las drogas dulces- ante un problema inesperado: ¡en Marruecos o en Colombia, la cultura del cannabis es responsable de un 60% de la destrucción de los bosques!

El recurso masivo a la droga en el seno de la juventud, a partir de los años sesenta, puede entenderse como un recurso a los paraísos artificiales en un mundo desencantado. Crear un simulacro de calor comunitario en el seno de un universo sin comunidades auténticas ni vivientes. Es exactamente el mismo síndrome que describió Zola en L’Assomoir cuando la clase obrera del Siglo XIX se refugiaba en el consumo de absenta.

Dejemos de apiedarnos por la suerte de los drogados, como de varios países del Tercer Mundo, hundidos en las guerras civiles y la miseria; los yonquis son responsables de su suerte. Basta ya de caritativismo angelical.

¿Que yo he tomado drogas? Evidentemente. Las he probado todas, incluido la peor de toda, el VDA, decocción de corteza de abedul tratado con el ácido acetilsalicílico -base de la banal aspirina- y usada desde tiempos inmemoriales por las poblaciones siberianas. Allí, en Verkoiansk, los campesinos la llaman “Vodschkaia”, que significa “supervodka”. Al lado de un vaso de 10 cl de esta substancia liquida azulada, un “raíl” de cocaína es como leche pasteurizada...

El sistema intenta presentar la droga como snob, pija, moderna. Todo comenzó al final de la Primera Guerra Mundial con la moda de la “coco” (cocaína) entre la burguesía degenerada: tal es el discurso implícito. Se toleran los grupos musicales que se ponen a tope, las stars del show-business, de la jet-set y de la clase política (es el mismo mundo) que se desfondan las paredes nasales; se deja prosperar el tráfico en las ciudades de no-derecho para estar tranquilo, y a veces, se hace un ejemplo. También, hábilmente, se da a entender que un moderno que no ha tomado droga es un pasadista,  una virgen.

Con una excepcional sutilidad mediática, la ideología hegemónica intenta a la vez promover la toma de drogas –tolerancia abierta por las personalidades notoriamente heroinómanas, por ejemplo- y ejercitar una represión tanta ineficaz como hipócrita.

La mayoría de la gente que diserta sobre la droga, que combate o defiende hipócritamente las “drogas blandas”, al final no conocen realmente nada sobre el tema. Quizás se han emporrado un pequeño canuto de mal cannabis unas veces, esnifado una semilínea de cocaína cortada con sacarina neutra y comprada muy cara, o engullido una tableta placebo de extasis en una falsa rave de paletos. Hipocresía y esnobismo de ignorantes. Y al final, es el whisky-coca lo que los hace empalmarse...

Legalizar las drogas blandas tendría dos ventajas para el Estado: una entrada fiscal suplementaria (como los impuestos sobre el tabaco y el alcohol) en el pozo sin fondo de su presupuesto, y el fin de los “camellos” de cannabis y de hachís, con el suplemento de una supuesta bajada de la criminalidad enlazada al tráfico. Sí, pero... Los grandes espíritus de la derecha que, en su imbecilidad, esperan ser modernos y gustar a los jóvenes, olvidan que una legalización del cannabis recentraría los “camellos” sobre las drogas duras; además, el consumo tanto de cannabis autorizado como de alucinógenos duros prohibidos crecería; y por fin, la criminalidad se endurecería en un mercado de las drogas duras muy lucrativo (un gramo de cocaína vale, más o menos, 15.000 pesetas, casi tan caro como un kilo de plutonio).

Pero, después de todo, quizás es rentable, para las clases políticas de algunos países, que desarrollan el volumen transaccional y el volumen de negocios de las drogas duras. Es una importante fuente de financiación...

Otro elemento interesante, del que nadie habla: las elites y pseudoelites mediáticas recurren masivamente a las drogas, en particular al cannabis y a la cocaína, desde Francia a los Estados Unidos.

La estrategia adoptada por el sistema, a nivel mundial, es pues bastante hipócrita: organizar una represión voluntariamente ineficaz, nunca enfrentarse a los grandes proveedores, pero “dar ejemplo” y condenar con dureza a unos pequeños “camellos”. Y también preparar falsas expediciones militares, mediatizadas, con el apoyo de los GI’s, en los países pobres que cultivan las plantas incriminadas.

