Adiós a Alexandre Marc, profeta del federalismo global
[Achille Lega]
Alexandre
Marc ha muerto a la edad de noventa y seis años. Fue el filósofo del federalismo, idea
que concebía como una vasta visión orgánica de la sociedad y no simplemente como una
ideología propia de los escenarios políticos al uso. Dicha visión sitúa a la persona,
y no al Estado, en el centro de los valores y de la finalidad que deben observar las
instituciones públicas. Las raíces del "federalismo integral", recientemente
rebautizado como "federalismo global", las encontramos en Alexandr Markovitch
Lipiansky, nacido en Odessa el 19 de junio de 1904, quien emigró a París con su familia
a principios de 1919. Convertido en Francia en Alexandre Marc, explorará en profundidad
las corrientes filosóficas francesas de los años 30. Ve en el "personalismo"
una respuesta posibilista y coherente a los totalitarismos de izquierda y de derecha. El
católico Emmanuel Mounier ha pasado a la historia como el padre del personalismo,
inspirado por la metafísica cristiana, así como el fundador de la revista Esprit,
en 1932. Su trayectoria, sin embargo, estuvo precedida por la del joven filósofo judío
oriundo de Rusia y convertido al catolicismo. Marc comenzó a trabajar intelectualmente en
dicha dirección en el marco del "Club du Moulin à Vent", en Montparnasse, y
más tarde en el movimiento "Ordre Nouveau" (que, dicho sea de paso, nada tenía
que ver con aquel otro "Ordre Nouveau" propuesto por el Eje durante la segunda
guerra mundial, ni con los movimientos francés e italiano de las décadas 60 y 70). El
"Ordre Nouveau" de Alexandre Marc surgió en 1931 y, según afirma el francés
Bernard Voyenne, historiador del federalismo, se trataba en realidad de "un modesto
círculo de estudios, en principio religiosos, y más tarde de carácter filosófico y
social". Los miembros de "Ordre Nouveau" (entre los cuales es preciso citar
a Arnaud Dandieu y Robert Aron, autores de La révolution nécessaire) se definían
como "un grupo de personas espirituales, inconformistas y revolucionarios".
Revolucionarios de una revolución moral que trataba de restablecer las jerarquías de
valores fundados en la primacía de la persona "creadora", frente al
individualismo abstracto de los liberales y frente el estatismo de las concepciones
totalitarias, frutos del jacobinismo de la revolución francesa.
Al releer los trabajos del grupo "Ordre Nouveau" no estamos muy lejos del
"humanismo integral" de un Jacques Maritain, el cual se desarrollará en su
propia dirección sin adoptar una visión federalista de la sociedad, aunque tampoco lo
rechazará. Marc participó en la fundación de Esprit antes de que aparezca la
revista Ordre Nouveau en mayo de 1933 y de que se consume la ruptura con Emmanuel
Mounier tras la publicación de una "Lettre à Hitler", pocas fechas antes de la
ascensión al poder de éste. El Manifiesto de "Ordre Nouveau" publicado a
comienzos de 1931 es, esencialmente, obra de Marc. Entre los intelectuales que han
influido en su visión personalista sobresale el suizo Denis de Rougemont, protestante y
discípulo de Karl Barth, quien colaborará estrechamente con Marc después de 1945. En el
grupo "Ordre Nouveau", los historiadores actuales descubren una agresividad
verbal que nos obliga a situar a sus adeptos entre los "inconformistas de los años
treinta", una generación de jóvenes que, tanto en Francia como en Alemania, se
consideraban "ni de derechas ni de izquierdas" y trataban de desembarazarse
tanto de las camisas de fuerza ideológicas, como de las ilusiones de los mesianismos
absolutistas. Para Marc, que seguía cursos de filosofía en Alemania y ponía en guardia
a sus amigos del "peligro nazi" cuando este movimiento estaba en pleno
desarrollo, la concepción cristiana del hombre en el seno de la comunidad constituía una
sólida barrera contra las pretensiones del "nacional-estatismo", ya fuera éste
de facciones fascistas o bolcheviques.
