Rebelión contra el mundialismo moderno.
Actualidad revolucionaria de la obra de Julius Evola en la Era de la Globalización
Carlo Terracciano
[Traducción de Santyago Rivas]
...Y aunque no se verifique la catástrofe temida por algunos en relación al
uso de las armas atómicas, al cumplirse tal destino, toda esta civilización de titanes,
de metrópolis de acero, cristal y cemento, de masas pululantes, de álgebras y máquinas
que encadenan las fuerzas de la materia, de los dominadores de los cielos y los océanos,
aparecerá como un mundo que oscila de su órbita para perderse definitivamente en los
espacios, donde ya no vea más ninguna luz, fuera de aquella que produce la aceleración
de su propia caducidad...
...Solamente podrá salvar a Occidente un retorno al espíritu Tradicional en una
NUEVA CONSCIENCIA UNITARIA EUROPEA...
(Julius Evola, Rebelión contra el mundo moderno)
...También sobre el plano de la acción puede ponerse en evidencia el lado
positivo de la superación de la idea de Patria, sea como mito del período romántico
burgués, sea como hecho naturalista casi irrelevante frente a una unidad de tipo diverso:
al ser de una misma patria o tierra, se contrapone entonces el ser o no ser por una misma
Causa...
(Julius Evola, Cabalgar el tigre)
Conozco mi destino. Un día se pronunciará mi nombre como recordando algo
enorme, una crisis como no la hubo tal en la Tierra, el más formidable hurto de
conciencia, una declaración de guerra a todo aquello que hasta entonces era creído y
santificado. Es la hora en que el concepto de política entra en su plena fase
revolucionaria, y todas las formaciones de la vieja sociedad saltarán por los aires,
porque todas reposan sobre la mentira: haremos una guerra como no la ha visto el mundo.
DESPUÉS DE MÍ COMENZARÁ SOBRE LA TIERRA LA GRAN POLÍTICA.
(Friedrich Nietzsche, Ecce Homo)
Rebelión contra el mundo moderno, la obra fundamental de Julius Evola,
vio su primera edición italiana en 1934, y al año siguiente ya fue publicada en la
Alemania Nacionalsocialista. Es un texto revolucionario que ha representado, para hombres
de lugares lejanos y de distintas generaciones, una verdadera y propia
fulminación, un cambio radical de perspectivas y expectativas, de
Visión del Mundo desde la época de la decadencia de Occidente
hasta el fin del ciclo epocal, el Kali-Yuga de la tradición hinduista, la era
del Ragna-Rökkr u Oscurecimiento de los Dioses de las sagas
nórdicas, la Edad del Hierro de la Teogonía de los griegos.
Los años fatales
Un año importante, 1934, mitad de un decenio que representó un vuelco en los destinos de
Europa y del planeta entero.
En Alemania, Hitler, recién nombrado Canciller del Reich, se apresta a gestar las bases
de una renovada potencia alemana mitteleuropea, dispuesta a conseguir ese
Lebensraum necesario, aun a costa de incendiar de nuevo el continente, esa
Europa que todavía representaba, geopolíticamente hablando, el motor de la política
mundial.
Aquí residían todavía los centros políticos, militares, económicos e intelectuales de
pequeñas naciones que poseían grandísimos imperios coloniales: Gran Bretaña, como
siempre más volcada a los mares abiertos que a los espacios continentales; Francia, que
formaba en sus propias escuelas y universidades a las futuras élites revolucionarias de
Asia y África, aquellas que, mediado ya el siglo XX, acaudillarán las luchas de
liberación nacional en sus respectivos países precisamente en nombre de la
Libertè y la Egalitè (para la Fraternitè siempre
habría tiempo...), de los Inmortales Principios que hicieron potente a París
ante los ojos del mundo. Italia, por su parte, bajo el signo del fascio romano, buscaba su
espacio en la geopolítica marítima, a la búsqueda de un imperio unitario
mediterráneo-africano que le abriese las puertas del Océano Índico y de las grandes
rutas comerciales y políticas.
Al este, el Hombre de Acero, Stalin, liquidaba, purga tras purga, los residuos
cosmopolitas de una revolución trotskista que había intentado utilizar el Imperio Ruso
como trampolín del marxismo mundial, transformando, a la inversa, al bolchevismo en la
bandera del patriotismo y el expansionismo político y militar de la Rusia Soviética en
Eurasia y otros lugares. Con acero y sangre, el Padrecito de la Santa Rusia Roja daba a
luz las bases de la industrialización y la modernización de un imperio elevado al rango
de co-potencia mundial, capaz de disputar el mundo entero durante medio siglo al vencedor
final.
En el Extremo Oriente era el Imperio Nipónico quien elevaba la bandera solar en nombre de
la unidad asiática antioccidental, también en antítesis con el gigante chino,
gravemente enfermo por guerras intestinas y ocupaciones extranjeras de grandes porciones
del territorio nacional, mientras Mao, acosado, emprendía una Larga Marcha buscando
refugio...
Pero he aquí que, protegida por la anchura de los dos mayores océanos del globo, la
joven nación americana observaba y aguardaba, y al final será ella quien impondrá al
planeta entero el dominio de su propia potencia militar y política, de la tecnología, de
la propia moneda, de la lengua inglesa, del way of life americano, en fin, del
control mediático sobre los instrumentos de comunicación de masas; en una sola palabra
condensada: GLOBALIZACIÓN.
América, el mito americano del progreso tecnológico y de la eficiencia fordista,
representaba y representa la coronación de aquel proceso de modernización contra el cual
Julius Evola había escrito el texto más completo y exhaustivo del punto de vista de la
visión del mundo Tradicional.
Ya en el prólogo, el autor indicaba que el concepto modernización debía ser
entendido no solamente en su sentido técnico-científico, sino ante todo como
una visión idealtípica de lo real, de la Historia y de la vida. Escribía
Julius Evola:
Mundo moderno y mundo tradicional son aquí considerados como dos tipos universales,
dos categorías apriorísticas de la Civilización.
Con esta afirmación, por inciso, se quería decapitar de golpe toda la polémica sobre
las relaciones entre hombre y máquina, entre ser hombres de la Tradición y usar la
tecnología más avanzada.
Con la implosión de la URSS, último anillo de una cadena plurisecular, no sólo se
despejaba el campo para una ideología concurrente con sus pretensiones de universalismo y
cientificismo, sino que también:
Se afirmaba una nueva filosofía de la Historia: la idea de que el camino de la
humanidad tenía un sentido. A este sentido le fue dado el nombre de globalización.
Determinismo y globalización
Esta idea de un FATALISMO MONOCÉNTRICO Y UNIDIRECCIONAL del destino de todos los pueblos,
en marcha (según el orden indicado de sus varios niveles de progreso) hacia
una única meta de redención, que instaure el paraíso en la Tierra, no es
ciertamente nueva. Estamos ante la enésima reproposición de la concepción bíblica
lineal-progresista de una historia entendida unitariamente, obviamente sobre el modelo de
Occidente.
En sus líneas generales, esta idea es parte de aquel creacionismo que se manifiesta en la
perfección de un Edén originario, en el cual el Hombre, que es la criatura por
antonomasia, pasando por una Caída (en el pecado original, en la división del trabajo,
en la ruptura del Pacto con Dios etc...), y a través de una redención (Cristo, Marx, el
Mesías...), accede de nuevo a la perfección, mediante el trámite de una catarsis
purificadora (del Holocausto, de la Lucha de Clases, del Juicio Universal...).
Esta ideología de impronta judeocristiana encontró, laicizada, en América su tierra de
máxima arraigo, deviniendo la infraestructura ideológica portadora, el instrumento
propagandista indiscutido e indiscutible para la afirmación del imperialismo capitalista,
del expansionismo económico y político de los EEUU, siguiendo las directrices delineadas
de la Geopolítica por la más grande potencia talasocrática que jamás apareció sobre
el orbe terráqueo. El Destino Manifiesto logró que los
americanos no duden ni por un instante ser los portavoces y los ejecutores de la Voluntad
de Dios en la Tierra.
Quien se opone a ellos se opone al mismo Dios, y es entonces más que un criminal, es el
Mal personificado, o cuando menos su instrumento en el mundo, en contraste con los
predestinados del Segundo Israel: los EEUU. Acusando una vez y otra a los
enemigos demonizados de turno, Hitler o Stalin, Mao o Jomeini, Saddam Hussein o Milosevic,
nazi-fascismo, comunismo o islamismo, de querer conquistar el mundo, las
élites económicas, políticas e intelectuales estadounidenses logran precisamente la
justificación de aquello que dicen combatir... CONQUISTAR EL MUNDO.
Creer que la Globalización sea una NECESIDAD INELUDIBLE de la Historia, un proceso
natural y automático impersonal y autogenerado en el camino del Progreso, no solamente es
la aceptación sin crítica de un falso reflejo ideológico, también representa una
derrota ideológica determinada por la asunción acrítica de la visión del mundo del
adversario.
Quien da por descontado los axiomas que pertenecen al otro, aun cuando se presenten
laicizados e historizados, ya está preso antes de comenzar a luchar, porque realmente
pertenece al otro. Si se implantan mentalmente los axiomas ideológicos del enemigo contra
el que se quiere combatir, la batalla está perdida de antemano; y el primero de estos
axiomas es la utopía igualitaria y absolutamente niveladora, exactamente funcional a los
proyectos de globalización total del Capitalismo, al término de su proceso expansivo.
Proceso degenerativo que hoy día se identifica con la destrucción de las economías
subalternas, de los recursos energéticos y con el ecosistema en su conjunto: etnocidio es
igual a genocidio, tout court.
El mito MOVILIZANTE del Progreso indefinido y necesario, idea-fuerza mayor en
la fase de la secularización y laicización del Pensamiento Único, radicado en el
biblismo particular de raíz protestante-calvinista, en estos inicios del III Milenio se
ha vuelto en su contrario, pero nunca en su opuesto.
