Manifiesto
[Rinascita Nazionale]
Toda
la realidad política actual, tanto a la derecha como a la izquierda, está formada por un
bloque compacto comprometido en la defensa de las mismas ideas, de los mismos proyectos,
de la misma visión del mundo y del futuro.
Nadie se ocupa concretamente de los intereses de los
pueblos europeos, nadie osa poner en discusión los dogmas impuestos por una cultura y por
una clase política evidentemente pilotada desde los grandes centros financieros
transoceánicos: individualismo, consumismo y globalización económica, abolición de los
valores y de las identidades nacionales. Y es así que es necesario para la opinión
pública una crítica tanto a la idea de un único modelo político el modelo
liberal democrático- como válido para todas las gentes, como al consiguiente concepto de
libre mercado, concebido para debilitar a los pueblos y reducir a todos los individuos a
su rol de consumidor. En esta marcha hacia la homologación progresiva no se admiten
trazas de encuentro dialéctico, no se permiten vislumbres de alternativa: la oposición
interpreta un rol cada vez más descolorido, en el cual la sustancia de los problemas
jamás viene afrontada o debatida. En defensa de la soberanía nacional y de la identidad
europea, en tutela de una verdadera dinámica pluralista hoy sofocada por el muro de
silencio de los medios de información, nace nuestro empeño y voluntad de dar vida a la unidad
de las fuerzas nacionales.
Italia debe reconquistar su propia autonomía respecto a la elección de sus
afinidades geoestratégicas, políticas y económicas. Estas deben ser las más adaptadas
a las necesidades de la comunidad nacional. A tal fin rechazamos el modelo
atlantista globalista, que desea erradicar de los pueblos sus valores tradicionales y sus
costumbres, sistema donde la política y el trabajo se encuentran al servicio del
cosmopolitismo parasitario. Ya que los ganglios vitales del dominio ideológico, político
y monetario mundial se encuentran en Washington y Londres, la lucha por la libertad y la
autodeterminación de los pueblos debe asumir, sin incertidumbres, el carácter de una
cruzada contra toda forma de americanismo, un combate contra la agresividad política de
la esfera atlántica y occidental, una determinación en obstaculizar los diseños de las
grandes instituciones financieras internacionales que se proponen golpear el corazón y la
independencia de las naciones y saquear sus riquezas. Para ello desarrollaremos en todos
los piases europeos una campaña por el final de la ocupación y de la agresión militar
por parte de las tropas USA, campaña que debe culminar con la clausura del capítulo
atlántico y la salida de la OTAN.
Liberados de la amenaza americana, los pueblos del Mediterráneo y del Cercano
Oriente pueden encontrar en una Europa fuerte e independiente el
referente político y militar capaz de ofrecer la natural colaboración económica y la
tranquilidad de existencia que hasta ahora Washington y Londres han impedido.
Para sustituir las estructuras con que los Estados Unidos han secuestrado durante
cincuenta la soberanía europea deberá construirse un gran bloque regional,
autosuficiente, capaz de integrar la energía de los países componentes, un bloque capaz
de competir con ventaja tanto en la producción como en el comercio con las áreas del
dólar y el yen. Con el fin de lograr este objetivo, es necesario refutar todas las
propuestas que comporten una renuncia siquiera nominal de las soberanías nacionales sin
crear una gran soberanía comunitaria, renuncias que sólo están encaminadas a someter
Europa a la lógica librecambista y a los dictados de la gran finanza.
Contra Maastricht es necesario defenderse con decisión y coraje, ya que
están en juego cuestiones fundamentales, como la misma supervivencia de la naciones
europeas. No podrá surgir, una nueva Europa con el sólo interés monetario,
pues no ha sucedido en la historia que una moneda pueda fundar un Estado. Son, a la
contra, los Estados los que deben asegurar su moneda para asegurar así su propia
soberanía. Con Maastricht no somos nada, ni italianos, ni europeos, ni hombres libres.
Recolocar la economía bajo el control de la política. En el
cuadro de un respeto general de la libertad individual, también la esfera económica, en
cuanto esfera productora de riqueza, deberá estar controlada y tutelada. La iniciativa
privada deberá moverse en modo respetuoso de los intereses nacionales y dentro de una
rigurosa programación, dentro de la cual la intervención del Estado, directa o
indirectamente, en los sectores de la producción y terciarios resultará indispensable.