El personalismo de "Ordre Nouveau", pese a la aspereza de su lenguaje,
característica que le hacía chocar con Mounier, y pese algunas concesiones al
pensamiento nietzscheano, nunca capitulará frente al individualismo. El federalismo se
convertirá con posterioridad en el referente inesquivable del pensamiento personalista y
del socialismo libertario y autogestionario. Charles Péguy y Proudhon serán las
referencias esenciales, los veneros intelectuales del "federalismo integral".
Marc había estudiado a Proudhon en profundidad, pero sólo en un determinado período de
la década de los 40. La crítica radical del Estado-nación conducirá inmediatamente al
grupo a plantearse la cuestión de la "Federación Continental" frente a la
crisis europea que no ha dejado de producir estragos. La revista Ordre Nouveau deja
de aparecer en septiembre de 1938 por causas financieras. Marc se alista en el ejército
y, tras el desastre francés de 1940, entra a formar parte de la resistencia. En dicho
ambiente se reencontrarán no pocos grupos federalistas paneuropeos.
En 1946, tras la carnicería producida por la segunda guerra mundial, Marc se convierte en
el primer secretario general de la nueva Unión Europea de los Federalistas, que celebra
su congreso en Montreux. Marc no abandona, en absoluto, su intensa actividad como escritor
y publica obras de un gran interés, auténticos manuales de educación cívica
federalista. En el ensayo Civilisation en sursis, critica el europeísmo oficial y,
en coherencia con su trayectoria de preguerra, contempla la Federación no solamente como
una estructura institucional, sino sobre todo como un modelo de sociedad capaz de
articularse orgánicamente a todos los niveles: social y humano. Es en esa voluntad de
crear una Federación Continental sólidamente articulada donde reside la mayor diferencia
entre Marc y Altiero Spinelli, otro federalista europeo, pero de formación marxista y
admirador del federalismo institucional británico propuesto por la "Federal
Union". Pese a las diferencias doctrinales y metodológicas, Marc y Spinelli
participarán en el Congreso del Pueblo Europeo que propondrá, por medio de elecciones
"primarias" en diversos países del continente, una campaña de movilización
por la unidad continental y que acabe por vertebrar una "Constituyente europea".
Tras esta iniciativa, Marc estará entre los promotores de la "Carta
Federalista" surgida del segundo congreso, celebrado en 1964, nuevamente en Montreux,
y en la que participarán, entre otros, Robert Aron, André Philip, Guy Héraud, Raymond
Rifflet y Michel Mouskhély.
La delegación italiana de este congreso federalista mostrará sus diferencias, una de las
cuales será el abandono de la dimensión personalista del federalismo. El silencio se ha
roto, sin embargo, por algunos espíritus libres que rechazaron alinearse con los
disidentes italianos. Con dos instrumentos de singular importancia, la revista L'Europe
en formation y el CIFE (Centro Internacional de Formación Europea), con sede en Niza,
el movimiento federalista-personalista de Marc organizó cursos y seminarios en todo el
continente. El antiguo emigrante ruso insiste sobre las dimensiones cultural y política
de la unión. Así, el federalista inglés John Pinder, por su parte, distinguirá en el
federalismo europeo dos escuelas: la escuela italiana inspirada en Alexander Hamilton, uno
de los padres de la Constitución americana; y la escuela francesa, influida por Marc y
que se caracterizó por su proudhonismo.
Pinder subrayaba acertadamente que la escuela francesa tuvo como ventaja la toma en
consideración del "aspecto infra-racional del federalismo" y, efectivamente, en
la actualidad constituye una exigencia política fundamental, Italia incluida. Las
etiquetas de "hamiltonianos institucionalistas" (que utilizan en parte el
materialismo histórico como método, hecho en que la actualidad no deja de ser un tanto
anacrónico), por una parte, y de "románticos proudhonianos", se nos antojan
imprecisas y arbitrarias. En estos momentos, no hay duda de que la escuela de Marc está
mejor preparada para afrontar las evoluciones (o involuciones) de los Estados-nación.
Podríamos decir, incluso, que el federalismo "global" es en realidad
complementario e incluso fundamental en relación con el federalismo hamiltoniano, y esta
es la razón por la que en estos momentos posee una gran potencialidad en los planos
intelectual y político.
[La Padania, 11-IV-2000]