Al nivel planetario, se adivina la voluntad de dejar prosperar y de administrar la jugosa industria de los estupefacientes. El sistema no tiene la intención de hacer cesar este tráfico mundial, sino limitarlo y aprovecharlo al máximo, más aún cuando actualmente se están desarrollando en el mercado las nuevas moléculas de síntesis, más baratas y más eficientes, más especializadas que las drogas naturales de origen agrícola. Otro problema...

 

La teoría de los tres niveles

En el Diccionario ideológico, que había escrito desde hace más de diez años, hice la diferencia entre tres niveles de percepción política: 1) la “visión del mundo”, global, que implica un objetivo de civilización y de valores generales. 2) la “ideología” que es la formulación explícita de esta visión del mundo y su aplicación a la sociedad. 3) la “doctrina” que únicamente es táctica.

El arte de un movimiento revolucionario es saber articular estos tres niveles.

Las peleas entre “paganos” y “católicos tradicionalistas” son cuestiones secundarias, tanto como las guerrillas entre románticos de Francia y románticos de Europa. Para un partido con una ambición revolucionaria, lo esencial es el primer nivel, el de la visión global del mundo. Los problemas secundarios se arreglarán más tarde.

 

Inmigración y democracia europea

La presencia, cada vez más importante, del Islam en Europa, el peso cada vez más grande de tradiciones culturales afroasiáticas en nuestro continente, consecuencias ambas de la inmigración incontrolada, constituyen una amenaza para la tradición democrática.

Por angelicalismo, “ellos” se imaginan que la educación y la razón, el espíritu “republicano”, borrarán las tradiciones culturales ancestrales de los inmigrantes. Es el error de juicio de Régis Debray. Este error está fundado sobre el mito de la educación espontánea y de la sabiduría innata, entretenido por el racionalismo optimista del Aufklärung. Por el contrario, las virtudes democráticas son etnoculturales, limitadas a la esfera europea, y no universales ni naturales a los humanos. La democracia es, por naturaleza, extremamente frágil: sus fundadores griegos la perdieron rápidamente,  como la República Romana. Únicamente existe desde 900 años en Islandia, país preservado de las sacudidas de la Historia, y étnicamente totalmente homogéneo. La democracia está amenazada por el laxismo social, las pretensiones mediáticas de la opinión pública -que no es la opinión del público sino la de minorías activas-, el gobierno de los jueces que pretende dominar la voluntad general y corregir las leyes, y la instalación de una “cultura de conducta cotidiana” de sumisión a las manipulaciones de aparatos sofisticados.

En efecto, una sociedad puede cesar de ser democrática y ya no asegurar la seguridad, la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, aunque sus instituciones queden formalmente democráticas; basta que las practicas sociales opresivas sean extendidas, admitidas, legitimadas, sin ser necesariamente legalizadas.

La cultura de los “jóvenes nacidos de la inmigración” que se benefician de la admiración de los mass-media, conquistando un espacio social cada vez más importante, encierra algunos valores perfectamente antidemocráticos. La “cultura beur-black” y el comportamiento de sus miembros, amplificados por la propaganda de las cartas de fragmentos de rap, difunden actitudes y estados de espíritu totalmente opuestos a las convicciones de las elites políticamente correctas que los apoyan: machismo, clanismo, tribalismo agresividad, visión racial de la sociedad, espíritu de ghetto, desprecio por la mujer, culto del jefe de banda, valorización de la violencia primaria (inversa de la “fuerza”), rechazo de toda responsabilidad social, apología de la violencia de grupo, desprecio total por “Francia” o por la “nación”, etc. La nueva “cultura de las ciudades periféricas” difunde entre la juventud –es decir, entre las generaciones futuras- valores sociales antitéticos de los de la famosa “República”. Pensar que será posible por la “educación” y la “persuasión” transformar en “ciudadanos responsables” a los jóvenes portadores de estos tipos de mentalidad, es una vez más creer en los milagros, esta enfermedad senil de la ideología occidental.