El "progreso" que mata
Biotec, clonación, mutaciones genéticas de animales y vegetales, manipulaciones del ADN
con la excusa de mejorar y prolongar la vida, desastres climáticos y ambientales,
desaparición de especies animales y de culturas humanas diferenciadas, etc... están
convenciendo cada vez a más personas que el llamado progreso, impuesto por
Occidente al resto del mundo, se ha revelado en realidad en la perspectiva de una
catástrofe incontrolada y cada vez más incontrolable. No es un progreso por lo tanto
sino un regreso, que tiene determinada una perversa desintegración de todo tejido social
y comunitario, un cáncer devastador que calcifica toda estructura orgánica de la
sociedad hasta en los lugares más recónditos del planeta, hasta que una
autofagocitación de la especie humana devenga en lo que ha sido definida como la
Sexta Extinción, tras la cinco precedentes que las especies que le
precedieron en el dominio de la Tierra.
El modernismo, el progreso técnico, el maquinismo, pueden ser vistos en perspectiva como
los elementos destructores del planeta; los científicos, cada vez más incontrolables, se
han convertido en una casta intocable de aprendices de brujos y agentes de la
destrucción: Si esto es el progreso, queremos volver al pasado, dijo el jefe
de la tribu de los Masai al contemplar los efectos de la implacable sequía y a la
desertificación que arrasa el África, causadas por los cambios climáticos.
El periodista y escritor Massimo Fini comparó el mundo globalizado con un tren en marcha,
cargado de explosivos, que aumenta exponencialmente su velocidad, sin luces en una noche
de niebla, destinado fatalmente a descarrilar y hacer perecer a sus ocupantes, a extinguir
la Tierra misma y todas las formas de vida que cobija.
Y los maquinistas responsables del futuro desastre preparan las armas para defenderse de
la reacción de los pueblos, pensando ingenuamente que la supuesta inexpugnabilidad de la
fortaleza continental norteamericana podrá preservarles del desastre.
A tan lenta y confusa falta de conciencia de los peligros de la globalización no
corresponde de la otra parte un claro conocimiento de las causas, próximas y remotas, del
fenómeno y de sus agentes; ni mucho menos un proyecto realista de resistencia y
reconquista.
A lo máximo se está contra los efectos de la globalización, pero nadie se opone a sus
verdaderas causas.
Al contrario, por parte de las miles realidades genéricamente etiquetadas como
antiglobal (portavoces de los intereses y exigencias más dispares,
desconectadas y conflictuales entre sí), no se propone sino una globalización de
las bases, que contemple la mejora del nivel de vida de la mayoría pobre del
planeta, preservando contemporáneamente el hábitat, que salve las culturas que son la
riqueza del mundo pero abatiendo al tiempo los confines y llevando hasta su culminación
el proceso de eliminación de las diferencias nacionales.
Todo y lo contrario de todo: definición aritmética de la Nada.
El rostro inhumano de la globalización
Una globalización de rostro humano es una absurdidad que se contradice en su
misma formulación de base; la enésima reformulación de un reformismo interno del
Sistema Global que no quiere perpetuar las injusticias, pero que desprecia la instintiva
rebelión autodefensiva de los pueblos como vehículo ciego.
La Banca, las instituciones financieras, los lobbies industriales y los supergobiernos
mundiales sólo de demuestran humanos con aquello en donde ven coincidir sus
intereses.
Un solo ejemplo: la anulación de la deuda es ciertamente una causa justísima, un acto
mínimo reparador de los países depredadores por las riquezas que han sustraído durante
decenios.
El débito total de las naciones en vías de...
subdesarrollo ha superado con largueza la astronómica cifra de 2.500
millardos de dólares, pero... esto no es un don humanitario de los gobiernos
sino una necesidad vital de la Banca Mundial que determina las políticas interiores y
exteriores. El crédito en verdad, lo sabe la banca, es inexigible, aunque sólo sea en
sus intereses acumulados, dadas las condiciones desastrosas de las economías al Sur del
Mundo.
Una declaración general de quiebra de la mayoría de los países de la Tierra provocaría
el pánico de los mercados y podría determinar la caída de todo el sistema financiero,
acelerando la irresistible decadencia del capitalismo, cada vez más frágil en cuanto
más enorme y global.
La condonación humanitaria del débito no tiene otro fin que evitar
escenarios apocalípticos para la Alta Finanza Mundial, y su contrapartida es la
aceptación por parte de los estados deudores de vínculos ulteriores, también
políticos, y el compromiso de abatir toda defensa contra la liberalización de los
mercados, que es la causa primera que ha determinado su miseria y sus deudas.
Es necesario recordar que Ceaucescu fue abandonado a su
suerte en Rumanía una semana después de haber saldado hasta el último centavo de la
deuda exterior rumana. El Fondo Monetario Internacional, la Banca Mundial, los Estados
Unidos y los países ricos no pueden permitir a ningún Estado alcanzar su propia
independencia financiera, la nueva forma de esclavitud del capitalismo en los siglos XX y
XXI.
La utopía de la igualdad mundial en el bienestar y en la
bonanza, propia de los que pretenden la globalización por lo bajo, no está sólo en
sintonía con los intereses de las multinacionales en su expandir el mercado en vertical,
en profundidad, sino que también determinaría una nivelación cultural y política
total, junto a la destrucción última del ecosistema.
Debe quedar bien claro al Norte del mundo que una más justa redistribución de bienes y
servicios en el mundo para solamente a través de un proceso revolucionario, local y
general, que derribe los parámetros culturales y económicos de referencia también en
los países ricos; revolución que habrá de renunciar a la riqueza en
términos consumistas para dar fórmula a modos más espartanos en el vivir,
pero también más libres de los potentados mundiales, bajo el fondo de la renovación de
las relaciones armoniosas con la naturaleza desde las propias comunidades de pertenencia.
La cura propuesta por los antiglobales comúnmente entendidos
acabará... por matar al paciente. La astucia de un sistema global que proclama la mejora
de las condiciones de vida de las clases y de los pueblos es reducirlos a todos al común
de productores-consumidores del sistema capitalista global, para alargar así el mercado
único de los productos estandarizados, no sólo en el sentido horizontal y geográfico,
sino también vertical interclasista, aumentando en sus mínimos aceptables para el mismo
Sistema el crédito y la disponibilidad monetaria para la adquisición de nuevos bienes y
servicios.
En términos marxistas: disminuir la pauperización absoluta es un imperativo
para aumentar la expansión del mercado, y para ello hay que alargar la
pauperización relativa.
O en términos informáticos: el Digital
Divide de los inputs tecnológicos e informáticos permitirá a los estratos
sociales y populares el acceso o no a la realidad virtual y al telemercado.
Los antiglobalizadores de la izquierda moderada (por continuar con ciertas
definiciones decimonónicas ya hace tiempo superadas), reciclados del internacionalismo
proletario al liberalistas de mercado, están de acuerdo en querer y/o aceptar (que es lo
mismo desde el lado práctico) la globalización.
Porque lo que proponen es sólo una GLOBALIZACIÓN DE SIGNO CONTRARIO, y no lo CONTRARIO
DE LA GLOBALIZACIÓN.
En términos políticos son los reformistas internos del Sistema Global y no los
revolucionarios a él opuestos.
Mundialismo y globalización
La primera batalla del combate es la terminológica, porque ahí es donde se asumen los
valores sustanciales en la elección de una contraposición realmente antagonista al Nuevo
Orden Mundial.
La globalización, lejos de ser una fatal
necesidad, una etapa irreversible del camino del progreso, no es sino el
efecto de una causa, o si se quiere menos genéricamente determinista, el instrumento de
una estrategia mundial conducida, CONSCIENTE Y VOLUNTARIAMENTE durante decenios cuando no
por siglos.
Y si se debe hablar de determinismo, es sobre un plano metapolítico y por lo tanto
metafísico donde debe ponerse atención, como señalaremos cuando toque hablar de la
concepción Cíclica de la Historia.
La globalización de los mercados no hubiera podido
realizarse sin una obra preventiva preparatoria política y cultural, impuesta por el uso
de las armas y las invasiones militares: en el pasado se dieron dos guerras
mundiales y decenas de decenas de guerras locales, golpes de estado, estragos
y genocidios, que terminaron por realizar el One World americanocéntrico.
Nosotros definimos ya a este proceso de dominio planetario, desde sus inicios con el
nombre de MUNDIALISMO.
Una de las más completas explicaciones de este término es la que ofrece Giuseppe Santoro
en su obra Dominio global. Librecambismo y globalización, volumen de un
centenar de páginas que debiera ser el libro rojo de todos los verdaderos
revolucionarios antimundialistas.
Escribe Santoro:
El Mundialismo, en síntesis, es una ideología (y
una praxis cultural, social y política) universalista promovida por instituciones
internacionales político-militares (principalmente la ONU y la OTAN), por consorcios
privados (Council on Foreign Relations, Trilateral, Bilderberg, masonería etc..),
asociaciones religiosas (la capilla vaticana del Opus Dei, el Consejo Mundial
Judío, las numerosas sectas protestantes...) y por una compleja y amplísima red de
lobbies y organizaciones internacionales de presión
política-social-cultural-massmediática (agencias de información, industria
cinematográfica, etc.), cuya base principal táctica se localiza en el territorio de los
Estados Unidos.
Y sigue:
El objetivo del mundialismo es la creación de un gobierno o administración única
(el Nuevo Orden Mundial), de una única disposición política institucional y social (el
liberalismo), un único sistema de valores (el individualismo igualitario de la doctrina
de los Derechos Humanos) y un único conjunto de costumbres y estilo de vida
(el consumismo) extendidos a toda la Tierra sobre el dominio absoluto de todas las fuerzas
políticas, económicas y culturales que lo encarnan: las élites de la finanza
mundial.
Santoro es también autor de El mito del libremercado, donde profundiza en el
estudio de las clases económicas.