Esta tutela de los intereses nacionales no puede ser abandonada al capricho individual o
de los grandes grupos industriales y financieros. Así, exigimos el control directo del
ejecutivo sobre la Banca Central, con la consecuente plena libertad de elección de la
política económica. Libertad que permite la intervención discrecional en las tasas de
interés, en el poder influir en el crédito y en la liquidación, sustrayendo estos
flujos económicos a las maniobras de las centrales mundialistas. Si bien es absurdo que
el Estado deba gestionar toda la actividad que pueda turbar la natural dinámica del
mercado y dañar así el derecho a la libertad de empresa del ciudadano, en los sectores
de interés nacional y social es evidente la absoluta necesidad de la intervención
pública. Nos referimos especialmente a la sanidad, la instrucción cívica, la
investigación científica, la información, el crédito y la energía, sin olvidar las
comunicaciones, las industrias aeronavales y de armamento. Estas última, concretamente,
son el primer "pasaporte" de las naciones, y de sus desarrollos no pueden nacer
sino efectos positivos para el prestigio del trabajo italiano en el mundo. Así, nos
opondremos tajantemente a cualquier tipo de privatización en todos los sectores
anteriormente reseñados, a la venta de o pérdida de cualquier actividad productiva hoy
controlada por el Estado o por los entes locales. No existe mayor falsedad que decir que
la economía nacional pueda renacer a través de las privatizaciones. De 1991 a 1998 el
déficit público ha pasado desastrosamente del 101,4 al 124% del PIB.
Por la tutela de los intereses nacionales contra el mundialismo deseamos
una coordinación con los países europeos interesados en la estabilidad política y
económica del Continente: medidas de política conjunta y de creación de fuerzas armadas
comunes; medidas proteccionistas para las grandes industrias estratégicas y de armamento;
medidas tendentes a privilegiar las industrias y fuerzas de trabajo nacionales.
Por ello deseamos reconsiderar los compromisos vergonzosamente asumidos con ocasión del
Tratado de no-Proliferación Nuclear, de la Conferencia de Helsinki, de la Declaración de
New York, de la adhesión a la Organización Mundial de Comercio, etc., en el sentido de
una adecuación a los verdaderos intereses nacionales. En abierta oposición a la cultura
oficial, laica y religiosa, dispuesta y para la aceptación de los intereses de la
plutocracia mundialista, nos situamos de forma plena y sin reserva alguna contra la
sociedad multirracial.
Esta última no es conciliable con la convivencia pacífica y civil, ni es cierto que
configure un destino epocal ineludible. Se trata, a la inversa, de un diseño criminal
ideado para desnaturalizar a los pueblos, sustrayéndoles de sus raíces y cancelando así
todo sentimiento de identidad. En último análisis para obligarles a
ser "mercancía" o "factores de producción" en pos del buen mercado.
Las naciones en las cuales este diseño tiene un avanzado estadio de realización nos
ofrecen el dramático ejemplo sobre cual podría ser el destino de Europa en el futuro
inmediato. Por ello exigimos de forma perentoria el establecimiento de medidas precisas e
ineludibles para el control de los flujos migratorios: medidas para la tutela de la
población europea a través de un rígido control sanitario de los extranjeros: medidas
para la expulsión inmediata sin paliativos de todos los clandestinos, en particular de
los sospechosos o reos de delitos comunes; medidas para la adopción urgente de criterios
de preferencia nacional a la hora de cubrir puestos laborales. En este cuadro deberán
tomar cartas, en sentido restrictivo, las leyes reguladoras del derecho a la ciudadanía y
de adopción internacional. Las naciones europeas necesitan de libertad, independencia y
autodeterminación, tienen el derecho y el deber de recurrir a todos los medios para
salvaguardar la identidad de su propio pueblo. Contra la preocupante caída de loa
natalidad, contra la creciente disgregación familiar y social, contra la difusión de los
comportamientos aberrantes, es urgente resituar a la familia en el centro de la
sociedad.
La familia es el lugar natural en el cual las generaciones pasadas se engarzan con
las futuras. Es la institución esencial para la continuación y el desarrollo físico y
moral de las naciones. La familia debe, por tanto, estar privilegiada económica y
jurídicamente (adecuación de las asignaciones familiares y de las detracciones
fiscales, ayudas concretas a la maternidad, al trabajo doméstico y a la asistencia de los
ancianos) con el fin de que reasuma plenamente su rol educativo y asistencial.