Es paradójico que los “demócratas” apoyen y excusen esta emergencia de un primitivismo social. Este tipo de ilusiones siempre es el hecho de las ideologías hegemónicas, las cuales, demasiado seguras de ellas mismas, ya no son capaces de analizar la realidad.

Si la tendencia demográfica y migratoria actual consigue, con varias poblaciones afroasiáticas cada vez más numerosas, una presencia cada vez más importante del Islam –que quiere ser mayoritario, cosa que poca gente entiende- el futuro de la democracia estará comprometido. Poco a poco, la sociedad se impregnará de valores coercitivos, fanáticos, antilaicos y anticiudadanos. Y al final, el multirracismo,: guerra civil entre las diferentes comunidades.

Una parte de la izquierda lo sabe, pero admitirlo sería reconocer sus contradicciones internas y su debilidad intelectual. Y sobre todo, sería enfrentarse al dogma de la sociedad multirracial. Por racismo inconsciente, la izquierda asimilacionista piense que todo ser humano es un átomo neutro y maleable, sin origen particular. No entiende que, incluso después de muchas generaciones, el pasado étnico persiste, como un atavismo antropológico. Estos individualistas no entienden que si la educación puede transformar a un individuo aislado, es imposible transformar los valores de comunidades étnicas y religiosas constituidas que se están instalando masivamente en el suelo europeo. Los “demócratas” tendrán un despertar difícil.

En realidad, en la tradición europea, la democracia –es decir el reino del orden consentido, que también se podría llamar nomocracia o reino de la ley común- solamente es posible si existe una proximidad cultural, heredada, casi innata, entre los ciudadanos.

Quizás necesitaremos un intermedio autoritario.

 

1] Todos estos periodistas o intelectuales son representantes del políticamente correcto francés. Y a menudo, antiguos trotskistas e izquierdistas...  [ NdT ]

[2] Abel Bonnard «Les modérés»

[3] En Francia, los «jóvenes» entre comillas designan sistemáticamente, en la prensa políticamente correcta, los jóvenes de origen extraeuropeo, Árabes o Negros, a menudo agrupados en bandas étnicas violentes.   [ NdT ]

[4] Al contrario de sus vecinos europeos, Francia ha adoptado un sistema nacional de educación, que es la empresa la más grande del país con un 1,1 millón de funcionarios, bien encuadrados por los sindicatos combativos. Este monstruo es, hoy, totalmente ineficaz, y probablemente irreformable.   [ NdT ]

[5] El PACS es una ley que extiende los aventajes fiscales de las parejas casadas (derechos de sucesión y de herencia en particular) a las parejas nocasadas, particularmente las parejas homosexuales. Ley votada en 1998 después de la presión mediática de los lobbies homosexuales.   [ NdT ]

[6]Literalmente, «La Francesa de los Juegos». En Francia, sociedad comercial pública que detenta el monopolio oficial de los juegos de dinero. Organiza varios tipos de loterías populares.

[7] Alusión a la declaración pública de Jacques Chirac, Presidente de la República.   [ NdT ]

[8] Sobre los Beurs, cf. la Nota Nº13

[9] En dialecto políticamente correcto, la palabra «cités», entre comillas, designa las ciudades periféricas de las grandes metrópolis con mayoría –o fuerte proporción- noeuropea.  [ NdT ]

[10] El RMI, los Ingresos Mínimos de Inserción, fue creado en 1988 para la gente indigente. Es una ayuda financiar  del Estado que equivale a unas 60 000 pesetas cada mes, para una persona sola.   [ NdT ]

[11] Hacia cinco millones de millones de pesetas...  Un 3% del PIB francés anual...   [ NdT ]

[12] Sobre el tema del RMI y de los «RMIstas» (los que benefician del RMI), cf. la Nota Nº 36  [ NdT ]

[13] Desde la ley «Marthe Richard» del 13 de abril de 1946, que ha impuesto el cierre de los burdeles, estos últimos están oficialmente prohibidos en Francia. En cuanto al «Minitel», es un terminal conectado a la red telefónica, un poco como Internet, pero es específicamente francés.    [ NdT ]