Es evidente que lo escrito concluye en que el Mundialismo no es un mecanismo anónimo, sin
cabeza, sin dirección ni motor, que pueda autorreproducirse metastáticamente, sino un
hecho objetivo producto de la intervención de ideas de unos pocos hombres y unas bien
identificadas instituciones, que en conjunto son objeto y no sujeto del mismo proceso
globalizador. Quien no lo crea así razona en términos de un ferviente determinismo
mecanicista que no es sino otro de los devastadores efectos de la más amplia
falsificación histórico-ideológica de los siglos: el Iluminismo, matriz del liberalismo
y del marxismo, filtrados por los hegelianismos de derecha y de
izquierda.
La raza de los amos
Del resto, daremos un solo ejemplo, también en términos de crédito; pocos son los
supercapitalistas que poseen fortunas en mucho superiores a múltiples estados: los
americanos Bill Gates, Larry Hallison Warren Buffet y Paul Allen son propietarios de
fortunas que equivalen a la de las 42 naciones más pobres del planeta, y que abarcan una
población de 600 millones de almas, un sexto de los habitantes del planeta.
Los decisión makers de la política mundial,
poseedores de todos los sistemas bancarios, de completos sectores industriales y
comerciales, de las fuentes energéticas y estratégicas, son quienes sugieren más o
menos de forma soterrada la política de los gobiernos y de las instituciones
internacionales. Sucintamente pueden agruparse en 13 clanes familiares. En orden
alfabético: Astor, Bundy, Collins, Dupont, Freeman, Kennedy, Li, Onassis, Rockfeller,
Rothschild, Russell, Van Duyn y Windsor.
La raza mundialista de los amos habita en reductos exclusivos, frecuentados
sólo por sus propios iguales, salvo cuando debe condescender a escuchar los
hosannas populares; se cruzan endogámicamente entre sí y deciden por todos.
La raza de los amos no tiene patria, sólo pasaportes, uno para cada rincón que visitan.
Su patria es el mundo.
Son exhibidores del lujo, cosmopolitas por vocación e interés, antiguos parias que, en
la época de la caída de las castas, se elevaron a los vértices de la pirámide
política y social. Son los anfitriones de las mansiones donde se celebran las reuniones
del Bilderberg, de la Trilateral, del CFR. Algunos han guiado directamente estados y
gobiernos, como los Kennedy y los Windsor. Para ellos todo está permitido, desde las
guerras y las crisis económicas y financieras provocadas, hasta los más prosaicos
homicidios por motivos de faldas (¿quién recuerda el caso Palme?).
Para ellos, la reserva, la mentira y el secreto son los
instrumentos absolutamente indispensables de dominio.
Hablar de la necesidad objetiva y amorfa del proceso de globalización es otro
de sus mejores instrumentos para esconder la causa, manifestando sólo el efecto. En la
más generosas de las hipótesis imponen al mundo los propios parámetros de referencia,
la propia visión cosmopolita de las relaciones internacionales. Católicos, protestantes
o judíos, pero también musulmanes o confucianos o simples agnósticos y ateos, son todos
portadores de una única visión y estilo de vida, exactamente aquella del Mundo
Moderno, contra el cual Evola escribió su Rebelión.
El semiólogo judío-americano Noam Chomsky, teórico de la antiglobalización desde su
cátedra del MIT (Massachussets Institute of Technology), ha sido desde siempre uno de los
más feroces críticos del capitalismo y del imperialismo, y a él corresponde la
definición de los padrones de la finanza mundial como un Senado Virtual, al
cual los gobiernos del mundo deben rendir cuantas completamente al margen de los
ciudadanos que los han elegido:
El Senado Virtual es un grupo de auto-investidos capaces de gobernar naciones a
través del control de los flujos de capital, las oscilaciones bursátiles y las
regulaciones de las tasas de interés. Apenas un estado anuncia la elección del interés
colectivo, la amenaza de la retirada absoluta de capitales es inmediata. Todos los
gobiernos del mundo, incluso los propios EEUU, son fantoches manipulados por estos
senadores enmascarados. Pero a diferencia de los más feroces dictadores, no tienen
responsabilidades públicas.
Aquí nos encontramos en la buena compañía de un hombre
que no será acusado de conspiracionismo complotista.
A nosotros nos toca añadir que el Senado Virtual, para domeñar a los pueblos
y los gobiernos, posee otras armas además de las financieras: desde los mass media a la
informática, pasando por los golpes palaciegos y militares, hasta la guerra declarada con
el uso de armas inteligentes.
En Serbia, por ejemplo, usaron de todo: revueltas
étnicas, guerrillas montañesas y urbanas, guerra de intervención humanitaria, tráfico
de drogas y de blancas, uso de sicarios a sueldo, de uranio empobrecido, de difamaciones y
mentiras massmediáticas, de retoque informático de fotografías... hasta la compra
literal, con dinero contante y sonante, del Jefe de Estado.
Regresemos de nuevo a Santoro, quien nos ofrece un juicio más neto sobre la
impersonalidad del proceso histórico que estamos viviendo:
La denominada globalización (económica, política,
cultural y de modos de vida de todos los pueblos de la Tierra) no es de ningún modo un
proceso natural ni necesario, determinado por las leyes internas
de un irresistible desarrollo del mundo (desde un punto de partida a uno de
llegada: Nuevo Orden Mundial, Fin de la Historia, Reino de Dios, Sociedad sin Clases o
cualquier otro delirio apocalíptico) y de la lógica de las cosas (¿qué cosas?... y
¿qué lógica?). La globalización es la condición objetiva y autónoma a la que debemos
adecuarnos como a una irrevocable voluntad divina, sino sólo el objetivo práctico y
deliberado de un grupo de hombres concretos, objetivo tramitado por organizaciones con
número de registro leal y que cotizan impuestos, que cuentan con nombre propio, sistemas
informativos, massmediáticos y editoriales privados, no necesariamente oscuros ni ocultos
en las inmensidades del Universo. En estos grupos no se excluye ni la presencia de
conflictos internos ni de resistencias externas.
(Giuseppe Santoro, Banqueros y camareros. Soberanía monetaria y soberanía
política).
Simple, ¿no?...
Derecha e izquierda en el mundo globalizado
Sobre el plano práctico de la acción, la pretendida impersonalidad y necesidad del
proceso de globalización determina voluntariamente en las masas un fatalismo impotente,
camuflado por los intelectuales orgánicos del Sistema liberal-capitalista como una
aprehensión metapolítica e intelectual de la realidad. La enésima
reproposición, y con mucho la más innoble, es la llamada general a la
apolitización y la desidia (el pasotismo), a la no-acción. Algo que ya
denunciara Evola en obras como El arco y la maza y Cabalgar el
tigre.
Si antaño los militantes de derecha e izquierda pugnaban
por la conquista del Poder para así afirmar sus esperanzas en un Mundo Nuevo, hoy día,
mucho más burguesamente, se contentan con gestionar el poder desde el
ocaso de las ideologías.
El minimalismo y la localización devienen las coartadas del desempeño y del refugio en
lo privado, haciéndolos pasar por el máximo empeño posible contra los poderes fuertes,
como si en el mundo moderno hubiese ya lugar para los oasis y las islas de un vivir
alternativo, ajeno a la sociedad circundante y alternativa a la misma. ¿Quién recuerda
ya las comunas del sesentaiocho?
Pero en esta nueva versión tenemos el agravante que esta
fuga incapacitante del mundo ya no se dirige a los establos ni los pueblos abandonados,
sino a los palacios de cristal y las torres de marfil de los complejos residenciales del
extrarradio: comunitarismo sin comunidad, abierto sólo a los pocos elegidos que han
podido entenderlo todo (?) y no han hecho nada (!). Aquí crecen y se propagandan las
religiones del egoísmo y la falsificación del espíritu: desde la new age
hasta la contemplación apática del Nirvana... sin cojones para entrar en él.
La izquierda, junto a buena parte de la derecha, que
contesta la globalización por lo alto, acepta sin embargo apriorísticamente la
filosofía de fondo, la necesidad de las tesis, los principios filosóficos y las utopías
niveladoras; son un ala más del fenómeno globalizador, al que critican errores y
horrores... y ni siquiera lo saben.
El internacionalismo proletario de ayer se llama hoy
antiglobal, aun cuando es cierto que es más global que anti.
La derecha (1), que en su origen poseía otros instrumentos conceptuales de comprensión y
oposición, partiendo de los estudios sobre el Mundialismo, sobre la Geopolítica, sobre
las tradiciones, desarrollados en las obras de los maestros como Evola Guènon, Nietzsche
Spengler, Sorokin, Lorenz, Sombart, Weber y otros muchos, se abandonó bien pronto a la NO
COMPRESIÓN del fenómeno y a subirse al barco de los ganadores (siempre fue así su
proceder), en una regresión política e ideológica respecto a los análisis y las
acciones políticas anticipadoras de los años 70 y 80.
Contra todos los nostálgicos
El Fascismo, como fenómeno histórico y político europeo, murió DEFINITIVAMENTE en mayo
de 1945, cayendo honrosamente con las armas en la mano, a diferencia del comunismo
marxista eslavo-europeo que medio siglo después implotará junto a la URSS y sus
satélites.
Y es un hecho irreversible que estas dos formas de
modernización y movilización de masas sucumbieron en sus pugnas contra América. Es el
modelo americano el que ha triunfado en el siglo XX, dando su impronta a todo el
Mundialismo globalizador que hoy arrasa la Tierra.
Geopolíticamente es Eurasia (+ África y América Latina) quien ha perdido, por ahora, en
sus confrontaciones contra el Nuevo Mundo por un Nuevo Orden Mundial.
El llamado neofascismo o
neonazismo de la segunda posguerra ha sido un gran equívoco, unas veces
heroico, otras trágico, y otras también cómico, alimentado en sus puntos más oscuros
por los intereses de sus enemigos.