Para ello será esencial una reforma escolar que dirigida a formar una instrucción
en cantidad adecuada y de calidad superior- devuelva a las juventudes el sentido de la
responsabilidad, el gusto por el sacrificio y el sentido del deber antes que el privilegio
del derecho, eliminando del cuerpo docente esa mediocridad que ha pasado a ser el único
criterio discriminatorio. Es preciso extirpar toda actitud snob de desprecio o
devaluación del trabajo manual, el cual será exaltado como base indispensable de la
economía y de la ética nacionales, a través de su adecuado reconocimiento económico y
social. Las manos robustas, el ingenio creativo de nuestros trabajadores son para Italia
título de honor tanto como los cerebros de nuestros técnicos, investigadores y hombres
de cultura. Nuestro general desinterés por el régimen liberaldemocrático se afirma en
la voluntad de reforma de la Constitución Italiana, en base de dar al pueblo italiano la
ocasión de gestar el poder en modo técnico. Las nuevas constituciones son siempre
resultado de grandes cambios radicales y de revoluciones, y son siempre impuestas por las
nuevas clases dirigentes. Afirmamos que la crisis que devasta las instituciones
tiene puesto contra el sistema de partidos a la opinión pública, la cual busca nuevos
medios de participación.
Una Asamblea Constituyente deberá representar la voluntad popular y asegurar el
cambio. Sobre la actual situación trágica del derecho público caracterizada
por la corrupción, la incompetencia, la ineficacia y el servilismo criminal a los
intereses financieros internacionales, la única solución que el actual gobierno ha
sabido idear es la continua presión fiscal, junto a la reducción de las conquistas
fundamentales de los ciudadanos, como son las pensiones y la asistencia sanitaria.
Contra el Estado de las tasas en defensa de los ciudadanos, de los trabajadores
autónomos y dependientes, son necesarias medidas urgentes de renegociación de las
contribuciones a la ONU y a la sediciente Unión Europea, a las "misiones de
paz" que tan sólo sirven a los intereses estadounidenses, a las llamadas
"ayudas humanitarias" que sirven para alimentar el mercado negro y para dañar
las economías tradicionales locales .En particular debemos tomar serias precauciones contra
la evasión fiscal de las multinacionales y del sistema bancario, financiero y
asegurador, que son motivo de befa y de gravísimos daños causados por una concurrencia
piratesca e incontrolada en la realidad productiva nacional. Es necesario el reapropiarnos
de nuestra propia economía, introducir la socialización de la hacienda para defender los
balances de las familias italianas y salvaguardar el Estado social. Ya que nada
intentan hacer para modificar el actual "status quo", los actuales gobiernos no
pueden proponer nada verdaderamente eficaz contra el desempleo. Nosotros
retenemos que sólo la reconquista de una independencia plena, tanto política como
económica, podrá permitir a nuestra economía competir eficazmente en los mercados
internacionales y nacionales. Ningún veto externo podrá impedir la libertad de comerciar
con quienquiera (aludimos a la pretensión de los USA de establecer leyes válidas para
otras naciones). Una Europa independiente y una economía bajo el control de la política
son el único camino a recorrer para la tutela del trabajador y del empresario
italianos.
Es urgente, en fin, que la magistratura retorne a sus competencias institucionales de
administración imparcial de la justicia y rechace cualquier compromiso con la política
que le resta toda dignidad y le relega al rol de Tribunal Especial. A tal fin nos
empeñaremos en dar vida a iniciativas tendentes a sensibilizar la opinión pública contra
las leyes especiales. La "Ley Scelba", la "Ley Reale", la
"Ley Mancino" e las "leyes sui pentiti" representan la negación misma
de la libertad y la codificación sistemática del abuso y de la prevaricación política.
A tales leyes instrumentales y antidemocráticas no reconocemos ningún derecho de
ciudadanía en un país que, como Italia, ha sido durante siglos la cuna del derecho.
Ninguna alternativa puede ser concebida y ningún interés puede estar realmente tuteado
si no se garantizan reglas que regulen la libertad de opinión. Para perseguir todos estos
objetivos retenemos como necesaria la unidad de las fuerzas nacionales con una
asamblea abierta a todos los grupos, centros culturales, asociaciones, periódicos y
revistas, personalidades del mundo del trabajo y de la cultura que, expresándose a
través de sensibilidades particulares y análisis específicos, se reconozcan en un
común anhelo de rescate y de libertad. Llamamos a todos los italianos que durante
decenios se han sentido marginados e impotentes ante el espectáculo de la corrupción y
de la política de los partidos. Necesitamos la participación de todos para realizar, con
urgencia, la construcción de un sujeto político nuevo y antagonista al partido
único de la liberaldemocracia.
[Manifiesto de la organización italiana Rinascita Nazionale, tras su asamblea constituyente de Milán. Verano de 2000. Traducción de Santyago Rivas]