[14] Pierre Bourdieu es Profesor en el prestigioso Colegio de Francia, donde los Profesores Universitarios escuchan los cursos de los Maestros de pensamiento. Como los otros, es una figura conocida del mundillo mediático izquierdista políticamente correcto.  [ NdT ]

[15] B.H.L. son las iniciales mediáticas de Bernard-Henri Lévy. En cuanto a Mons. Gaillot, es la figura mediática emblemática del clero francés progresista, y proinmigracionista.    [ NdT ]

[16] Aunque ya operador semiprivado, France Télécom es el equivalente francés de Telefónica.   [ NdT ]

[17] Organismo de Radio Teledifusión Francés. Organismo único, controlado por el Estado, durante los años 60,  antepasado del actual sistema televisual.    [ NdT ]

[18] En Canal Plus,  hay, cada tarde, un telediario humorístico, Los Guignols de la Información,  presentado por PPDA,  caricaturar marioneta de látex de Patrick Poivre D’Arvor, presentador pijo del verdadero telediario de la primera cadena de televisión.   [ NdT ]

[19] Después de las elecciones regionales de 1998, que se desarrollan mediante sistema de representación proporcional, favorable al Frente Nacional, este último fue el arbitro en varias regiones, en las cuales no había ninguna mayoría absoluta de derecha ni de izquierda. En cinco regiones (incluido Rodania-Alpes, la de Lyon, segunda región más poblada de Francia, y región de Pierre Vial, Presidente de la asociación cultural  Terre et Peuple), el Frente Nacional ha apoyado «técnicamente» la mayoría relativa de derecha.   [ NdT ]

[20] El Partido Comunista Francés, el Partido Socialista, el Reagrupamiento Para la República (neogaullista), la Unión para la Democracia Francesa (liberal y centrista)    [ NdT ]

[21] Empresa francesa semipública encargada, por ejemplo, de la construcción del cohete Ariane, así como del avión Airbus.      [NdT]

[22] Unos 150 000 millones de pesetas    [ NdT ]

[23] Enorme fábrica de recuperación de residuos nucleares, y símbolo de la lucha ciega e infantil de Los Verdes franceses.    [ NdT ]

[24] «Nique Ta Mère», literalmente «Follaté a Tu Madre» (! ! !)      [ NdT ]

[25] Literalmente, «el look, es paleto».    [ NdT ]

[26] Alain Juppé, uno de los líderes del RPR,  fue Primer Ministro del Presidente Jacques Chirac entre 1995 y 1997. En 1997, tras un enorme error de apreciación política, Chirac disolvió la Asemblea francesa, eligida en 1995, donde había una mayoría de un 80% de escaños de la derecha. En las elecciones legislativas que siguieron, triunfó una coalición de socialistas, comunistas y ecologistas, dirigida por el actual Primer Ministro socialista, Lionel Jospin. Chirac, la encarnación de la derecha francesa, como siempre la más tonta del mundo...    [ NdT ]

[27] Contratos de Durada Determinada.     [ NdT ]

[28] Alusión a las cargas heroicas de la infantería francesa al inicio de la Primera Guerra Mundial, que acabaron por ser una masacre...   [ NdT ]

[29] Militante ecologista histórico, Brice Lalonde fue Ministro de Medio Ambiente del Gobierno liberal de Edouard Balladur entre 1993 et 1995. Ahora es el Presidente de «Génération Ecologie», un pequeño partido aliado con la derecha liberal.   [ NdT ]

 

[30] Líder carismático de Los Verdes franceses, Dominique Voynet es actualmente Ministra de Medio Ambiente en el gobierno socialista de Lionel Jospin.   [ NdT ]

[31] Morena y sexy actriz francesa, mucho más competente en el tema de los sujetadores que en lo de la reflexión política...    [ NdT ]

[32] Las «Informaciones Generales». Especie de policía política oficial del Ministerio del Interior. El «Canard Enchaîné», periódico anarquista de investigaciones, estima que los «RG» detienen unos seis millones de fichas sobre los Franceses, una cada diez habitantes...       [ NdT ]

[33] Literalmente «Senos en la Primera Cadena de Televisión», cadena privada basura. Pero también es un juego de palabras, «Senos en la Portada», lo que ya es más falicón...       [ NdT ]

 

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