Aquellos que comúnmente viene definido como extrema derecha no es sino la
expresión del trauma de la derrota militar, de sus caudillos muertos y/o masacrados,
abandonados por todos a la orgía del Apocalipsis. La imagen de Mussolini junto a sus
jerarcas con los pies hacia el cielo ha pesado como losa en más de una generación
política. El 8 de septiembre no sólo representó un vuelco epocal, sino también el fin
de Italia como Nación, pasando a ser una simple expresión geográfica ocupada por el
atlantismo donde unas pocas decenas de millones de personas hablan más o menos la misma
lengua.
La propaganda martilleante de los vencedores señaló a los fascismos como el Mal
personificado, hasta el punto que ha hecho a muchos identificarse en este rol invertido,
como forma extrema de contestación y auto-reproducción.
La nostalgia, las formalidad exterior, la castrante exaltación de la derrota, los cultos
necrófilos del pasado, el caudillismo sin Caudillo unido al expontaneismo
anarcoide (armado y desarmado), son la expresión de diferentes factores de impotencia
política y social, mientras el mundo cambiaba vertiginosamente marginalizando cada vez
más a la extrema derecha en los ghettos construidos por sus propias manos. El nostalgismo
neofascista es la NEGACIÓN MISMA DEL FASCISMO histórico como movimiento de movilización
revolucionaria de las masas, trampolín de las juventudes revolucionarias de toda Europa,
basado en el ímpetu vitalista de la mirada puesta en el futuro, en la fanática
determinación de morir o vencer en su COMPETENCIA REVOLUCIONARIA con el comunismo
bolchevique también revolucionario.
Ambos tienen como referencia el mundo de la primera mitad
del siglo pasado. Y consideremos también que estamos hablando de las mejores partes de la
derecha y de la izquierda, de aquellas minorías que jamás aceptaron tout
court alinearse junto al Sistema, convertirse en los guardias de la porra del orden
constituido.
Pero aquí y ahora, en los inicios del III Milenio, derecha e izquierda han entendido
perfectamente en qué dirección marcha el mundo, y simplemente han abandonado toda
batalla histórica y cultural para pasarse al campo del adversario, del
Liberal-Capitalismo, de América, del Sionismo y del Mundialismo.
Estos arribistas no son ciertamente el enemigo principal,
pero sí el más cercano, a quienes es típica la máxima ambición de los neófitos
mercenarios que desean demostrar al nuevo amo la plena fidelidad del siervo adquirido
recientemente.
Las recientes jornadas de Génova, la exaltación de la más bestial represión
policíaca, de esos policías cobardes y nocturnos que no tienen el coraje suficiente de
descender a la plaza para la batalla directa, el anticomunismo sin comunistas, la
alineación acrítica de todas las iniciativas antipopulares y la perfecta identificación
en la política exterior americana y sionista, son hechos claros y evidentes de la
mentalidad subyacente al gobierno Berlusconi y sus aliados de la Alianza Nacional, los
postfascistas del neofascismo.
En otros casos es la representación operística de la
acción nostálgica e integrista del mantel y la sacristía, de las cenas y los homenajes
cada vez más escondidos para evitar los encuentros con las extrema izquierda parapolicial
del Régimen y del Sistema, una confrontación que bien pudiera ser funcional al Sistema
si no fuese tan anacrónica e inutilizable por los servicios que la gestan
dentro y fuera de Italia. Ridículo ese antifascismo de cierta izquierda en tanto que
también ridículo el nostalgismo (¿pero a qué demonios se refieren con el
anticomunismo?) de la derecha más o menos extrema.
Todo a mayor gloria de la raza de los amos que traza los destinos de Italia y de Europa,
del mundo entero.
Actualidad de Julius Evola
Habíamos recordado que Julius Evola escribe su Rebelión contra el mundo
moderno hacia la mitad de los años 30, en un mundo que era bien diferente de
nuestros inicios del III Milenio: no existía la energía nuclear y todavía era una
hipótesis el uso de la más devastadora ara de ingenio humano; no había televisión, ni
ordenadores, ni internet era siquiera imaginado. La aventura del espacio exterior, el
hecho de pisadas humanas sobre la Luna o las misiones exploradoras a Marte sólo eran
fruto de la imaginación ferviente de los escritores de fantaciencia. No se conocía la
estructura helicoidal del ADN, ni podían imaginarse tecnociencias como la biotecnología.
La etología estaba por nacer, y los estudios sobre ecología eran cosa de marginales
ociosos.
La era de la industrialización avanzaba con pasos de
gigante sólo en América y Europa Occidental, donde todavía la mayor parte de la
población vivía de la agricultura y habitaba e ciudades a la medida del hombre.
Europa, orgullosa, ocupaba el centro del mundo, con sus imperios coloniales, su cultura
decadente, su burguesía.
La globalización estaba en sus inicios, frenada por la existencia de políticas decididas
y economías vitales. América todavía estaba lejos de realizar su proyecto de dominio
mundial, aunque sus líneas esenciales ya fueron trazadas ideológica y geopolíticamente
en los inicios del siglo XIX.
La Iglesia Romana, aunque ya daba los primeros pasos de su
irresistible decadencia, era aun un formidable dique de contención detrás del cual se
refugiaban pueblos enteros de millones y millones de almas devotas. La economía estaba
dominada por los estados totalitarios más importantes: Rusia, Alemania,
Japón e Italia. Son 70 años de distancia en lo temporal, pero centurias enteras en
lejanía mental, organización social, tecnología, relaciones entre economía y
política.
Pero aquellos que se atrevan a releer las páginas de Evola descubrirán de golpe la
actualidad de sus análisis, especialmente los apuntados en la segunda parte de la obra,
la titulada Génesis y rostro del mundo moderno.
Sus conclusiones sobre la decadencia de Occidente, al igual que aquellas de
Spengler, sus juicios categóricos sobre Rusia como patria del capitalismo de Estado y
América como hogar del marxismo social realizado, simplemente, aparecen más como
profecías que como aserciones, más si tenemos en cuenta que sus profecías no tienen
nada de mágico en el sentido banal del término, pero son fruto de un Conocimiento que se
funda en los solas cimientos de la Tradición, en la concepción cíclica de la historia.
Esa concepción según la cual nuestro futuro ya está
escrito en el más remoto pasado, según la cual nuestras espaldas no están detrás, sino
DELANTE de nosotros, en un a-venir más próximo al fin que al inicio de nuestro actual
ciclo de existencia, cuya conclusión y cierre determinará un nuevo y radical Inicio.
Como sabemos, Tradición significa tradere, transmisión de aquellos Valores
que son eternos en cuanto que no son simplemente humanos, que el hombre no ha
inventado, sino que ha recibido; Tradición que se
actualiza en la historia en forma de manifestaciones diversas, pero muy fácilmente
identificables en toda época y en todo lugar. Tradición que es el opuesto metafísico a
toda especie de tradicionalismo.
Tradición y revolución
LA TRADICIÓN ES REVOLUCIÓN, etimológica y realmente. Revolución es
re-volver, es decir regresar a los Orígenes, pero no antes de haber
completado su Ciclo, su rotación su astronómica re-evolución.
La verdadera Tradición no tiene nada que conservar, sino que desea destruirlo todo para
dar a sí cumplimiento revolucionario del ciclo, para preparar un nuevo
inicio, una nueva Edad de Oro.
La Conservación es el contrario de la
Tradición/Revolución, si es entendida no en el sentido de los Valores sino en aquel del
mantenimiento, de la defensa de las estructuras del pasado, de las formas ya superadas, de
los reductos vacíos y banales, de las fórmulas y las formas que el tiempo ha reducido a
cenizas. Y esto también es válido para las fórmulas políticas y sociales como para las
religiones y las culturas que una vez vueltas residuales e inútiles se perpetúan en
vanos simulacros. Repetimos: en el mundo moderno no hay nada que conservar, sino todo que
destruir.
Comenzando por cuanto de fosilizado hay en instituciones de un pasado apenas distante, que
no fueron sino frutos del modernismo de su tiempo: desde los nacionalismos gestados por la
Revolución Francesa y por los Inmortales Principios del 89.
Si la conservación es el contrario de la Tradición
revolucionaria, la SUBVERSIÓN, como todos los fenómenos de revuelta en el mundo moderno,
es una revolución de signo contrario, una CONTRA-REVOLUCIÓN, siempre en el sentido
tradicional del término.
La subversión, en el mismo momento que pretende destruir
las formas del presente (y este es su aspecto más positivo), lo hace en nombre y bajo el
signo de la modernidad, como categoría mental y espiritual.
Esto se traduce no en una aceleración hacia el fin de la presente decadencia y por lo
tanto en la precipitación del punto catárquico que señala el paso revolucionario
cíclico, sino en un perpetuarse bajo nuevas formas de decadencia, que tenderán
naturalmente a cristalizarse en la enésima conservación, hasta la llegada de una
ulterior honda subversiva. La subversión tiende a borrar las formas del pasado para
conservar la esencia del presente, esto es, el modernismo antitradicional, tratando así
de detener el verdadero proceso revolucionario que pueda cerrar el ciclo para abrir uno
nuevo. La subversión es, en definitiva, otra forma de conservación.
Una serpiente que continúa mordiéndose la cola.
Conservación y Subversión son funcionales la una con la otra en la actual fase del
ciclo; también cuando desde un elevado punto de vista metahistórico, el cumplimiento
revolucionario de la última fase cíclica está escrito en el Destino: como siempre,
fata volentes ducunt, nolestes trahunt.
Las consecuencias de estas dos actitudes mentales son
diversas y comunes, para los que no quieren ser simples espectadores comunes de los
eventos, quienes observan en su misma naturaleza la marca de una impersonalidad activa, la
fiereza del guerrero de la Tradición que hoy no puede sino manifestarse en el combatiente
político revolucionario.
Valores a parte, lo repetiremos por tercera vez: en el mundo moderno no ha nada que salvar
y todo está por destruir. En el mundo moderno, a este final de ciclo, toda destrucción
del pasado y del presente es propedéutica al cumplirse el mismo ciclo histórico.
Dos frentes, muchas trincheras
Bajo este punto de vista es consecuente que un verdadero revolucionario vea en todo joven
contestatario de la actual situación mundial y nacional un aliado táctico en la obra de
destrucción de las instituciones mundialistas, en el asalto contra los gobiernos
colaboracionistas del ocupante americano; de derecha o de
izquierda, poco importa en el desenmascaramiento de todo engaño sobre la piel
de los pueblos, de TODOS los pueblos.
Motivaciones y fines pueden ser divergentes, pero el Enemigo es único y supera toda
barrera ideológica. Sólo quien así razona es un verdadero revolucionario, al prescindir
de la revolución que tienen en mente, sin fingir, sin saltos de campo para agradar a
quien nos considerará siempre un extraño o un neófito convertido.
Es la teorización de los DOS FRENTES Y MUCHAS TRINCHERAS.
Que cada uno combata al Mundialismo, la globalización, también si tiene una visión
limitada de los problemas globales, de aspectos parciales, desde el propio punto de vista
ideológico, ideal o existencial: desde la propia trinchera. Pero teniendo al menos bien
clara la identificación de mismo Enemigo, que es el enemigo global.
Quien tenga más claros los términos políticos y metapolíticos del combate planetario
es también quien tendrá una mayor panorámica del campo de batalla y sabrá mejor
conducir una lucha más radical y determinada.
Y el primer paso consiste en dar un nombre y un rostro a un fenómeno que no es anónimo
ni hijo de nadie, como quieren hacernos creer los teorizadores del desempeño político,
de la retirada a lo privado, entre los inputs metapolíticos y prosaicos de la
vida del pequeño burgués.
El nombre de la mudialización: Amerika (2)
El Mundialismo moderno es la fase extrema del imperialismo capitalista americanocéntrico
en su manifestación más degenerativa, antitradicional, conservadora y subversiva al
mismo tiempo.
Los Imperios tradicionales de Europa, después de haber sido la máxima expresión de las
formas político-sociales del mundo tradicional, manifestación de la metafísica en el
plano físico, se transformaron al final de su ciclo vital en imperialismos y
nacionalismos coloniales, invadiendo e infectando el mundo. Ahora, la ley del contrapeso
ha querido que sea Europa la vencida y sometida por un veneno que se ha instalado en su
seno: América ha vencido a Europa, a toda Europa, también a la de los aliados de ayer,
la ha privado de su poder y sus colonias, sustituyendo un neoimperialismo político,
económico y mediático.
En términos geopolíticos, el Mar ha vencido a la Tierra, y
continúa avanzando en su interior.
América, en efecto, se ha impuesto también a su rival, Rusia, y los confines de la OTAN
avanzan cada vez más hacia el corazón de Eurasia, el HEARTLAND logístico de ex-potencia
antagonista.
El Mundialismo, y su manifestación económica y mental, la globalización no podrían
existir sin el dominio de una y sola superpotencia que ha impuesto al mundo su predominio
militar sobre la tierra, sobre todos los mares, sobre los cielos y sobre el espacio
exterior. No existiría sin una moneda única válida en todos los pagos internacionales,
sin una lengua común de comunicación, de la diplomacia y de los ordenadores, sin una
pseudocultura aceptada y asumida por todos, sin un dominio total de la televisión, el
cine, la prensa, internet, etc., por los altos lobbies y las multinacionales con base en
los EEUU, fortaleza continental aislada por dos océanos de vasta extensión, brazo armado
mundial del SIM, el Superestado Imperialista de las Multinacionales.
Los Estados Unidos son los grandes defensores de la globalización, y allí donde
ésta se ha puesto en práctica, como en las relaciones con México, han aportado un gran
bien (...) Pienso que los Estados Unidos son los primeros en beneficiarse de
la globalización, desde el punto de vista de la concurrencia, desde una posición más
fuerte respecto a los demás.
Son palabras de Henry Kissinger, el judío errante de las administraciones
republicanas, premio Nóbel de la paz (después de haber provocado la guerra Irán-Iraq,
con un millón de muertos; o la invasión de Timor Oriental, con el exterminio de un
tercio de la población local), autor del reciente libro ¿Tiene América necesidad
de una política exterior?, y sponsor del actual ministro de exteriores italiano en
el gobierno Berlusconi.
En el fondo son un eco de las manifestaciones de su compadre literal, George Soros, judío
de origen húngaro, especulador capaz de hundir en una sola operación bursátil la
economía de países enteros (en el 92 le costó a Italia una pérdida de 40 millardos de
liras) y actual co-presidente del World Economic Forum di Salsburgo (hermano menos
estival del Foro de Davos):
Creo que la globalización traerá grandes beneficios a un gran número de hombres y
mujeres... La liberalización de los mercados y del movimiento de los capitales produce
sobre todo beneficios privados a los privados. No se preocupa de quien no puede hacerlo
per se, de los beneficios colectivos.
(De su artículo: La globalizzazione è un bene, i governi imparino a usarla,
Repubblica, 3.07.2001). ¡¡¡ Viva la sinceridad !!!
Para el señor Soros y sus afines la globalización,
ciertamente, es un verdadero maná del cielo. Últimamente anuncia que desea abandonar las
finanzas y dedicarse a los problemas de la democracia en la Europa del Este.
¡¡¡ Pobres Eslavos !!!
Del resto, es preciso anotar que uno de los instrumentos que tiene América para imponer
su política económica al mundo, además del dólar, es la llamada GLOBALIZACIÓN
ASIMÉTRICA, que mientras impone a las economías más débiles (comprendidas también las
de los partners ricos del Norte del mundo) el liberalismo absoluto en los
intercambios internacionales, aplica por el contrario fortísimas tarifas a las
mercancías extranjeras más competitivas en el mercado interno estadounidense, en defensa
de los intereses lobbisticos de los productores americanos. Una política económica que
aplicada a los productos del Tercer y Cuarto Mundo resulta devastadora para las economías
más débiles, obligándolas a importar productos made in USA sobre los cuales América se
niega a pagar impuestos.
Los alegres muchachos de Robin Hood robaban a los ricos para dárselo a los pobres.
Amerika roba a los pobres para dárselo a los ricos.
Cómo prepara América la III Guerra Mundial
Pero existe un nuevo peligro, que viene acentuándose en los hechos recientes de la nueva
Administración republicana de Bus II: el relanzamiento de la carrera armamentista para
sostener el gigantesco complejo militar-industrial de los EEUU.
Esta es una deuda que busca sobre todo favorecer a los lobbies bélicos y al Pentágono,
que han abastecido de personal al nuevo Bush con el viejo staff republicano del padre y
otros predecesores.
Se busca así prescindir de los riesgos evidentes de una
política de paz y estabilidad internacional, el riesgo de hacer colapsar una economía
que estaba en plena crisis, con la creación de un arsenal costosísimo e hipertrófico, a
más de completamente inútil en un sistema internacional que ve en los EEUU al día de
hoy la única superpotencia mundial.
Esta es la tesis de Chalmers Johnson en su obra Los últimos días del imperio
americano.
En este libro se proyecta un posible fin de los Estados
Unidos muy similar al colapso implosivo de la URSS, en el momento en que se hizo evidente
que su esfuerzo militar no era compatible con las estructuras económicas internas y se
había demostrado inadaptado a la estrategia contemporánea (derrota en Afganistán,
Polonia, Medio Oriente, etc.).
La caída del imperio americano no sería ciertamente una pérdida para el resto del
mundo, sino al contrario el inicio de un nuevo renacimiento de los pueblos y de las
naciones, si no fuese por el hecho que la globalización americanocéntrica lo ha
vinculado todo a la economía y a la política estadounidense, hasta el punto que la
crisis general del capitalismo USA representaría contemporáneamente LA Crisis Mundial
por antonomasia, frente a la cual aquella del 29 sería una tempestad en un vaso de agua.
Es seguro que América, frente a la perspectiva del
desastre económico interno que, simplemente, en aquel tipo de sociedad representaría el
fin de los EEUU como entidad política unitaria, estaría dispuesta a desencadenar un
conflicto mundial sobre el cual descargar las tensiones internas y en el cual desgastar
los armamentos cuya construcción habría determinado la misma crisis (3).
El libro de Johnson había anticipado la crisis con China
por la cuestión crucial de Taiwán y el control del Pacífico Nororiental.
En estos momentos, una vuelta al imperialismo militarista e intervensionista sería la
válvula de escape del capitalismo en su fase extrema y más agresiva, con la variante que
esta vez sería la Alta Finanza quien conduciría el juego y el teatro sería más o menos
todo el planeta en su conjunto, planeta que amenaza con la caída en el completo caos
seguido de la caída del imperio americano.
Si el Mundialismo es también fruto degenerado del
nacionalismo, del imperialismo colonial vuelto en su aparente opuesto, pero en realidad
interno a la lógica mercantilista antitradicional que presidió el nacimiento y la
afirmación de los imperios coloniales europeos, la solución al problema no puede sino
regresar a su lugar de partida: EUROPA.
Europa, Imperio y geopolítica
Es decir, en un IMPERIO EUROPEO autocrático, autárquico, armado. En una concepción
imperial, tradicional, revolucionaria y geopolítica como respuesta al imperialismo del
mundo unipolar, modernista, conservador del estado global actual.
Recordemos las palabras de Evola:
Después, los imperios serían suplantados por los imperialismos, y ya
no sabrán nada del Estado si no fuera como organización temporal particular, nacional y
después plebeya.
Una Europa Unida que retorne a sus raíces más profundas,
a sus orígenes polares, que encuentre en su Tradición las fuerzas para levantar la
bandera de la liberación continental y planetaria contra el Mundialismo. Y que tenga en
la visión GEOPOLÍTICA, es decir, en la conciencia histórica y geográfica de sus
élites y de sus pueblos, el arma con la que combatir las utopías del mundo moderno y las
amenazas de los potentados mundiales.
Una Europa similar ciertamente no tiene nada que compartir con la actual Unión Europea,
apéndice atlántico de la talasocracia americana; la geopolítica, la historia, la
ideología de nuestros actuales ocupantes son necesariamente conflictivas y antagonistas
con las de Europa.
En términos geográficos, históricos y culturales, la
unidad del continente Europa abarca también su parte oriental, especialmente con Rusia,
quien representa en la perspectiva geopolítica las garantías necesarias en términos
militares y la complementariedad en los aspectos económicos: la potencialidad del ESPACIO
VITAL.
La Europa desde Brest, desde Lisboa y desde Reykiavik hasta Vladivostok, Desde Thule, en
Groenlandia, hasta Bering, en la punta extrema oriental de Siberia, con eventuales bases
avanzadas más allá del estrecho, no es una Utopía, sino una simple necesidad para
garantizar nuestra misma existencia.
S
ólo entonces tendremos la ocasión de verificar una
reacción vital de los pueblos europeos. Y ciertamente no es quizás de Occidente, sino de
Oriente y de Rusia de donde puede llegar la esperanza; y por la otra parte Rusia es
impotente sin el concurso de Europa Occidental, única salida a los mares cálidos de la
potencia del Heartland continental. Estamos unidos en una misma suerte.
Si, como hemos dicho, el Mundialismo actual se identifica
total y completamente con el imperialismo americano, hasta el punto de hacer conmutativa
la ecuación Mundialismo = Americanismo, loa respuesta POSIBLE no puede sino ser una
Europa Unida e Independiente, soberana y autárquica en sus necesidades primarias.
El One World que se proyecta como el mejor de los mundos posibles tiene un
centro: el ombligo del mundo unificado está en los EEUU. En particular, el financiero y
político en la franja costera que va desde Nueva York a Washington; el cultural entre Los
Angeles y San Francisco; y el económico-industrial en la región de los Grandes Lagos de
Chicago y el Texas.
Si la amenaza destructiva de la superpotencia USA, como instrumento del plan mundialista
de dominio, es global, también global debe ser la lucha de los pueblos libres, reunidos
en áreas geopolíticas y culturales afines.
La nueva Tricontinental
Europa, para ser libre, deberá ponerse a la vanguardia de las luchas de liberación del
Sur del mundo: de América Latina, hoy reducida a patio trasero del imperialismo gringo;
del África negra Subsahariana; del Asia Exterior amarilla, con
China a la cabeza; del Subcontinente Indoario; de la Umma Islámica.
Por lo tanto es también nuestra la lucha del pueblo palestino, árabe, contra la
presencia sionista en Palestina y en Medio Oriente.
Israel es el portaviones armado del imperialismo talasocrático USA en el mismo corazón
de la masa continental eurasiático-africana, en la confluencia de los estrechos de los
mares internos y de las rutas del oro negro de la energía mundial.
La misma existencia de Israel representa un peligro mortal para la Unidad Europea, igual
que para la Árabe, la Indoaria o la Africana.
La eliminación del bastión sionista en el Mediterráneo es y será una prioridad
estratégica para todo gobierno y estado que pretenda combatir contra el Mundialismo, por
la unidad continental geopolítica.
En el mundo global no pueden ignorarse situaciones geoestratégicas aberrantes también en
las antípodas del planeta.
Pero las pequeñas naciones siete-ochocentistas no pueden ciertamente competir con las
grandes potencias continentales.
Mario Vargas Llosa, por otra parte uno de los grandes intelectuales orgánicos apologistas
de la globalización, ha afirmado recientemente:
La realidad de nuestro tiempo es la de un mundo en el cual las antiguas fronteras
nacionales se han difuminado gradualmente hasta establecer en los países de los cinco
continentes unas interdependencias que se oponen frontalmente a la vieja idea del
Estado-nación y a sus prerrogativas tradicionales.
(De su artículo: Quello che resterà del nuovo Sessantotto Repubblica,
7/8/2001)
El escritor politicastro no se olvida de anotar que el sistema democrático (es decir: los
EEUU) ha derrotado a los grandes regímenes totalitarios del siglo XX, el Fascismo y el
Comunismo, señalados aquí como las únicas serias tentativas antimundialistas, respecto
a las utópicas veleidades del pueblo de Seattle, destinado a ser reabsorbido
en el Sistema como ya lo fueron los contestatarios del 68. Un Sistema del cual Vargas
Llosa se reconoce como componente interna aun disintiendo de los medios.
Añadiremos por nuestra parte que los mismos
fascismos y comunismos deben en gran parte su derrota al hecho de
nunca haber comprendido en su plena totalidad la globalidad de la lucha, ni las
intenciones reales de la potencia americana en el mundo. Acabaron destruyéndose entre
sí, permitiendo al imperialismo USA batirse, en tiempos separados y con instrumentos
diversos, con el único objetivo histórico de dominar la tierra.
Que las unidades geopolíticas y culturales en el futuro
de la política mundial no son una mera hipótesis de estudio, fruto de un academicismo
politológico o una utopía incapacitante, son los mismos teóricos de la supremacía
americana quienes vienen a decirlo. El trilaterista Samuel P. Huntington es el portavoz de
varias asociaciones americanas que trazan las líneas estratégicas generales de las
barras y las estrellas para el siglo XXI.
En su celebérrimo ensayo El choque de las
civilizaciones y el Nuevo Orden Mundial, el autor diseña el cuadro de un mundo
futuro dividido en grandes áreas geográfico-culturales, en cuyo ámbito prima el
principio de no ingerencia por parte de las potencias externas. Escribe
Huntington:
Bajo el empuje de la modernización, la política planetaria se está
reestructurando según el modelo de la líneas culturales. Los pueblos y los países con
culturas similares se avecinan. Las alianzas determinadas por motivos ideológicos o por
las relaciones entre las superpotencias dejarán el campo a las alianzas definidas según
culturas y civilizaciones.
Los límites políticos serán rediseñados afín de que coincidan con las grandes
áreas de civilización. Las comunidades culturales sustituirán a los bloques de la
Guerra Fría y las puntos donde se intercepten las líneas entre las civilizaciones
estarán los puntos conflictivos de la política global.
Ciertamente Hungtinton escribe como un americano, y su
concepto de Civilización tiene muy poco que ver con aquel de la tradición europea o
sinojaponesa o árabe-islámica etc. Es más, según la lógica geopolítica atlantista de
sus patrocinadores, Europa debe estar unida a los EEUU y separada de su
Hinterland natural oriental del mundo eslavo-ortodoxo.
Por lo demás, ya la escuela geopolítica de Haushofer había previsto un mundo de
unidades continentales (en el sentido que la geopolítica da al término
continente, que no coincide necesariamente con la subdivisión escolástica en
la cual fuimos todos adoctrinados en la enseñanza primaria); pero Huntington, obviamente,
no menciona este hecho en ninguna palabra.
Geopolítica y lucha de liberación
Las unidades geopolíticas y culturales de tipo imperial son pues la realidad de la
subdivisión planetaria del futuro, y responden a una exigencia real de la Historia y de
la Geografía.
La geopolítica, criminalizada durante años como pseudociencia nazi ha
conocido un nuevo auge tras el fin del bipolarismo USA-URSS y el nacimiento de nuevas
naciones y nuevas realidades supranacionales, como el Islam Revolucionario, el despertar
de China o la nueva y asombrosa vitalidad del Hinduismo.
En el momento actual, a la inversa, Europa, englobada en la OTAN, no es otra cosa que un
territorio de ocupación, tercera orilla oceánica de la potencia
aéreo-marítima dominante, frente avanzado del imperialismo talasocrático americano en
su penetración hacia el corazón continental de Eurasia: el Heartlan rusosiberiano.
En un contexto tal, TODOS los ejércitos y policías, TODOS los servicios y las
estructuras políticas de las naciones europeas están al servicio de Washington,
estructurados y armados en función de los intereses estratégicos de intervención
rápida del imperialismo americano en todos los ángulos del mundo.
Y como tal deben ser considerados por todo verdadero revolucionario y patriota europeo:
como COLABORACIONISTAS DEL ENEMOGO OCUPANTE; y tratados como tales.
En el fondo, la guerra contra Europa aun está por concluir.
La OTAN, lejos de ser una garantía de defensa, es la materialización del instrumento de
dominio americano sobre Europa, en particular ahora que ya no tiene justificación el
baluarte anticomunista y antisoviético.
La experiencia de las guerras balcánicas y el ataque criminal a Serbia son sólo los
últimos trágicos hechos expuestos a los ojos de todos. Y la vergüenza del Tribunal
Internacional que La Haya consiste en procesar a los vencidos en nombre de los verdaderos
criminales de guerra mundiales, como no otra cosa representó la otra vergüenza
histórica de los tribunales de Nuremberg y Tokio.
Con la teorización de las intervenciones humanitarias, los Estados Unidos se
han autoproclamado policías mundiales contra los criminales internacionales
de turno, elegidos sobre la base de los intereses de la estrategia militar y política del
Pentágono: ayer fueron Hitler, Mussolini, Stalin y el Japón; hoy son Irán, Libia, Corea
o más simplemente Saddam Husein, Milosevic o Bin Laden.
La globalización
Para retornar a las proposiciones de la unidad geopolítica autocentrada, señalamos que
ésta también representa la respuesta al falso problema de la dicotomía entre
GLOBALIZACIÓN y LOCALIZACIÓN.
El mundo moderno siempre ha tendido a abatir toda barrera nacional (internacionalismo,
gobierno único mundial...) cultural (uniformismo de las costumbres, de las modas, de la
música, de la comida, de internet, etc.), económica (globalización de los mercados,
liberalismo absoluto) religiosa (sincretismo, fraternidad universal, modelo monoteísta
único), etc...; y en tal sentido se expresa el proyecto mundialista de una cultura
unipolar, modelada bajo el american way of life.
Por otra parte, la natural resistencia de los hombre sanos y de los pueblos todavía
vitales va en el sentido aparentemente opuesto: el localismo, el retorno a los valores de
la tierra, cuando no de la sangre.
Se recomponen usos y costumbres, tradiciones locales o recetas, se restablecen los modos
vivenciales de relaciones armónicas con la naturaleza propias del precristianismo.
Hasta acabar con las reivindicaciones de autonomía o independencia de las patrias
chicas, con el renacimiento de lenguas perdidas, el estudio de la historia perdida y
de los símbolos y las banderas olvidada.
Un fenómeno en gran parte positivo, pero en muchísimas ocasiones instrumentalizado por
los lobbies mundialistas, unas veces siendo utilizado como simple folklore pasadista y
otras como instrumentos de debilitación interna de la política nacional, cuando ésta no
se pliega completamente a los deseos y valores de los autonombrados patrones del mundo.
El teórico de esta tendencia localista, junto a los varios Iván Illich,
Vandana Shiva o Bové, es el ecologista inglés Edward Goldsmith, autor del ensayo
Glocalismo, donde apunta la tendencia global al localismo en el mundo.
En una reciente entrevista (La Stampa, 15/7/2001), el teorizador de las
comunidades estables, territoriales, tradicionalistas, autorreguladas y con tendencia al
crecimiento cero, afirma:
Se quiere crear un paraíso para las multinacionales, disolviendo las reglas y leyes
que protegen a los pobres y a las comunidades locales. El G8 lo hace sistemáticamente...
Creo en los deberes hacia la familia y hacia la comunidad de pertenencia, el las ideas de
religión y de tradición. Me parece Horrible la sociedad individualista, atomizada,
masificada. No existe libertad que pueda oponerse al consumo de Coca-Cola, a los organismo
genéticamente modificados, al MacDonald´s.
Y sigue:
La globalización es un fenómeno temporal, que no puede durar... La política de
Bus avanza hasta la extinción de la humanidad; pero en tal caso no quedará ni siquiera
la economía... no quedará nada... Debemos preparar a las gentes para el colapso de este
Sistema, porque éste llegará inevitablemente según su propia lógica.
Palabras donde nos identificamos completamente y que lanzamos a quienes nos acusan de
catastrofismo apocalíptico.
Habrá que ver cómo conciliar las ideas de Goldsmith con las de los globalizadores de lo
bajo, los postmarxistas, los internacionalistas y los cristianos de base, es decir, con
las ideologías internacionalistas y mundialistas por excelencia... Y también con las de
Bové o del subcomandante Marcos, llegado como revolucionario desde la selva lacandona de
Chiapas con El Capital bajo el brazo... para convertirse a las visiones del
Popol-Vuh, el texto sagrado de los mayas.
Es noto que, entre los padres nobles del movimiento antiglobal, se insertan también
nombres bastardos, viejos y nuevos, en un totum revolutum de Marx a Keynes, de
Rousseau a Russell, de Morel a Marcuse, de Tolstoi a Trostki, hasta acabar con los más
actuales McLuhan y Jeremy Rifkin, quien ha popularizado el término Ecocidio,
Vandana Shiva Luther Blisset y, obviamente Noam Chomsky y Naomi Klein, la iluminada autora
del libro y de la campaña contra los copyrights, No Logo.
No podemos olvidar a los religiosos y teólogos, desde la Madre Teresa de Calcuta
(inolvidable, por cierto, en todas las salsas) a Hans Küng y Leonardo Boff. Extraño
que... no se hable mucho de Hakim Bey (alias de Peter Lamborn Wilson), teorizador de las
TAZ (Zonas Temporalmente Autónomas), una de las lecturas
preferidas en las franjas duras del anarco-insurreccionismo del movimiento antagonista; un
sufí que propone una lectura anarco-nihilita del materialismo marxista pero también
de... la diosa Kali, bajo el signo de la destrucción total de todo aquello que el
pensamioento tradicional define como el Kali-Yuga la Era de Kali, esposa de
Shiva, destructora pero también restauradora (4).
Y nos queda el hecho que el DIFERENCIALISMO IDENTITARIO, la localización, el
particularismo etnogeográfico no puede contrastar la Globalización impuesta, el proyecto
Mundialista, sólo recluyéndose en lo particular, oponiendo las pequeñas comunidades y
las economías aldeanas al extrapoder económico y político, por no decir militar del
mundialismo y de sus siervos. Sólo proyectando una obra de destrucción total
(absolutamente necesaria, y prioritariamente indispensable) de las estructuras del mundo
moderno, se podrá proyectar y preparar la alternativa a la globalización, y no la
globalización alternativa.
Comunidad, nación, Imperio
Ni, al contrario, podemos quedarnos en la espera de la crisis estructural del Sistema
mundialista, que, ciertamente, ES el destino del Capitalismo Financiero Internacional, el
cual tiende por su propia lógica al colapso, como justamente dice Goldsmith.
Las naciones nacidas de la Revolución Francesa y de la descolonización de la posguerra
son instrumentos políticos inadecuados para afrontar el fenómeno; por cuanto menos lo
son entonces las microcomunidades de cualquier género, si no se insertan en una unidad
orgánica más grande, más compleja y completa, garante de las especificidades locales y
de la defensa común.
Sobre el problema de las relaciones entre nacionalidad,
nacionalismo e imperio, es necesario regresar a la obra de Evola
Rebelión contra el mundo moderno, que también en este campo anticipaba en
decenios las críticas al nacionalismo que, entre el histerismo de las masas y de las
guerras civiles europeas, ya excavaba la fosa del siglo en curso.
Y sobre esa fosa, el Mundialismo ha colocado su lápida.
La solución al problema de superar la Globalización Mundialista, de la defensa de las
particularidades locales frente a la homologación planetaria final del capitalismo, no
puede ser otra sino la Europa Unida del Atlántico al Pacífico, del Polo Norte al
Mediterráneo, de Brest a Vladivostok y de Narvik a Gibraltar; la Europa de las cien
banderas y de las estructuras sistémicas de las comunidades particulares, de la familia a
la ciudad, de la ciudad a la región, de la región a la nación y de la nación al
Imperio, en una Europa unitaria en sus raíces étnicas y espirituales, ocupando un vasto
espacio geopolítico delineado y económicamente autárquico, dotada de los medios de
defensa necesarios para garantizar su soberanía.
Esta es la esencia del IMPERIUM tradicional, descrito por Evola y conocido por todas las
auténticas Civilizaciones.
Porque la unidad del Imperio viene ante todo dada por las élites espirituales, políticas
y militares de los pueblos componentes del mismo Imperio, portadoras de una visión
anagógica, espiritual, geopolítica, metapolítica y metafísica, que compenetra y supera
los intereses de los pueblos comprendidos en los confines imperiales, cada uno dotado de
su propio DOMINIUM, de sus modos y vidas y de su propio espacio geográfico particular
subsidiario.
La solución más realista del drama de nuestro tiempo reside en la sabiduría de los
principios de la Tradición que, en cuanto tal, no es ni antigua ni moderna, porque es
eterna. No sigo a los antiguos, busco lo que ellos buscaron, es el lema del
hombre de la Tradición.
El retorno de la Gran Política
Se habla mucho del retorno de la política, de su reconquista del puesto que le
corresponde sobre la economía.
Pero sólo si se comprende la verdadera naturaleza del Mundialismo, que no es sólo ni
mucho menos sobretodo un fenómeno de naturaleza económica, podrá oponerse una
alternativa válida, política y socioeconómica, al proyecto de dominio de una
restringida, electa oligarquía plutocrática, pero también portadora de una
bien específica contra-tradición religiosa y cultural: una visión del
mundo global y globalmente antagonista a la de los pueblos.
Sobre el tipo de lucha a contraponer nos permitimos aconsejar al lector a otros trabajos
precedentes, en particular al titulado Doctrina de las Tres Liberaciones (5):
Liberación Nacional Liberación Social Liberación Cultural en el cuadro
geopolítico europeo y en una perspectiva de guerra total Mundial-Tricontinental de los
pueblos contra el imperialismo americano.
Pero antes de toda acción en el campo práctico será necesario aclarar inequívocamente
los términos del problema, los actores reales sobre la escena nacional y mundial
diferenciándolos de los ficticios, los hombres y las instituciones, los partidos y
movimientos que están al servicio del proyecto mundialista.
Y para este análisis las viejas y abusivas terminologías ya no tienen sentido, no sirven
para el fin que un día sirvieron: derecha, izquierda
fascismo/antifascismo, comunismo/anticomunismo, democracia/totalitarismo,
nacionalsimo/internacionalismo, son todas palabras que pertenecen a una época y a una
política del siglo pasado.
El que ahora se utilicen con fines polémicos y/o apologéticos, sólo tienen la finalidad
de desviar la atención de la realidad actual, de las perspectivas de agregación y de la
lucha del mañana.
El cuadro del conflicto y sus protagonistas
Evola ha mostrado cómo, al contrario, también los términos exactos pertenecen a la
Tradición Una, en cuanto desvinculados de las contingencias de lo temporal y lo pasajero,
de lo provisorio y lo inesencial, que pueden transmutarse de época en época en
palabras de orden para la lucha, en Mitos de referencia
capacitantes en las perspectivas reales de lucha, para aquellos que quieran ser
protagonistas de su propio tiempo, también en la época de la disolución y del fin de
ciclo, cuya duración, por otra parte, no podemos determinar.
Estemos siempre atentos frente a aquellos que niegan la existencia de los mitos
capacitantes, como anuncian los hombres incapaces de actualizar una Realidad
precisamente por su propia naturaleza atemporal y metapolítica, aquellos cuyo limitado
horizonte mental les resguarda en un estéril nostalgismo y en la impotencia política,
cuando en la defensa de las instituciones del pasado. Estas limaduras de hierro preceden a
la calamidad cuando no saben ejercitar su fuerza natural atractiva.
Y aquí hay que incluir a todos los que exaltan un pasado lejano del cual son indignos
representantes, pues lo niegan en los hechos llevando agua y energías al molino de un
enemigo secular, el mismo de ayer, de hoy del próximo mañana.
No son útiles los partidarios de una contestación humanista, reformista
cristiano-laico-progresista, en cuyos últimos principios ya se manifiestan claramente los
gérmenes y las patologías del mal que se quiere combatir.
No son útiles los partidarios de la lucha simplemente destructiva de los
casseurs, de los anarquistas y nihilistas de toda especie, cuyo verdadero
límite no está en la modalidad de acción (¿Qué son y qué cuentan, respondemos a los
que se escandalizan, cuatro cristales rotos de oficinas de banca o de dos MacDonalds en el
conjunto de los crímenes de la banca y las entidades financieras?), sino en la falta de
perspectivas revolucionarias y en la fisiológica negación de una alternativa posible.
También si, en este casi, las convergencias tácticas son posibles y auspiciadles, pero
sin retar la propia identidad política y Cultural en sentido lato.
Si las derechas del Sistema forman parte del frente enemigo del Mundialismo en el poder,
los antiglobalizadores, en sus variantes de todos los colores del arcoiris, representan
una contestación INTERNA al Sistema globalista, lo cual no es propiamente una
contestación.
En el esquema ideal de los dos frentes muchas trincheras mientras la derecha
reaccionaria se coloca claramente en el frente opuesto, los jóvenes contestatarios lo
hacen en nuestras trincheras vecinas, pero carecen de un cuadro claro y general de las
fuerzas en lucha y de las estrategias a emplear. Esto lo saben muy bien los estrategas del
enemigo mundialista y lo usan para desviar las energías revolucionarias positivas hacia
falsos objetivos.
Para los que son conscientes de todo esto se trata ahora de asumir una posición lo más
firme y RADICAL contra todas las expresiones políticas, sociales, científicas,
espirituales... del moderno mundo globalizado. Un tradicionalista revolucionario, lo
repetiremos hasta la nausea, no tiene nada que salvar del mundo moderno, sino todo que
destruir, comenzando por los residuos y las ruinas de un pasado que no pertenece al mundo
de la Tradición sino a una fase precendente y ya superada de la decadencia.
Fuertes en una recta Doctrina y en un análisis racional histórico y geopolítico,
conscientes de saberse en batalla por la justa causa de los pueblos, en una visión global
del mundo y de la historia ofrecida en las enseñanzas tradicionales de los maestros como
Evola, Guénon, Béla Hamvas (el autor de Scientia Sacra), y tantos
otros, los jóvenes revolucionarios antimundialistas del mañana deben colocarse a la
vanguardia y no en la cola de la guerra contra la globalización, en todas sus formas de
manifestación, que obviamente no son sólo económicas y políticas, sino también
existenciales, espirituales y naturales.
Hemos de dar respuestas y propuestas a todas las protestas, en todos los campos: en la
salud ambiental, en el mundo laboral, en la inmigración y en el débito mundial, en la
alimentación y en el comercio, en la genética y en la ecología, en la informática y en
la etología, en el animalismo y en mil campos más... en todos en su conjunto y en la
visión del mundo en general. Sin seguir histéricamente al último capitoste que aparezca
en escena, porque los líderes deben ser pasar los firmes y férreos procesos de
selección antes de ser reconocidos como portadores de la potestas.
De cualquier forma que se lo quiera llamar, debe nacer una COORDINADORA ANTAGONISTA
REVOLUCIONARIA entre todos aquellos que coincidan en una visión tradicional, anagógica
de la vida y del mundo, y que tengan la voluntad de aplicarla en la lucha cotidiana; una
cotidianidad que sea vivida bajo el sello de lo Absoluto, no el empeño de un día o de un
año, sino la determinación de toda una vida.
Quien sepa portar en sí mismo tal determinación puede estar seguro de verse acompañado
de un número siempre creciente de jóvenes y menos jóvenes, que verán en él un signo,
un impulso, una bandera por la cual lanzarse a la batalla.
Evola como maestro de lucha y victoria
Evola no fue el ideólogo de la retirada estratégica, del olvido, de la reclusión
monástica, del gesto desesperado, valeroso, pero sin fin en sí mismo, no fue ningún
anarquista místico. Toda su vida y su obra, antes y después de las Guerra Mundiales, son
un testimonio de empeño, sin exaltaciones improvisadas.
Evola fue un verdadero revolucionario, también mientras estuvo inmóvil, incapacitado en
su silla de ruedas, y lo demuestra el hecho que supo mirar a lo lejos y prever la realidad
en la cual estamos hoy inmersos. Prever y prevenir, ofreciéndonos los instrumentos
teóricos para combatir el mundo y el mundialismo modernos.
El Sistema mundial es mucho más frágil de lo que pretende hacernos creer. Su caída no
será prolongada en el tiempo, no será una larga decadencia, sino un derrumbarse
inmediato, más veloz que ese gigante con pies de barro que fue la extinta URSS al
finalizar el pasado milenio.
Se trata ahora de acelerar en lo posible las contradicciones internas del Sistema,
contradicciones que siempre se presentan en todo fenómeno de mutación histórica.
Exponer las contradicciones, aportar las contraposiciones, trasladar las contraposiciones
EN el Sistema a oposiciones AL sistema. Mostrar a los pueblos toda la fragilidad
estructural de este mundo globalizado y asqueroso.
Primer imperativo: cambiar el signo de la movilización; del - de una
globalización al negativo, a lo bajo, al +, positivo, de una lucha sin tregua
al Mundialismo, empezando POR la Liberación Nacional, Social, Cultural, europea y
mundial.
Y no antes de haber hecho limpieza general en la plaza de todo presente y pasado.
Este es el verdadero nihilismo activo.
Siempre Evola, en las conclusiones de Rebelión contra el mundo moderno
afirmaba:
Se trataría de asumir, con una especial orientación interior, los procesos más
destructivos de la era moderna para usarlos a los fines de una liberación, como en una
acción de retorcer el veneno en contra de sí mismo o en un cabalgar el
tigre.
¿Y qué puede ser más radical y toral en la lucha contra el mundialismo moderno que
tener un firme punto de referencia, bien diferente de las contingencias históricas del
momento?
Aquel que no se resguarda entre los confines del espacio y del tiempo, sino que se percibe
como un anillo de la cadena ininterrumpida de la una concepción circular de la Historia,
ése sabrá siempre ser la VANGUARDIA de las nuevas generaciones que, justo en el momento
de las mayores tinieblas de la homologación y de la aniquilación, sientan ahora la
llamada de la Rebelión..., la necesidad ética del empeño en la defensa de
los oprimidos, la necesidad física de vivir para luchar y luchar para vivir.
Ezra Pound definió al comunismo como una ética y al fascismo como una estética, y al
capitalismo como una práctica.
Ahora sen trata de fundir ética y estética en la lucha contra el capitalismo, redefinido
como una práctica suicida para todos, también para aquellos que lo
defienden, sea consciente o inconscientemente.
Como bien dijo uno de los verdaderos revolucionarios del siglo XX, Ernesto Che
Guevara:
Necesitamos sentir como si fuese en el propio rostro el bofetón dado a todos los
hombres, y obrar en consecuencia.
Para el resto, quieran o no quieran, la generalidad de los problemas y los peligros ahora
globales, hará inútil que se refugien en su mísero egoísmo, en su vivir
pequeñoburgués ideológico y social, porque el suicidio colectivo a todos incumbe, y las
grandes revoluciones a todos dividen en dos categorías: los revolucionarios y los
contrarrevolucionarios.
Hombres como Julius Evola, como Friedrich Nietzsche y tantos otros que nos han dado los
instrumentos de estudio, de análisis del mundo actual, pueden ser transformados en armas
válidas de lucha y victoria.
¿Quién sabrá asumir su legado con verdadera IMPERSONALIDAD ACTIVA, con ánimo noble y
voluntad adamantina, en comunión con otros tantos hombres y pueblos del planeta que en
todos los rincones alzan la cabeza, elevan la vos y levantan el puño al cielo?
La posibilidad, también la necesidad, de un nuevo calarse en Lo Político, en el empeño
militante total, en la guerra contra el mundialismo moderno, traspasa los límites
geográficos y mentales, asumiendo el dicho que allí donde se combate por la idea,
allí está la Patria, con firmeza y coraje, en el convencimiento de vencer al
burgués que se anida en cada uno y que es preciso exorcizar rechazando todas las poses
retóricas, los heroísmos de opereta, los escenarios de juego de rol.
Propiciar escribía Evola- experiencias de una vida superior, una superior
libertad... Es la prueba.
Y que ella sea completa, resolutiva, es lo propio de una vocación heroica, capaz de
afrontar la ola más alta sabiendo que dos destinos posibles están a igual distancia: el
de los que terminarán con la misma disolución del mundo moderno, y el de quienes verán
el surgir de la nueva corriente.
Y ahora, dejemos las palabras y vayamos a los hechos.
Notas
(1) Carlo Terracciano escribe aquí, en el original, Destra con mayúscula,
evidentemente refiriéndose a la antigua área misina italiana, y en
particular al grupo de Gianfranco Fini, la Alleanza Nazionale, a la que acusa
de entreguismo al Sistema. En ocasión semejante, Terracciano ha escrito: Y este es
el juicio definitivo y sin apelación para los postfascistas del
neofascismo, aquellos que apelan al área precisamente en cuanto
que lanzan palabras al aire (N. del T.)
(2) El término Amerika, con k, es nuevo y corriente en Italia
como calificación despectiva de los EEUU (N. del T.)
(3) Profético, si se considera que este artículo tiene una fecha de redacción de pocos
meses antes de los sucesos del 11 de septiembre.
(4) Carlo Terracciano nos relata que estos datos han sido extraídos del forum telemático
de Luigi Leonini, donde se dio nota de las críticas del izquierdista Blisset
a Hakim Bey, considerado casi un nazifascista.
(5) En el original italiano, en la dirección electrónica:
http://utenti.tripod.it/ArchivEurasia/terracciano_rr.html.